Waterloo, los Estudios Disney y Saimpata

 

Todo empezó en Arkam Comics (toda una institución, en el Gótico, en Barcelona). Primero, conseguía por fin El botones de verde caqui, de Schwartzman y Yann (Spirou, siempre Spirou), a la vez que me enteraba de la existencia de otro álbum gráfico donde se revisitaba la legendaria gesta de los Tres Mosqueteros Belgas (Franquin, Jijé y Morris) en el Nuevo Continente. Son demasiados años condensados en un solo instante: décadas. Demasiadas páginas (sumo a Yves Chaland, y por supuesto a Hergé). Sumo demasiados años de felicidad.

 

 

Páginas sobre tres héroes de la historieta tocando las puertas del mismísimo Walt Disney (1948), atravesando de punta a punta el país de la Estatua de la Libertad (de hecho, desembarcan en Nueva York y avanzan hacia Los Ángeles) y sus inmediatamente posteriores derroteros por México. Todo estaba por suceder. Absolutamente todo. El título de la pieza: Gringos locos (en castellano en el original). De repente resulta que tengo demasiadas edades juntas. Que viajo en el tiempo, que puedo habitar, sin moverme de mi estudio, épocas distantes. Mundos distantes. Envejezco, rejuvenezco. Me contagio: así como existe el “modo avión”, existe el “modo belga Spirou, el modo belga Lucky Luke, etc.). Faltan muchos años, pero reencarno en Zorglub.

 

 

(Justo arriba, los Tres Mosqueteros Belgas en una versión tempranísima).
Como si fuera poco (también con delay de mi parte) me hago de un ejemplar de (seguramente lo mejor) que escribió Bob Chow, ahora en el vientre de la bestia: Todos contra todos y cada uno contra sí mismo. Lo leí, ahora lo releo. Créanle a Jung: la sincronía existe.

 

 

Continuará.

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