Max Cachimba: Breve Antología Polimorfa

 

Sistema Fisherton. Max Cachimba es un gran invento. De hecho, logró mucha atención –valga la paradoja- antes de convertirse en Max Cachimba (en los años ’80, ganó el premio para jóvenes historietistas de la revista Fierro, con tan solo 15 años, cuando todavía firmaba con sus iniciales, que luego, involuntariamente o no, fueron plagiadas por un archivo de imagen digital). Además de sus recursos gráficos –por momentos tenía algo del primerísimo Gambartes pero absolutamente fuera de control-, llamaba la atención entonces cómo lograba transformar cualquier disimulo en un notable espectáculo. El detalle convirtiéndose en una épica del descoloque. No deberíamos olvidar que, como su admirado Grela, Cachimba –antes y después de ser Cachimba- fue siempre un hombre de artes y oficios, de minucias de la pluma y el pincel, y así también de humores varios. El plural se debe, ante todo, a que su gracia resulta invariablemente corporal, física por perversamente anatómica: descalabrante, el humor en cuestión se inicia en el cuerpo para llegar a las palabras. Cuando llega, porque muchas veces ni hace falta. Por eso jamás faltaron entre sus arquetipos contorsionistas, voyeurs, funambulistas o acróbatas. Si el espectador lo desea, puede entenderlos a modo de metáforas. También a Fisherton, su lugar en el mundo. Uno y otro se complementan a la perfección.

 

 

De tradiciones y cortesías. Dando a proponerle una tradición a nuestro artista, opto por esta Santa Trinidad: Oski, Landrú y Copi. ¿Por qué? Porque son únicos, solitarios, polimorfos, y convirtieron, cada cual a su modo, al humor en una ciencia. También porque nunca dejaron de transitar, y valga el oxímoron, la salvaje cortesía. Cachimba también, sin proponérselo ni mover un dedo, es hace rato cabeza de una tradición (no olvidemos que Liniers repitió en varias ocasiones: “Él es mi Hemingway”). ¿Qué otra característica une a Cachimba con los tres artistas citados al comienzo de este párrafo? Ese constante dejar en manifiesto la elegancia de la vulgaridad y la vulgaridad de la elegancia. Repito; la inocencia de cierta obscenidad (no nos olvidemos el hit La japonesita, de Jacinto W. y sus Tururú Serenaders, disponible en Youtube). También como ellos, fue inventando un autor más allá del seudónimo. Como en los tres citados, lo Cortés no quita lo valiente. Como decía César Bruto (otro que podríamos sumar a la lista): para Cortés tenemos a Hernán, aquel de los modales neronianos.

Larga vida a Max Cachimba.

Max Cachimba. Breve Antología Polimorfa.
Inauguración: jueves 16 de marzo, 19 y 30 hs.

Parque de España.
Sarmiento y Río Paraná
Rosario

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