Frank Vega. Bestias cotidianas


Chien, acaso el protagonista de La fe de nuestros padres, de Philip K. Dick, tiene como misión -en las oscilaciones de un escenario distópico dominado por un régimen de corte maoísta-, observar de frente al Gran Benefactor, a quien se sospecha de agente no-humano. Según los revolucionarios, nadie logra ver en realidad su forma-alien, reconducida por un efecto alucinógeno. La tarea y desafío de Chien es sobrepasar esa distorsión retinal y enfrentar su verdadera naturaleza monstruosa.


Las visiones del maestro Frank Vega recuerdan y mucho a “esta forma real”, a la bestial estirpe del Gran Benefactor sin el maquillaje corrector de la experiencia inmediata. Mortadelas salvajes, con su estilo particularísimo de sagas lúmpenes y héroes terroríficos, enseguida nos conecta a las diversas especies del Bar Kedorzhan, aquella cantina en Taris, en el episodio cuatro de Star Wars. Salvo que Taris tiene más de las inmediaciones de Plaza Constitución en Buenos Aires que de planeta lejano.


Las imágenes de Frank Vega tienen mucho de las del reconvertido Chien en el porteño Bar Kedorzhan: un habitante de la caverna platónica embebido de un contra-alucinógeno que finalmente puede observar lo inmediato sin filtros correctores.


Top five en las publicaciones del 2015.

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