Monthly Archive for October, 2016

Héctor Libertella: Papeles desplegados

 

Hace unos días, el 7, se cumplieron diez años de la muerte de Héctor Libertella. El sábado a la noche, el legendario bar Varela Varelita, donde el autor pasó sus últimos años, volvió a sentir la presencia del escritor. Es que para muchos decir Varela Varelita fue siempre una forma de invocar también a Libertella, como atestigua la fotografía que preside esa columna central de la sala.

César Aira, Daniel Guebel, María Moreno, Luis Gusmán, Eduardo Stupía, Tamara Kamenszain, Osvaldo Baigorria, ellos fueron sólo algunos de los escritores que con discreción y entremezclados con los lectores más jóvenes, fueron recalando entre las mesas y la barra del Varela para compartir esa fe absoluta en la escritura que Libertella -que reescribía permanentemente- legó como nadie entre los suyos.

Para Laura Estrín, una de las organizadoras de la mesa, que también contó con la presencia del escritor Ricardo Straface y del artista Eduardo Stupía, Libertella era el portador de una épica y una éticade la escritura que hoy por fuera de círculos como el libertelliano parece extinguida. Para Ricardo Straface, su gran amigo, hubo un antes y un después de su muerte. Es que octubre de 2006, la muerte de Libertella por un cáncer de pulmón, coincide con la fecha en la que el Gobierno de la Ciudad puso en vigencia la ley antitabaco que dictaminó la prohibición de fumar en los bares. Para Straface la muerte de Libertella y esa ley cambiaron para siempre el paisaje del bar. Como otra inesperada broma póstuma librada por el propio escritor, a las pocas semanas de su muerte salió su libro La arquitectura del fantasma: una autobiografía. Como si, al momento de sacar su autobiografía, el escritor quisiera atender a una de esas posibles críticas: ¿cuándo termina de escribirse la autobiografía de un escritor?

 

 

¿Diez años ya pasaron? En estos días la pregunta fue recorriendo las bocas de todos sus allegados de entonces. ¿Diez años? La sorpresa del tiempo transcurrido quizá no se deba tanto a la velocidad que ha adquirido el mundo en el siglo XXI sino, como confiesa Straface, al hecho de que Libertella -sus textos, sus conversaciones- todavía permanece con ellos. No son pocos los escritores contemporáneos para quienes Libertella fue un escritor decisivo. Para César Aira, devotos de un oficio propio de una estirpe antigua y anacrónica, Libertella fue algo así como el último espejo de escritor que tuvieron para mirarse.
La ocasión de recordarlo también sirvió para formalizar lo que desde hace algunos años se viene esperando: la edición, en unos meses, de su obra completa. La sacará la editorial Letranómada en cuatro tomos. Es una obra completa que se reescribe con el tiempo hasta volverse más inagotable e incesante.

Mauro y Malena, los hijos del escritor, compartieron con los parroquianos del bar Varela la noticia de El árbol de las transformaciones, el mapa sinóptico que ordena todos los libros y papeles con los que Rafael Cippolini, el albacea de su obra, ha estado trabajando en todos estos años.

Tamara Kamenszain -la madre de los hijos de Libertella- comentó hace algunos años aquella escena de esa obra que se viene preparando, cuando una noche Cippolini recaló en su casa y entonces ella junto con sus hijos recibieron el plan y el relato de aquella obra establecida. Fue a esa hora tarde que viene después de la cena: “Cippolini vino casi sin avisar y desplegó los papeles”. Era una suerte de plan general para publicar la obra completa, sus libros más conocidos y también sus papeles inéditos, sus ensayos y conferencias. En la raíz del árbol aparecen Tarde para llorar y Agentes de la Venganza, dos novelas inéditas escritas en la juventud del escritor. Entre las ramificaciones aparecen libros como La Librería Argentina, Nueva Escritura en América Latina y El árbol de Saussure.

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Publicado hoy en Clarín. Héctor Libertella: nostalgia y obras completas a 10 años de su muerte, por Juan José Mendoza

En la segunda foto, junto a Mauro Libertella.

De centauros y cápsulas de tiempo

 

En un futuro cercano una supercomputadora podría dirigir la Biblioteca Nacional. Una página sobre los últimos avances de la inteligencia artificial enumera las conquistas recientes de los robots: ya son capaces de manejar fondos de inversión y nadar en la sangre en busca de enfermedades intravenosas. La Biblioteca Nacional todavía les queda lejos. Hasta entonces, aunque sea hasta dentro de muy pronto, hay que conformarse con cerebros humanos para la tarea de organizar el archivo de la cultura. Se admiten a lo sumo Centauros: equipos ensamblados de seres humanos y tecnología como los que compiten en los torneos de ajedrez.

 

Centro. Formas e historia del Centro Cultural Recoleta es una muestra hija de uno de estos Centauros: el que forman el curador y ensayista Rafael Cippolini y un conjunto de máquinas capaces de recabar información, un pequeño ejército de asistentes y algoritmos de búsqueda. La estructura de datos con la que deben operar es cuantiosa: casi cuarenta años de historia del centro cultural más activo, juvenil y accesible de la Argentina. El resultado es una exhibición parecida al inconciente, un océano desestructurado de información, ocho decenas de obras, una cronología cultural que cubre las últimas cuatro décadas y una muestra paralela que revisa la injerencia del Recoleta en la escena de la historieta argentina. (Otra subhistoria es la que recupera la trama del LIPM, el Laboratorio de Investigación Musical devenido del antiguo CLAEM del Instituto Di Tella.)

Para seguir leyendo la nota (La Cápsula de tiempo) de Claudio Iglesias en el suplemento Radar de Página 12, click acá.

Huronosis vacterial

El Hurón Bicéfalo no se paraliza. Sus huellas haciendo click acá.