Monthly Archive for August, 2016

Viaje al Centro

 

Esta semana el Centro Cultural Recoleta se reinauguró: abrió de nuevo sus puertas con una onda cambiada: como si se tratara de otros lugar. Así se presenta la nueva gestión, liderada por la directora que asumió en diciembre, la joven Jimena Soria (tiene 34 años), que antes fue la coordinadora general de la Bienal de Arte Joven.

Ahora en el Recoleta los pasillos están teñidos de una luz azul -a algunos les recuerda los 80 franceses y el Centro Pompidou- y las entradas a las distintas exposiciones que se ofrecen tienen dispuestos paneles que las hacen más interesantes, indirectas.

Pero sin dudas la estrella de la reapertura es la muestra dedicada a la historia del espacio: Centro. Formas e historia del Centro Cultural Recoleta. Curada por Rafael Cippolini tomando tres salas –la Cronopios y las que están a sus costados, la J y la C-, la muestra expone obras de los artistas que más asiduamente pasaron por el centro, la historia de todos los directores que el Recoleta tuvo, la historia del LIPM (Laboratorio de Investigación y Producción Musical), la de los 20 años del Espacio Historieta; y hasta el recuento de los fantasmas que merodean por el lugar desde tiempos inmemoriales.

 

 

Esta es la primera gran muestra que cuenta la historia de la institución. Y no es poco: porque los centros culturales no son como los museos sino que tienden a hacer foco en el presente, en lo actual, sin importarles tanto el pasado (y por eso su inclinación a promover lo último y a no revisitar ni siquiera su propia historia).

(La nota de Mercedes Pérez Bergliaffa publicada hoy en Clarín sigue haciendo click acá).

 

 

La exposición se presenta así como un caleidoscopio que arroja una imagen diferente cada vez, una memoria emotiva que se despierta en base a los recuerdos de cada visitante y la huella que esa obra haya dejado: desde el afiche de la exposición de 1998 de Ricardo Carpani, hasta la invitación a la muestra “Nave” de Schussheim, o la fotografía del carrito cartonero de Liliana Maresca.

“La idea fue dar cuenta de la diversidad que siempre caracterizó al Recoleta, un lugar donde nunca hubo un canon, sino una mezcla de cosas increíbles. Un sitio que albergó el under de los 80 y que, con la aparición de la sala Cronopios, en los 90, se convirtió no en un espacio consagratorio pero sí de mucho prestigio. Y que luego empezó a incorporar otro tipo de muestras”, resume Cippolini en diálogo con Télam durante una recorrida exclusiva por las salas.

“Un ensayo –resume Cippolini- para tratar de entender qué es el ‘efecto Recoleta’, si es que algo así existe”.

(La nota completa, de Mercedes Ezquiaga, puede leerse haciendo click acá).

Se viene el beat!

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