Monthly Archive for September, 2015

Mais Amazonia

La escritura habitualmente es un modo de control. Controlar las palabras, los sentidos, los ritmos, equilibrar sus formas, la memoria, las opiniones. Una forma de control de uno mismo, de conocer y dejar testimonio de ese control. De controlar los pensamientos, la memoria.
Y también puede ser –lo cual constituye otra aventura- una maravillosa máquina de descontrol, de ir más allá, de reinventarse. Reinventarse, descontrolarse a partir de formas estudiadas, fabricadas como si fueran un guión que luego se interpreta en la vida social.

Fernando Pessoa se reinventaba una y otra vez, se transformaba en otro desde sus distintas reescrituras. Se suele decir que Marianne Moore también lo hacía: que sus diálogos orales, en la vida cotidiana, parecían libretos de teatro. Más cerca de nosotros, Mario Levrero practicaba la caligrafía para invertir los efectos de la grafología: si esta última se define en el análisis de la personalidad a partir de la escritura manuscrita, Levrero –y su libro El discurso vacío da cuenta de lo que digo- practicaba modificar su personalidad transformando su letra.

Pero también existen otros descontroles por la escritura, ya no un descontrol pautado, sino un descontrol desbocado, frenético. Mariani, siguiendo el consejo de Norman Mailer, escribía en todos los estados (ebrio, adormecido, exaltado, drogado –sus Siete poemas grassificantes, publicados en Brasil-). Esa fue su adscripción a la escuela beatnik: no escribir sobre su vida sino escribir desentendiéndose, tanto como podía, de las convenciones literarias. Se trata de una muy antigua escuela. Están aquellos para los que la literatura está primero, que estudian sus formas, sus modales, sus recursos.

Y aquellos otros, como el ikebánico porteño, para los que la literatura es una fatalidad, es un resto, es lo que queda de una escritura. Aunque uno se repita todo el tiempo, aunque plagie inconscientemente, aunque esa libertad tenga algo o mucho de farsa, se trata de otra apuesta. Macedonio también pertenece a esta última escuela. Confesó que lo suyo era pensar con la lapicera en la mano, que escribía para pensar, lo cual redundaba en acostumbrarse a pensar escribiendo.

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Hurón Bicéfalo, notas

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Pronta Amazonia

No creo en las culturas como esencias, sino como materiales de uso. Si la cultura nos hace, también es lo que podemos hacer con ella. Amazonia & Co. es un uso que hace alguien que vive en Buenos Aires de algunos elementos de la cultura de Brasil. No me acuerdo cuándo ni dónde leí que los viajeros en realidad imaginan los lugares en los que afirman haber estado. Si el viaje es una sub-especie de la neurosis, entonces mi Brasil también es una consecuencia de mi visión alucinada. Conocí la cultura brasilera por sus creadores, por mis héroes. Héroes bajos, héroes que soñé siempre parecidos a mí. Héroes que inconscientemente o no fueron mis modelos de conducta. Brasil como experiencia, arte, literatura, música. Encontré a Brasil en muchos de mis héroes porteños. Así como tengo la estéticas brasileras. Buenos Aires y Brasil como Yin y Yang, y viceversa.

La web es ante todo una droga y también su efecto, la adicción. Por eso creo que Amazonia Co. es lo más parecido a una desintoxicación, o el capítulo inmediatamente posterior a ese tratamiento. Es un libro de alguien que vivió con grandes dosis de digitalidad –un síntoma dominante en la cultura actual, en las rutinas y hábitos-. ¿Podemos pensar sin la web, después de la web? Mi ficción de comienzo fue esa distopía: escribir un libro como si la web de repente hubiera dejado de existir, como si una catástrofe nos privara de su presencia.
La web persiste sin conexión, en la cabeza que actúa a veces imitándola, otras veces resistiéndose a sus síntomas.

 

Amazonia & Co. faz parte dessa errância pós-cibernética. Uma escritura em hipertexto, que se perde – sem medo de se equivocar – em terras alheias e tropicais. Rafael Cippolini, em sua escritura viral, parece querer abduzir a cultura brasileira e transvesti-la em corpos de roqueiros sessentistas, pintores que frequentam rituais vodus, poetas cubanos de mau gosto (ou propositalmente ruins), obras esquecidas, escritores patafísicos, avatares de jogos de realidade virtual. Sem nenhum respeito, mas com um critério: linkear os cabos perdidos e mostrar como sempre houve uma sinapse intensa na relação entre Brasil e Argentina, deixando clara a estreita conexão do Brasil a fatos de maior importância na história de seu país vizinho.”

 

 

“Ao falar de tudo e de todos, Cippolini fala essencialmente dele mesmo. De sua paixão pelo rock nacional argentino, pela escritura em todas suas formas, pela ficção científica; de sua amizade com escritores e artistas argentinos e latino-americanos (Lorenzo García Vega, Héctor Libertella, Jorge Di Paola, Alfredo Prior, Raul Antelo); de sua admiração por outros (Haroldo de Campos, Mariani, Nestor Perlongher); de sua convicção da arte como meio de romper com os parâmetros estéticos do bom gosto, do politicamente – e culturalmente – correto; da sua natureza lúdica que brinca com palavras, conceitos e regras; de suas neuroses – saudáveis – que o faz constantemente retomar certos temas, talvez para tentar sanar e exorcizar seus próprios fantasmas.” Del Prólogo de Juliana Gontijo.