Monthly Archive for November, 2014

Maxine Tarnow y el Bleeding Edge


El regreso de Big Tommy con un maravilloso ensayo. ¿Qué otra cosa puede ser Bleeding Edge, traducido como Al límite? Volviendo sobre lo que escribí antes ¿por qué no leerlo como un minuciosísimo ensayo arropado de novela? Es la paradoja de lectura: Al límite es una gran novela que perfectamente puede leerse, y más que nunca, como un gran ensayo. Thomas Pynchon sigue afilando sus tesis en la más destilada narrativa.


Una hipótesis en la ficción no necesariamente busca confirmación por fuera de la ficción. Puede que simplemente esté señalando el estado ficcional de ciertos relatos que no son literatura. Puede que lo que haya que corroborar no pueda ajustarse a estos otros hechos, los novelados. Si discute, no es para vencer, no es para que nadie le adjudique ninguna razón. En este sentido, la novela goza de superioridad: los argumentos y las hipótesis pertenecen a otro plano. ¿Cuál? ¿Cuál es hoy ese plano? ¿Seguimos invocando la magia de la autonomía del arte?


Contraluz, Vicio Propio, Al límite. Pynchon se transforma de un libro a otro. Los materiales les proporcionan texturas diferentes. Cada una de estas novelas nos enseñan a escribir diferentes tipos de ensayos. De crónicas. De autobiografías.


Fue la noticia, no hace mucho. Paul Thomas Anderson dirigirá la primera versión cinematográfica de una novela del escritor nacido en Nueva York. La elegida es Inherent Vice. ¿Qué quedará de ella?


Quiero definir a Pynchon como un método de investigación. Veré si sirve para algo definirlo así.

Ensayo, luego ficcionalizo ¿o al revés?


En el libro Impresiones, sobre el que escribí más abajo, Ezequiel Alemián se pregunta, como al pasar: “¿Y si lo más interesante de la literatura actual está pasando por el ensayo?”. Considerándome ensayista, retomo el interrogante y vuelvo a interrogar(me) ¿pero qué se supone que es un ensayo hoy? ¿Cuáles son sus límites? ¿Cómo se redefine el ensayo con respecto a las formas narrativas ficcionales?
Me hago cargo, es un intríngulis que transito hace rato. Por cierto, di dos cursos para bucear en las zonas en cuestión (dos versiones bastante diferentes de El ensayo como ficción / La ficción como ensayo), en el desaparecido Centro Cultural Moca en el 2009 y en el Malba dos años después.
No dejo de escuchar a quienes dicen que una buena parte de la mejor narrativa actual proviene del ensayo. ¿De qué modo? ¿Qué estamos realmente haciendo con el Chip Montaigne?


Digamos: creo que el ensayo tiene su némesis, que es el paper. Y también su sitio de expansión, que es la narrativa. Narración, sí. De alguna manera, y para muchos, la Tierra Prometida del ensayo. Para mí lo es. Ahora bien ¿no estamos hablando, antes que nada, de costumbres de lectura? Estoy muy interesado en un libro de Hito Steyerl, Los condenados a la pantalla, editado por Caja Negra en su nueva colección, Futuros Próximos. El ensayo de la alemana de rasgos orientales presenta una escritura que podríamos llamar, aunque sea provisoriamente, performática. Cada una de sus hipótesis es un show certero, una puesta en escena. Es el tipo de propuesta que irritaría, desde la primera línea, a los festejantes del Affaire Sokal. Entonces nos volvemos a preguntar ¿qué es hoy un lector de ensayos?


Tenemos tradiciones insuperables en nuestra literatura ensayística. ¿Qué son los textos de Papeles de Recienvenido? ¿Cuánta distancia de imaginarios existe entre los ensayos y los cuentos de Borges? ¿Un libro como No toda es vigilia la de los ojos abiertos es un libro de literatura? ¿Y El Árbol de Saussure, de Héctor Libertella?


Las guerras del alcoba entre el ensayo y la narrativa están lejos de acabarse. Seguramente al revés: creo que recién están comenzando. El hijo o la hija de ambas ¿cuánto tendrá de ficción, cuánto de hipótesis? ¿Más ficción teórica? ¿Qué sería ficción teórica hoy?

Referencias sintéticas


Las voces de Ezequiel Alemián suelen ser bastante parecidas entre sí, pero eso no nos impide distinguirlas. En Impresiones, su último libro, explora una de las voces que más me inquietan. ¿Por qué? Porque recién puedo leer muchos ejemplos juntos de una de las facetas más experimentales de Alemián: la del periodista cultural.


Es cierto que todo en Alemián tiene algo de experimento, ese “no creo estar entendiendo del todo lo que está haciendo” que resulta tan encantador. Por ejemplo ¿por qué las pinturas de Juan Tessi? Me gusta lo que hace Juan Tessi, pero ¿para qué en este libro? No importa. me parece fantástico. Incluso si todavía no me enteré que es parte de la propuesta editorial de la colección. Gestos que en un Mario Bellatín resuenan estilísticamente provocativos, en Alemián los festejo con total naturalidad.


Sigo siendo clásico en esto: estoy convencido que en los detalles se subraya el talento. El detalle luminoso y a la vez vulgar, el que cae porque sí. Refiriéndose a Manuel Puig, Alemián señala: “Puig nunca gastaba en libros. Los retiraba de las bibliotecas públicas. En su correspondencia (Querida familia) abundan las referencias sintéticas a las cosas que leía y a los espectáculos y películas que iba a ver. Para Puig, aburrir al lector era la peor que un escritor podía hacer”.
Unas cuantas páginas antes, Alemián confesaba: “Hay una cuestión, una especie de fantasma, que hace un tiempo me mortifica, cómo obligándome a resolverla: es la cuestión del aburrimiento como ‘categoría estética’”.
Más allá de lo que haya dicho Picasso, lo que realmente vale no es sólo encontrar, sino más bien, encontrar con estilo.
Nuevamente mis felicitaciones, Don Ezequiel.

Think Tank Nerdcore


Lou Reed decía: “recién me entero sobre qué trata una de mis canciones cuando la canto en público.” Creo entenderlo perfectamente. Suelo saber de qué van algunos de mis textos y curadurías bastante tiempo después de escribirlos y presentarlas. Me vuelve ahora en una exposición como Doma+Mumi+Ueno, de la primavera de 2002, y descubro que la hice para mi hija, que entonces no había nacido y que la conoce sólo por algunas fotos. Me di cuenta ayer, merendando con ella y viendo, una vez más, capítulos de Hora de Aventura (The Adventure Time, en su versión original).


Leí por primera vez el nombre de Pendleton Ward y pensé –malpensé- que bien podía ser el hijo o al menos un pariente del actor Bruce Ward, aquel que interpretaba a Robin en el mejor Batman que vimos por televisión. Ward es un apellido de origen gaélico, y no poco usual, pero en fin: los conecté de algún modo. Pendleton es un héroe: creó una serie animada maravillosa, cuyas cuatro temporadas vemos con mi hija de forma desordenada. Puesto a hacer arqueología con mi memoria, caigo en que, si no hubiera hecho aquella curaduría, si no hubiera insistido con “un ensayo de convivencia” entre Doma, Mumi y Guillermo Ueno, no disfrutaría esta serie tanto como la disfruto. Pendleton, por aquellos días, tenía 20 años, no muchos menos que los Doma. Sin dudas él y los chicos de Doma hurgaban en los mismos depósitos. Y lo que entonces me atrajo de ellos proviene de la misma substancia, de las mismas formas, colores, líneas y gags que hace de Hora de Aventura lo que es.


Suelo entender por qué me gusta algo mucho tiempo más tarde. Lo comprendo cuando toma otra forma, cuando se materializa de otro modo. Cuando reaparece en otras formas culturales. En lenguajes que hoy puedo compartir con alguien cuatro décadas menor que yo.

Deseo & Creación

 

Mañana, viernes 7 de noviembre, a las 19 hs, en el Museo Nacional de Bellas Artes, será la nueva edición de las Jornadas Anuales , organizadas por el Proyecto al Sur. Esta vez el tema será El Deseo y la Creación. Participaré de las mismas junto a un Power Trío compuesto por Juan Ritvo, Eduardo Stupía y Luis Chitarroni. Con los dos primeros, leeremos textos escritos para la ocasión, mientras que Chitarroni comentará el último número de la revista libro Mal Estar, dirigida por Carlos Brück.

Asociación amigos del MNBA
Avenida Figueroa Alcorta 2280
Viernes 7 de noviembre, 19 hs
Ingreso libre y gratuito