Monthly Archive for June, 2014

En Zhuangzi

Nunca se fue, pero volvió por Philippe Sollers. Es más: por una relectura de Sollers. “¿A quién pertenecen los años 2000, 3000, 7000, 9000? A Chuang-Tsé, a Bach. ¿Les gustan los cambios interesantes, la novedad? Sus modelos son Chuang-Tsé y Bach. ¿Quieren lo contrario, mantener las tradiciones más antiguas, las que repiten lo mismo desde hace milenios como si no fueran a ninguna parte y hubieran nacido ayer mismo? También Chuang-Tsé, también Bach. Eviten las opiniones, las discusiones varias, salten al vacío, apúntense a la Variación”.

Tengo una memoria considerable para repetirme que Chuang-Tsé estuvo en todo momento, incluso antes de la Antología de la literatura fantástica de Bioy, Borges y Ocampo. Es más, la mariposa nunca estuvo entre mis favoritas. Sí el pez, ese pez que jamás se olvida y ataca como virus milenario que es a las mayores preferencias que ya no tienen vuelta atrás. ¿Quién quiero ser? Chuang-Tzu. ¿De quién soy fan absoluto? De Chuang-Tzu. ¿Quién es el autor que en toda ocasión está a mano? Chuang-Tzu.

Ni siquiera Tao. Ni siquiera el Zen. Sólo Zhuangzi.
“La Penumbra le dijo a la Sombra: “A ratos te mueves, otros te quedas quieta. Una vez te acuestas, otra te levantas. ¿Por qué crees que eres tan cambiante?”.
“Dependo”, dijo la Sombra, “de algo que me lleva de aquí para allá. Y ese algo a su vez depende de otro algo que lo olvida a moverse o a quedarse inmóvil. Como los anillos de la serpiente, o las alas del pájaro, que no se arrastran ni vuelan por voluntad propia, así yo. ¿Cómo quieres que responda a tu pregunta?”.

Vico en Piranesi, y también al revés

Suelo soñar con varios lugares en los que nunca estuve, nunca despierto. Espacios que recuerdo con extremada precisión. Escenarios que son los mismos, y que recorro de otra manera. Fui descubriendo de dónde venían –algunas de su fuente de vigilia-. Giovanni Battista Piranesi fue el que me dio alguno de los más preciosos detalles, partes mapa. Eso lo supe más y más durante un buen tiempo. Ahora también sé que mi caro Giambattista Vico también fue deslizando otras tantas claves.

En mi cronología, primero vino Piranesi, pero sólo como curiosidad –hace demasiado, en mi primaria-. Regresó bastante después, ya en libros leídos y observados con toda la minuciosidad del caso. Pero entre tanto llegó en filósofo de la Scienza Nuova, quien se instaló en mis intereses definitivos con total holgura. Aunque contemporáneos, aunque de algún modo vecinos (del Veneto a Roma uno, en Nápoles el otro), no encontré cruce entre ellos hasta que llegaron los sueños.

No hace tanto me desperté en la certeza del cruce. Encontré algunas pistas, estoy en la búsqueda de otras. ¿Rearmaré el mosaico? Como sea, en mi inconsciente está ese otro nexo que los aproxima.

Es parte del juego de las afinidades. Detrás de una historia pública, hay tantas otras historias igual o más interesantes que finalmente destilan.

Samsara

Fue simultáneo: leer y encontrarme con Raúl Rossetti. Fue la misma sensación de placidez –aunque tendría que buscar una palabra más adecuada, prometo que la encontraré- leerlo que conversar con él. Sucede: conocés de toda la vida a alguien a quien, hasta una semana antes, no conocías ni de nombre ni sabías nada de su vida. Hay muchos tipos de afabilidad, y la de Raúl era de las mejores. De algún modo todos vivimos como escribimos y viceversa, pero algunos más, y él era de estos últimos: era fácil determinar la continuidad entre sus libros y quien te hablaba. Me acuerdo perfectamente de nuestra primera charla: hablamos de su homónimo, Dante Gabriel. De las formas de vida y los modos de pensar. No sé qué determina que a ciertas personas las veas muy seguido durante un corto tiempo, después no vuelvas a encontrártelas durante muchos años. Y de vuelta el ciclo.

Me enteré hace apenas unos días –la web es una novedad eterna, así como un pasado perpetuo- que Raúl murió en 2010. Hablamos bastante de su enfermedad en una época en que esta se hizo pública, no recuerdo hace cuánto. Volví a encontrármelo –porque siempre fue así, siempre nos unió el azar, una, dos o tres ciudades- varias veces más. Y siempre fue conocernos desde siempre.
También ahora. El ciclo siempre recomienza, querido Raúl.

1º de junio

 

Conexión automática. El 1º de junio de 1983, en una disquería de usados, descubrí un vinilo que me acompañó por años: 1º june 1974. Fue una revelación –de ese tipo de descubrimientos explosivos que se atenuaron hasta el estertor con internet-: cuatro de mis ídolos se habían reunido exactamente nueve años antes para grabar en vivo un disco fabuloso que llevaba como título simplemente la fecha del evento. Brian Eno, John Cale, Nico y Kevin Ayers –junto a Robert Wyatt, entre otros- ese día registraron unas serie de canciones –covers y covers de covers- oscuras y muy difíciles de olvidar. Fue un día raro, porque en esa misma fecha comenzó a regir un nuevo tipo de moneda que fue el peso argentino. Lo compré con viejos billetes y una denominación nueva.

 

 

Unos meses después –todo era más lento que ahora- uní fechas ¡el disco se había grabado exactamente cien años después del nacimiento de Macedonio! Cuando cotejé el natalicio en un diccionario, corrí a Papeles de Recienvenido y leí, en la primera de sus fulminantes autobiografías: “El Universo o Realidad y yo nacimos el 1º de junio de 1874 y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires”. ¿En “una ciudad de Buenos Aires”? El tácito plural sigue siendo otro acontecimiento prodigioso, teniendo en cuenta que también un 1º de junio, pero de 1967, se editaba uno de los discos más influyentes de todos los tiempos: el Sgt Pepper, de los Fab Four, cuyo comentario excede por mucho las dimensiones de estas lineas.

 

 

Pero más acentuado fue el extrañamiento cuando un error –presumo que de tipeo- me jugó una broma todavía más pesada. Esperando para la extracción de una muela, leo en una revista que Juan Domingo Perón falleció ¡el 1º de junio de 1974! ¿La fatalidad quiso que estas canciones fueran, incluso a una distancia de muchos kilómetros, los himnos de despedida del General? ¿O sea que festejaron un nacimiento centenario y una partida en tiempo real?

 

 

Lo cierto es que pasaron unos meses hasta que finalmente cotejé que Perón no murió el 1º de junio sino el 1º de julio. Confieso que el mes de diferencia no desvaneció hasta tanto después el leve escalofrío.