Monthly Archive for February, 2014

Un palmar mental

Hablé sólo dos veces con Francisco Madariaga. Lo suficiente para que su voz quedara impresa en mi memoria de un modo vertiginoso. Sin embargo, cuando revisito sus poemas por enésima vez surgen otros tonos, otras inflexiones.
En esas páginas, por ellas, entiendo de otro modo la palabra inagotable.

Hace tiempo –mucho- que con Frank Vega venimos inspirándonos en Don Coco, sistemáticamente. Es algo que va más allá de la admiración: es un estado mental. Cuando la sintaxis, la gramática retoman otros rumbos de la imagen.

Podríamos volver al mismo chiste-paráfrasis tonto: “cuando nos despertamos, Don Coco aún estaba ahí”.
Pero algo de eso hay. Es lo que sucede con los buenos poemas: siempre están ahí.

Turismo atómico

En 2012 publiqué Sabios y Atómicos, como parte de volumen Historias del Fin del Mundo, de Interzona –resultado de la Residencia creativa en el Llao-Llao, ese mismo año-. Fue la primera versión de la construcción de la hipótesis de relación del polémico físico Ronald Richter con el no menos controvertido novelista Arno Schmidt. O de cómo Perón pudo haber sido materia distópica de Ulm, aunque por cierto no lo fue (aunque por poco).

Acompañado por Ignacio Nicolao, este mes recorrí de otra manera las impactantes –sí, impactantes- ruinas de la Isla Huemul. Llegamos en kayak a las costas atómicas y nos internamos en los laboratorios abandonados. Tomé nota, nuevamente. La hipótesis crece, junto con los hechos. 

Las novedades están en transcurso.

Música del yo: advertencias y espinas dorsales

Finalmente, la autobiografía (Cosas que los nietos deberían saber, Puntocero, 2011) fue o un intermezzo o un capítulo más en un conjunto de álbumes. Acaso ¿existe algún disco de Eels que no sea autobiográfico?

En algún momento pensé que Mr. E avanzaba en dos líneas de escritura: que el libro completaba y enrarecía sus canciones por igual. Fui desechando esa hipótesis: reescribe. Vuelve sobre lo mismo. Completa, fija su presente y lo revisa desde sus indagaciones en pretérito. Y viceversa.

 

Mr. Everett se dirige a nietos que no existen del todo (“no quiero ser padre, no me interesa, sólo malcriar a mis nietos. Quiero saltearme una etapa biológica”) aunque también juega con los puntos de vista de un nieto. Dado que Mr. Everett –el hijo del físico, aquel que fue un Beautiful Freak- sigue editando discos (esta vez uno primaveral, The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett, que se editará en abril en el hemisferio norte) su autobiografía se parece más a un diario personal. ¿En qué momento se confunden autobiografía y diario?

¿O es sólo un efecto de lectura?
¿Qué nos estará tratando de advertir?

 

Otro nieto, el de aquel Al Hansen, abuelo que supo ser un Fluxus, también presenta disco nuevo (Morning Phase, editado hace apenas tres días), y como no innova en materia de nombres, sigue llamándose Beck, a secas.

Recién ahora nos enteramos que el músico sufrió, hace casi diez años, una lesión en su espina dorsal que lo tuvo literalmente –y parcialmente- desplazado de los estudios de grabación. 

“Es tu propia lectura”, nos había dicho con su Song Reader, su libro de partituras que hace poco más de año y medio atrás reclamaban nuestra dicción –e interpretación, musicalmente hablando-. Un poco antes también conocimos sus arreglos de cuerdas para Demolished Thoughts, de un Thurston Moore recién divorciado.

Ya tenemos más canciones, más masa biográfica iluminada.
Efecto Tolstoi, y también Gombrowicz: ¿no persiste una sensible contradicción entre la cercanía del diario y la consideración pública?
No. Imposible un diario que no sea preámbulo de una impúdica versión de sí.
Con o sin música.