Monthly Archive for January, 2014

La esencia de la desesperación es la ausencia de límites

Salvador Elizondo vuelve varias veces al año, en todas las estaciones. Y en el verano, su mes es enero. Conozco demasiado cada uno de sus libros para que regresen en cualquier orden. Regresa su caligrafía: “Usted bien sabe, Cippolini, que literatura es el arte de escribir”. Como los chinos, ocupamos toda una vida enseñándonos a escribir.

Elizondo: “La naturaleza del lenguaje no puede ser expresada simbólicamente más que mediante la relación posible entre realidad y palabra”. Somos lenguaje. No existe emoción no mediada por el lenguaje.
Las emociones son puro lenguaje.

La primera conversación larga que tuvimos con Héctor Libertella fue sobre Salvador Elizondo. La última conversación larga que tuvimos también fue sobre Elizondo. La primera vez que Mauro Libertella me citó en una nota suya fue en el obituario de Elizondo.
Tengo sobre mi mesa de trabajo –la escritura es un trabajo inexplicable, absurdo e inaplazable- Le Précis de Manuel Opératoire, de L. H. Farabeuf (Paris, Masson et Cíe, Éditeurs, 1909), libro que inspiró al mexicano. Un libro de mediano tamaño y 1092 páginas. Hace décadas que está ahí y no se me ocurre moverlo.

Astrónomo en su habitación

Soy el que sueña / no me mires así. Son los versos de Uno X Uno que Nicolás Domínguez Bedini eligió para iniciar su volumen de poemas, Sueño con lavadoras. Lo releo mientras vuelvo a escuchar Símbolo de fósforo, un precioso disco de PAAR.
Libro y cd aparecieron una mañana en un sobre, con varias pequeñas cartas de Nicolás.

Hace muchos años (muchos), Rafael Bini inició otro poemario con otros versos de Tom Verlaine y Patti Smith: “El libro estaba en mis manos. / Pero yo ansiaba una emoción / menos sutil”. El efecto PAAR es paradójico: la música avanza –un loop orgánico que sostiene una voz- mientras escuchamos textos (con títulos como Pasajes evocadores de muertos o pensamientos lacónicos de Paul Valéry nos llaman la atención, o Hans Magnus Enzensberger y el iceberg).
Dos experiencias diferentes (la banda de Jerónimo Escajal, Ignacio Fila, Hernán Balzarotti, Fernando Lamas y Nicolás, el libro editado por Bajo la luna) y un mismo trance.
Para tomar nota.

Una esfera vacía asciende desde el fondo del mar

Teoría de las correspondencias, hoy (¿o será una teoría del desplazamiento?): ¿qué será una irrupción en las artes visuales, en el cine, en la música, en la historieta? En Mario Levrero preexiste un estado, una arreglo más que un desarreglo, una trastienda desde donde observar como todo sigue en orden, un orden que se vuelve sistemáticamente menos conocido, y sin embargo tan cotidiano.

Irrupciones es también un libro publicado por Criatura Editora, que reúne notas publicadas en la revista Posdata entre 1996 y 2000, o sea, una vez que Levrero deja atrás su experiencia en Colonia para reinstalarse en Montevideo.
Estas irrupciones –que contabilizan 126- son un condensado: encuentro todo ahí, todo junto: el Levrero de la Trilogía involuntaria, el de Espacios libres, el de El alma de Gardel, también el de El discurso vacío. Todo condensado, todo transitado.
Hay varios Levrero, pero quizá porque lo comencé a leer a los 14 años –en otra revista, mis atesorados números de El Péndulo- no puedo no sentirlo familiar.
Estas irrupciones, sin dudas, seguirán acomodándome con la misma parsimonia.

Necesito escribir para desordenar los pensamientos, buscando una mayor coincidencia con la realidad. No es que la realidad sea en sí decididamente desordenada –ignoro cómo es- pero sí es que el orden de los pensamientos le queda siempre estrecho, y eso es molesto para quien vive y los padece (irrupción número 16).

Idénticos y separados

Escucho mucho Jerarquía y Dogma, de la banda 1989. Es su segundo álbum y alguien los definió –o ellos mismos se definieron- como un grupo de electro rock.
Es el grupo en el que toca, canta y compone el también pintor Juan Becú.

Desde siempre escuchamos que hay dos Flaubert. Que quien escribió Madame Bovary no parece el mismo que quien escribió Salambó. Y es tal cual. Y también es tal cual que me cuesta asociar las pinturas de Becú con sus canciones, pero lo cierto es que disfruto mucho de ambas.
Seguramente el esquizofrénico soy yo, mirando y escuchando.
En este caso al menos, la esquizofrenia me juega a favor.