Monthly Archive for July, 2013

Alejandro Puente (1933-2013)

Creo que fue Jacobo de Vorágine quien recomendó –y el verbo es engañoso– leer toda una vida a partir de un gesto. Un pequeño movimiento de las facciones, un impulso anímico, la reacción instantánea que dice más que el mayor aglomerado de hermenéuticas.

En una época en la cual todos los artistas del planeta que viajaron a Nueva York lo hicieron con la certeza de cazar la novedad, el más frenético zeitgeist (me refiero a la segunda mitad de los ’60), Alejandro Puente fue a encontrarse con un pasado remoto, con algo que, utilizando sus mismas palabras, podríamos llamar Visión Elemental.

Hacia allá fue. Si alguien hubiera examinado entonces su currículum –el que nos interesa, no el que se presenta en los formularios de las becas–, habría leído que, para envidia de tantos vecinos platenses, venía de jugar en la 4ª y en la 5ª de Gimnasia. También, que supo pasar por las aulas de Héctor Cartier, consagrado militante de la fe geométrica y las formas no figurativas. Que muy a principios de la década había conseguido no poca visibilidad junto al Grupo Sí, en una comentada exposición en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Efectivamente, fue un muchacho moderno.

Cuando conocí a Alejandro –bastante después, en los ’90–, pude descubrir que no había tensión ni mucho menos especulación en ese oxímoron, en esta convivencia de lo muy arcaico y lo inmediato, de lo simple y “primitivo”, que él parecía respirar. Al revés, me pareció un rasgo destacadamente seductor de su carácter. Por ejemplo, me contó sobre los ronquidos de Nam June Paik, que solía dormir en una enorme canasta de panadero. Me dijo que explicaban mucho mejor que cualquier teoría sus precoces instalaciones de video.

Hablar con Alejandro era invariablemente ir y venir, macro y micro, fundidos y amables.

Antes de su viaje, iniciático, gozoso y traumático, había pasado por el Museo Nacional de Bellas Artes, por el Instituto Di Tella, por la siempre de vanguardia galería Lirolay. No sería exagerado afirmar que al artista por el cual Aldo Pellegrini ideó el rótulo de geometría sensible (en verdad por él y su gran socio estético, César Paternosto) la providencia situó, como suele decirse, en el lugar exacto en el momento justo. La providencia y Clement Greenberg, que fue decisivo para la obtención de la beca Guggenheim.

No sólo por cronología los viejos tiempos son otros tiempos. Se instaló en un loft en el Soho cuando casi nadie lo llamaba Soho y decir loft no connotaba el menor glamour. Cuando Paul Thek se quejaba porque en el Whitney Museum rebautizaron su obra La tumba, llamándola ahora La muerte de un hippie. Con la exposición consagratoria de Diane Arbus en el MoMA. En el momento en que Philip Glass regresaba a la ciudad, después de su temporada en la India para presentar en sociedad al Philip Glass Ensamble. En que los críticos más críticos detectaban síntomas de fatiga en el New American Cinema y Andy Warhol se estrenaba como productor de Velvet Underground & Nico.

Pero antes que nada cuando su amigo Sol Lewitt –al que había conocido poco antes en Buenos Aires– concluía los Parágrafos sobre el Arte Conceptual, apuntes tempranos de un futuro con los retornos más insospechados.

Fue entonces, creo, cuando gesto y providencia se complotaron aún más en su favor: Puente no sólo participó en una de las exhibiciones más recordadas de la historia del MoMA (Information, de 1970) sino que, también, fue alabado por John Ashbery, quien vio en él el principio de algo distinto: la posibilidad de entender la imagen latinoamericana desde ese expansivo conceptualismo. Entendámonos: Teotihuacán y Pachacutec se volvían tan urgentes, tanto más contemporáneos que Fluxus y Hendrix, y esto sin el menor alarde. Descubríamos que no existía ningún sistema más actual que un quipu para reformular no sólo la teoría del color sino también cualquier especulación sobre el estado de las artes.

Gran hallazgo. A ese curso acaso frío, analítico, ultrarrazonado del histórico conceptualismo, Alejandro le imprimió un gesto, su temperamento, ese aire atemporal que le envidiamos profundamente muchos de los que lo frecuentamos.

No voy a incurrir en estas últimas líneas en vulgaridades del tipo “Alejandro ya no está, pero nos queda su obra”; aunque esto sea definitivamente cierto.

Nada más quiero decir que ojalá podamos recuperar, aunque más no sea una mínima medida de su inmensa, natural y graciosa perspicacia.

La nota fue publicada acá

La abstracción es un virus

Abstracción del Siglo XXI: ¿de qué hablamos, a qué nos referimos cuando hoy invocamos la abstracción? Apresuro una respuesta: nunca a la reducción a un movimiento o un estilo histórico, sino a un conjunto de síntomas más o menos dispersos y quizá —curiosamente— todavía intensos. Síntomas, es decir, advertencias, pero al mismo tiempo respuestas a una época. Pero ¿acaso no siempre fue así?

Enumero. 1. reserva formal, 2. utopía 3, cenestesia, 4. etnografía, 5. decorativismo, 6. relectura y, también, 7. iconoclastia.

Revisemos. 1. Reserva formal. Nostalgia. Nostalgia del invento más contundente que nos legó el arte moderno (un invento también llamado no-figuración). Nostalgia del modernismo, de todas sus expectativas, de sus buenas intenciones. Nostalgia de aquel futuro que no se parece mucho a nuestro presente. Queriendo ofrecer clasicismo, la abstracción invariablemente proporciona retro, tanto en lo gestual como en su reconversión en diseño. Nostalgia material. Sin embargo, su génesis no es tan dócil. Repasemos un poco las huellas de este origen. El historiador Wilhelm Worringer impuso el término abstracción en 1907 o 1908[i], mediante una serie de hipótesis que enseguida ganaron adeptos, devotos que realizaron obras en esa misma dirección (me estoy refiriendo a artistas tan ineludibles como Kandinsky o Marc). O sea, primero fue la teoría; después, la imagen como consecuencia. En ese momento, Worringer no examinaba el arte de su tiempo, sino que proponía una revisión a la vez cultural e histórica. Sostenía que algunas sociedades antiguas amparaban una actividad notoriamente espiritual (la egipcia, por ejemplo, o las imágenes del Medioevo), procurándonos un arte de «superficies claras y planas», contrariamente a aquellas otras civilizaciones cuya empatía (Einfühlung) con su entorno, volcadas a una percepción exterior, produjeron visiones que podríamos denominar, contrario sensu, naturalistas. La mirada hacia el interior y la observación de lo exterior. No faltaba demasiado para que se pusiera de moda otro término, hasta ese momento inusual: figurativo, que implicaba algo decididamente retrasado para todos los que adhirieron a la buena nueva de la abstracción. No es un dato para nada menor que Kandinsky fuera teósofo. La modificación de la imagen no era más que una sinécdoque en pos de la conexión con un tipo de sociedad más espiritual. La abstracción como la proyección de una mirada interior.

Sigamos. 2. Utopía: etimológicamente, el lugar que no está ahí. Worringer identificaba el naturalismo con la ciencia. Quiero pensar ahora en la escena porteña de los años 40 y 50. En 1952, en la revista Sur, se debatía la preferencia por las denominaciones arte abstracto o bien arte no-figurativo[ii]. Tomás Maldonado veía la abstracción como algo superado, la definía como el último refugio de lo figurativo. Apostaba por otro mote: arte concreto. Kosice, proponiéndose poetizar la utopía —son sus palabras—, invierte a Worringer: la tríada arte-ciencia-tecnología se desplaza en la lingua franca de la no-figuración, el esperanto del futuro. Arrasando con la melancolía, en su sistema, abstracción y porvenir se fagocitan mutuamente. 

Avancemos. 3. Cenestesia. ¿Por qué todavía sigue sin estudiarse al Op Art como primo hermano de la psicodelia? No se propone ser lisérgico, pero su exacerbada visualidad —tan afín a los efectos estroboscópicos— pertenece a la misma matriz estética de las experiencias lisérgicas. Cenestesia: ¿qué otra cosa es el arte que el elixir de nuestros sentidos? Psicadelia: expansión de la conciencia.

Vamos por más. 4. Etnografía. Releamos al poeta y crítico Juan-Eduardo Cirlot, que, duplicando la apuesta de Worringer, examinó la abstracción del paleolítico superior[iii]. Según su apuesta, la abstracción estuvo ahí desde antes de cualquier otro lenguaje articulado. En las formas más diversas. Alejandro Puente y César Paternosto, ahondando la genealogía de sus geometrías sensibles, advirtieron en los quipus precolombinos todo un mundo para investigar. Cuando Colón llegó a este continente, una peculiarísima estética abstracta le dio la bienvenida, sin que pudiera tomar debida nota de su existencia.

Publicado en El Gran Otro (EGO) Nota completa acá.

La barca de Dante

 

Lo primero que supe de Dante fue vía Delacroix, a los 5 años. Uno de esos momentos que no se olvidan nunca. Me quedé petrificado mirando esa pintura (La barque de Dante, 1822) en un libro propiedad de mi hermana. Cuando ella me descubrió husmeándolo, señaló especialmente a ese bañista del infierno que trata de subirse a la barca de los poetas: vimos cada detalle de esa cara, de ese brazo, con una lupa.

 

 

Un temblor que todavía persiste.

Ping & Pong

 

1. Buenos Aires en tres palabras
Una obsesión enfermiza

2. Una obra que conservaría toda la vida
Fabio Kacero, S/T, de la serie de los lenft, 2008

3. Tres tips para sobrevivir en una feria de arte
Alplax, Zen y ruda macho

4. En el arte nunca es tarde para…
Espantarse

 

 

5. La muestra que más me impactó en el último tiempo
Dos. Círculos en movimiento, de Florencia Rodríguez Giles, en el MaMBA y ¡Viva la Resistencia! de Juan Becú en el Centro Recoleta

6. La mayor tontería que cometí alguna vez en el mundo del arte
Intentar escribir reseñas de exhibiciones

7. Tres factores a tener en cuenta a la hora de adquirir una obra
Orgullo, prejuicios y fondos

8. La persona que me hubiese gustado conocer del mundo del arte
Dos. Piero Manzoni y Arthur Bispo do Rosário

9. Lo primero que hago en el día relacionado con el arte
Leer

 

 

10. Si no estuviera haciendo lo que hago, hubiese sido…
Voluntario para viajar a Marte en el Mars One

11. El arte no tendría sentido sin…
Estilo

12. Un artista argentino que está pisando fuerte
Ramiro Quesada Pons

13. Un mentor
Alfredo Prior

14. Un amor imposible
Lavinia Fontana (1552-1614)
15. Una canción que me inspira para trabajar
OM Riff from de Cosmic Inferno, por Acid Mother Temple & The Cosmic Inferno

 

 

Primera versión acá

Los niños extraterrestres no quieren ser humanos, sólo parecerlo

 

Muchos de estos relatos parecen traducidos del idish, o de un idish escrito por polacos, o incluso del ruso o de algún dialecto. Traducidos y vueltos a traducir, en un simulacro de transparencia. Resuenan de ese modo, como si fueran reescrituras, versiones de versiones, acentuando el efecto extranjero y simultáneamente tan familiar. No cabe duda de que son relatos porteños en una línea que podría unir –aunque jibarizando el talle- el Bacacay de Gombrowicz (aquellos tempranos ejercicios de inmadurez, también de título urbano y misterioso) con La muerte y su traje, la gema en bruto de ese Man Of One Book llamado Santiago Dabove.

 

 

E incluso ciertas recienvenidas pautas de apocado asombro de Macedonio Fernández. Pero definitivamente su tradición conecta con otras diásporas. Convocando al constructivista Tinianov, los tíos literarios de Kacero seguramente calcen mejor en las prosas e imaginarios de Isaac Bashevis Singer, el copioso (y siempre mínimo) Jacques Sternberg, y la infalible Cynthia Ozick, en su ternura de la trivialidad extravagante, de un discurrir que se acepta como hábito.

 

 

Plagas de las comedidas gracias, y por lo tanto de lo contrario a la paranoia. Insisto, transcurren en un mundo en el cual el Bien y el Mal, el error y el desconcierto parecen haber sido desplazados, pero que existen, existen.
“Estas son las historias que se cuentan los niños extraterrestres cuando quieren parecer humanos” comenta Francisco Garamona, haciendo mención a lo concentrado de su masa conceptual.

 

 

Lo excepcional es que esta masa conceptual parece distribuida estratégicamente, acá, allá y en todas partes. Los niños extraterrestres no quieren ser humanos, sólo parecerlo: así como este conjunto de narraciones tampoco coquetea con el eterno inconcluso de Sherezade. Siendo así ¿cómo conquistar el equilibrio, en una dimensión en la cual la desbocada gracia parece desmesurarlo todo? El secreto parece estar, una vez más, en una laboriosa estructura. Un ars combinatoria en la cual cada una de las piezas parece acomodarse magistralmente sobre la marcha.

Nota íntegra acá.

Macedonáutica Aplicada

 

Escribió Macedonio: “En fin, hasta los sesenta años, casi, no me permití la primer precocidad. (No hay otra que la primera, el género no lo consiente, sería contradictorio. No es sólo un género de seguir, no tiene constantes ni inconstantes. No es tampoco interrumpible, porque no sigue después). Una precocidad. Y después ser poquita cosa: esto es lo que se nos ocurre a los precoces”.

 

 

Pataphysique portègne, 1er gidouille 140 E.P. (15 juin 2013)

Macedonio en Viridis Candela.

Couverture du Correspondancier du Collège de ’Pataphysique n°24, consacré à la ’Pataphysique portègne : Macedonio Fernández, Xul Solar, etc.

 

Zombi es quien se pasa de vivo

 

- ¿Qué? ¿Cuándo?

– Contemporáneo a la invención de la cultura joven. En plena guerra fría. El pop (aunque debería decir “lo” pop) es la contracara y el complemento de la categoría joven. Cuando se terminan de fetichizar las décadas (los ’50 como una estética, los ’60 como una estética, etc) y por lo tanto las generaciones se definen por sus rituales y consumos.

– ¿El pop es lo joven?

– Lo sintetizo mejor: el pop es vaselina. Todo lo que hay que decir sobre el pop o lo pop se resume en esas cuatro palabras.

– Alguna vez pensé que era un género eterno, sin edad.

– Un género con todos los pasados, pero pasados diet.

– El pop es un vintage eterno.

– Es la forma de embalsamar del Siglo XX.

– Es hora de escribir un manifiesto Contra el pop. Incluso plagiándole el estilo a Sontag.

< – El pop ya se encargó de eso. Es más, ni siquiera está muerto. Es un zombie.

– Tengo una idea mejor a las de ustedes: tenemos que instalar la categoría del pop geronte.

– ¡Y estarías de acuerdo conmigo! Pertenecés a la cultura joven mientras puedas consumir productos para jóvenes. La cultura joven no se consuma estrictamente con las generaciones, sino con una imagen, con la posibilidad de sostener una actitud.

– Fue Juan Villoro quien dijo “los Stones nos enseñaron que a los cuarenta eras un viejo choto y pasados los sesenta sos un viejo maravilloso”.

– ¿Existe la jubilación pop? ¿Te podés jubilar del pop?

– Ser zombie es sufrir una jubilación defectuosa.

 

 

-   ¿Twitter es pop? ¿Facebook?

-   Según de quién sea la cuenta. Un vinilo no es pop de por sí aunque haya sido uno de los corazones de toda esta historia.

-   ¿Lo que decís es que existe un sujeto pop?

-   A esta altura el pop es un repertorio. Me corrijo: no es sólo un repertorio específico sino lo que hacés con él.

-   ¿Nostalgia incluida?

-   Siempre que hay Historia hay nostalgia.

-   Drama y farsa, según Marx.

-   El marxismo es un buen ejemplo de esa sentencia de Marx.

-   ¿Te pondrías una remera con la cara de Marx?

-   Me puse una con la cara de Luckacs y otra con la de Althusser.

 

 

 

 

-   ¿Y eso no es banalizarlos?

-   Banalizarlos es criticar a los pósters del Che y haber trabajado simultáneamente como experto en márketing para empresas de publicidad.

-   ¿El pop no puede ser cínico?

-   El cinismo en el pop, ahora que lo pienso, es casi siempre cándido.

 

 

Más info acá.

 

 

 

Astronáutica natural

 

Estuve tan sumergido en su mundo que cuando por fin concluí el libro experimenté una contradictoria cantidad de sensaciones. Telefoneé a Josefina (Robirosa) –era un sábado por la tarde-, imprimí dos copias de esa versión casi definitiva del escrito que inicia el libro que hoy presentamos y fui a su casa.

 

 

Durante un tiempo indefinido leímos ese original página por página, oración por oración hasta el final –sólo puedo decir que mientras tanto iba anocheciendo y cuando terminamos de leer ya era de noche cerrada-.

Josefina se reía, se ponía seria, volvía a reírse, a ponerse seria, mientras yo no podía sino imitarla. Ya era tarde, pero volvimos a leer algunos párrafos. Hasta ciertas páginas enteras.

El tiempo pasó y acá estamos. Presentando a la criatura.

 

Josefina Robirosa por Rafael Cippolini, Vasari / Art Democracy, 338 p, 2013.

 

Más acá.