Monthly Archive for February, 2012

La digital intimidad de los libros

 

Publicado en Ñ, el sábado 18 de febrero de 2011

En vez de asfixiarlas y empujarlas a la extinción, la red y las herramientas digitales les dieron un nuevo impulso a las pequeñas editoriales. Como dice el autor de esta nota, las transformaron en emprendimientos pasionales.

No exageramos al señalar que el mayor porcentaje de la mejor literatura que leemos en nuestros días proviene de editoriales cuyo staff permanente ronda las cinco personas. Incluso menos. Y que sus catálogos no superan la docena anual de títulos. Sólo en nuestro país, basta con nombrar las producciones de La Bestia Equilátera, Caja Negra, Mansalva, Mardulce, Blatt & Ríos, Eterna Cadencia y Entropía, aunque afortunadamente son muchas más. Y no se trata solamente de “otro segmento de mercado” en el sentido económico, sino de un ecosistema libresco diferente al que conocíamos hace veinte años. Un dato clave es que todas estas editoriales son un reflejo –incluso involuntario- de la Era Web.
Mientas seguimos asistiendo al cada vez más envejecido debate sobre el futuro del libro (clásicas ediciones en papel compitiendo con cada vez más sofisticadas versiones digitales de e-books), poca reflexión encontramos disponible sobre las maneras en que internet sigue impactando en los modos en que se fabrican y consumen los libros en papel.
Por supuesto, es un fenómeno global y de época. En su última visita al país, Jacobo Siruela, creador de la editorial que lleva su apellido y actualmente al frente de la exquisita Atalanta, narró en público como la red y las herramientas digitales posibilitaron que su trabajo ganara no sólo en precisión sino en intimidad. “La editorial la conformamos únicamente mi mujer, una secretaria y yo. Y cada uno de nuestros títulos –diez por año- los realizamos íntegramente desde nuestra casa de Ampurdán, a 96 kilómetros de Barcelona”.

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Zodiacología

7 instalaciones de 7 grupos de artistas reunidos astrológicamente.


El zodíaco sigue ahí. Hace demasiado que no se mueve, aunque cambia de generación en generación, de siglo en siglo. No podemos decir que evoluciona, pero sí que interpela a nuestras formas de vida de modos invariablemente diversos. Lo llevamos puesto con distintos estilos, formateado en disímiles modas. En todo este extensísimo tiempo, muchas tradiciones de artistas se fueron sucediendo, las maneras de hacer y entender el arte se transformaron capitalmente, tanto como los modos de ver y pensar al mundo. Aún así, el zodíaco persiste.
Mutan sus usos, sus canales de influencia. No el interés, la curiosidad por el dictado de los planetas y sus lecturas. El cielo sigue siendo uno de nuestros espejos (nos reconocemos en él). Al fin de cuentas, los cuerpos celestes ya existían tanto antes que la raza humana.
Los nombres son legión. Me basta con citar la devoción de Durero, antes aún la de Benvenuto Cellini, la que tantos años después, ya en el nuevo mundo, convocará a un pintor virreinal peruano como Diego Quispe Tito y en nuestra modernidad a un siempre inspirado Xul Solar, astrólogo de profesión. Todavía más cercano, el taurino Gyula Kosice guarda copias en su museo de las maquetas de escenografía que diseñó para uno de los programas televisivos de Horangel. Creo que ya no sorprendería tanto saber cuánto zodíaco subrepticio articula obras celebrísimas del arte argentino. Más allá de nuestra fe o escepticismo con respecto a sus contenidos predictivos, no existe tendencia artística que no haya acusado la influencia zodiacal.


En sintonía, durante la segunda mitad del año pasado, los veinte artistas becarios que conformaron el exitoso staff del Taller de seguimiento y análisis de obra otorgado conjuntamente por las Fundaciones del Nuevo Banco de Santa Fe, el Nuevo Banco de Entre Ríos y el Fondo Nacional de las Artes, se ejercitaron en la interrogación de sus horizontes estéticos mediante los astros. Entre todos conformaron siete grupos, reunidos según su signo astrológico. Cada uno de estos grupos desarrolló una instalación site specific, especialmente para esta exhibición.

Zodiacología expondrá los signos a través de las instalaciones de los artistas:

Géminis. Marco Bainella, Juan Ellena, Cecilia Lenardón, María Laura Lali Martínez (taurina con ascendente en Géminis) y Lucas Mercado.
Aries & Cáncer. Cristian Jerez y Natalia Zárate.
Piscis. Florencia Caterina y Mimí Laquidara.
Capricornio. Lisandro Bella, Ponchi Insaurralde y Luciana Ponte.
Escorpio. Noelia Ferretti, Jorge Matar y Maxi Rossini.
Libra. Daniela Arnaudo (virginiana con ascendente en Libra), Mariana De Matteis y Florencia Laorden.
Leo. Julia Acosta y Cintia Romero.

La curaduría de la muestra es del ariano Rafael Cippolini, quien estuvo a cargo del Taller de seguimiento y análisis de obra que se realizó en las ciudades de Santa Fe y Paraná.
La inspiración de los artistas corre por exclusiva cuenta de la disposición de cada uno de los planetas.

Inaugura el 8 de marzo a las 19 en el Museo Diario La Capital, Sarmiento 763, Rosario.

Hasta el dolor de los árboles

Mientras trato de encontrar unos papeles mecanografiados de mis archivos FLAC -en las arenas movedizas de carpetas de fines de los ochenta y principios de los noventa- me divierto tipeando parte de una crónica de Roberto Pettinato sobre el abajo retratado. Algo que va más allá de la puntería teórica (y retórica) de Eugen Herrigel y de The Living Wisdom of Trees de Fred Hageneder.

“Recuerdo cuando cubrí la gira del regreso de Almendra por todo el interior presentando “El Valle”. El malestar, el enojo de Spinetta había crecido fuera de toda proporción porque Edelmiro Molinari había vuelto de Estados Unidos fanatizado con el tiro al arco. Edelmiro llevaba consigo toda la parafernalia profesional de un tirador y el alma sensible de Spinetta no podía soportar verlo lanzar flechas a los árboles. Por el amor de Dios… estaba lastimando a la naturaleza, estaba hiriendo a los árboles y eso, en la mente de Spinetta, resultaba algo inadmisible.”

Ojalá encuentre esos ensayos tempranos, inmediatamente anteriores a las ediciones de Aparato Ruido (no me acuerdo si se los di a leer a Schanton). Se trata del desmontaje de dos temas adorables, bastante alejados en sus èpocas y las texturas sonoras: Alteración del tiempo, de La búsqueda de la Estrella –mi edición se titula así, no Spinettalandia y sus amigos, como se editó (con justeza) más tarde-, y La mirada de Freud, de Privé.
Hace unos días, Fer García me envió un SMS que decía “qué rara que está la ciudad sin Luis”. Y es cierto.
Hasta los árboles lo extrañan.

Filosofías del Download


(Publicado en la revista Ñ) ¿Qué es lo que realmente ponen en juego proyectos como SOPA y PIPA en las filosofías del intercambio en la era web? No estamos hablando de la fragilidad de lo que llamamos derechos de autor –dice Cippolini en este texto–, sino, antes que nada, de la mutación de un concepto de industria.

Para empezar, lo que todos sabemos: el jueves 19 de enero, la sincronía, el efecto mariposa, el azar o el impecable sentido de oportunidad de intereses diversos lograron que la captura de Kim Schmitz alias Dotcom, sucediera tan solo un día después del masivísimo blackout en protesta por los proyectos de las leyes SOPA y PIPA, impulsadas por Lamar Smith, miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Los cargos contra Dotcom, empresario y pirata informático alemán de casi 38 años, fundador del sitio web Megaupload, fueron los de crimen organizado, blanqueo de dinero y violación de la ley de los derechos de propiedad intelectual. A partir de entonces, se hizo cada vez más notorio un fantasma que sobrevuela internet desde hace tiempo. Para unos pocos, lo que presenciamos es el principio del fin de una era dorada de experimentación y circulación anárquica de todo tipo de bienes culturales en formato digital, mientras que nos aprontamos al espectáculo de un futuro de millones de usuarios condenados únicamente a consumir. Sin embargo, simultáneamente, crece más y más la épica de la desestimación: para la inmensa mayoría, la libertad de contenidos en la web es tanto ideológica como tecnológicamente irreversible.


Lejos de paralizar, los acontecimientos disparan todo tipo de noticias: nos enteramos que los hacktivistas de Anonymous planean su propia versión de plataforma de descargas on line (bautizada Anonyupload) –aunque hay quienes desmienten esta versión–, como también supimos que la compañía de Schmitz se aprontaba para presentar al mundo Megakey, un sitio comercial de música que obviando a las discográficas hubiera llevado al definitivo final de éstas. Asimismo tomamos nota que la empresa valenciana Bionic Thumbs acaba de desarrollar MegaUp: Upload if you can!, un videojuego paródico sobre los hechos de público conocimiento. La lista es muy extensa. Tan lejos de detenerse, la cultura digital sigue dando pruebas del poder de su viralidad, mientras se multiplica y reinventa. Pero ¿de qué tipo de cultura digital hablamos? Si SOPA y PIPA solo son una cortina de humo o una desafortunada expresión de deseo, y el arresto de Herr Dotcom una estrategia de impacto mediático, ¿qué es lo que realmente se pone en juego en las filosofías del intercambio en la era web? ¿Una nueva querella de antiguos contra modernos, de apocalípticos versus integrados, dos visiones de lo que debe ser la red y las visiones del mundo que la transitan? ¿Sólo dos? Contemporáneamente, al describir su proyecto Sincita, el artista rosarino Fabrizio Caiazza nos dice desde su sitio web: “Internet no cambió nuestra manera de ver y entender el mundo. Internet ES nuestra manera de ver y entender el mundo, nuestro modo de consumir y relacionarnos, aun con los sitios de descarga cancelados, aún con las computadoras apagadas”. Hace muy poco, las autoridades suecas aprobaron una religión conocida como Kopimism, impulsada por devotos que consideran que compartir archivos (File Sharing) es un acto sagrado (ver nota adjunta). Revisemos un poco más detenidamente. ¿Qué tan profundos y definitivos son los cambios? ¿De cuántos modos nos afectan –digitalmente o en nuestro estado unplugged– estas transformaciones?

Texto íntegro acá.

Jorge Glusberg (1932-2012)


Barbado y bárbaro.
El pasado jueves 2 de febrero falleció Jorge Glusberg.
Si en el mundo del arte suele hablarse de circuitos y de escenas, en nuestro medio nadie más tuvo tantas vidas en las últimas cuatro décadas. Ni siquiera Romero Brest, tan amado y odiado por igual, supo cosechar la cantidad de polémicas que siempre rodearon a sus acciones. La razón es simple: desde la fundación del Centro de Arte y Comunicación (Cayc) en 1968, hasta la renuncia a su cargo como director del Museo Nacional de Bellas Artes en el 2003, no existe otro que haya hecho tanto. La suya es una biografía excesiva, en todos los sentidos.
Inventó su propia historia de los orígenes del arte argentino contemporáneo (no hay más que releer su Del Pop Art a la Nueva Imagen), así como realizó algunas de las estrategias curatoriales más memorables: el envío a la Bienal de San Pablo de 1977, que tendría como saldo la consagración internacional de Víctor Grippo.
Glusberg era arriesgado, apostaba fuerte y sus modales podían desconocer la amabilidad. Pero al mismo tiempo fue una máquina de generar: la tercera parte de sus logros duplican lo realizado por la gran mayoría de sus detractores. Esto lo escribe un antiguo (valga el adjetivo) detractor suyo que lejos está de retractarse. Sigue siendo más fácil denostarlo que admirarlo, aun cuando resulta fácil encontrar tantísimos motivos para esto último. (Continúa).

Publicado ayer en Radar, de Página 12. Seguir leyendo acá.
En la foto, Glusberg (a la derecha) en Varsovia, en 1977.

Psicodelia lingüístico-digital

(Entre otras cosas) Google, como cualquier buscador de internet, es un explorador temporal de la lengua. Consumimos información todo el tiempo y ésta no es sino lenguaje. Un estado del lenguaje. Ya sabemos, las palabras tienen su propio e histórico metabolismo, que no es ajeno a su circulación, en este caso, la viralidad de la red. Tipeo “Psicodelia”. Entre otros, se destacan cuatro resultados (en el lapso de las últimas 24 horas).

1) El efecto que resulta del repaso de las imágenes contenidas en Google Street View.

2) El álbum INFINITY-BEAT-TAPE, de Adam Forkner, más conocido como White Rainbow.

3) Una expo de J.LOCA y ELEDU en Montana Gallery de Barcelona.

4) El desodorante Psicodelic (sic) Pacha Ibiza Men.

¿A cuántas experiencias culturales podemos referenciar simultáneamente?
Todas tienen un mismo punto: la evocación lisérgica, “esa otra percepción, o estado de realidad”.

Muchas herencias, o ¿quizás una sola?
Nuestro estado de percepción no difiere de nuestro estado de conexión.