Archive for the 'anarcología + expedientes de patologías culturales' Category

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Platón Beat Pesadilla #17

 

El año comienza desde resonancia varias (¡otra vez en marcha, bendita y paranoica digitalidad que nos devuelve los ecos!). La felicidad de un trío (maestrísimo Mario Arteca, acompañado de Benito del Pliego y Maurizio Medo) , en el prólogo de País Imaginario (click acá), donde reaparece aquella Pesadilla de Platón, que no conoce de siglos. Lo cierto es que cuando escribí aquello no conocía esta animación compartida por Suvi Ainola (click acá). Ignoro si Suvi es el autor. Ni idea.

 

 

Sigue el Beat (¡Beat Hit!) de la antología Opium+Sunda. Esta vez en la compilación de prólogos de Eterna Cadencia (click acá) más la reseña de Elvio Gandolfo en Ideas, de La Nación.

2017. Salud.

Ensalvajar la vida: una lógica del conocimiento sensible

 

Escribió Michel Maffesoli: “No se trata aquí de hacer una crítica moral del moralismo, ni una polémica en contra -lo que sería un combate de reta-guardia- sino de participar en una constatación, en el reconocimiento empírico de una energía naturalista. Los trabajos de S. Moscovici y de E. Morin han contribuido ampliamente al respecto, pues han mostrado claramente la necesidad de “ensalvajar la vida” para vivir mejor lo doméstico, o incluso de pensar el paradigma de la naturaleza para apreciar mejor la cultura. Cabe sumarlos a los de G. Durand que, incansablemente, en nombre de una racionalidad abierta, llama nuestra atención sobre los peligros del “régimen esquizofrénico”, característico del racionalismo tal como se ha impuesto progresivamente. Podemos resumir esta constante de una manera bastante sencilla: al encarnar el pensamiento, al privilegiar la iconoclastia, se olvida que puede existir una “lógica del conocimiento sensible”, que según Baumgarten está en la base de la Aesthetica, es decir, del placer de los sentidos experimentados en común”.

 

 

Escribió Diane Ackerman: “Los sentidos no se limitan a darle sentido a la vida mediante actos sutiles o violentos de claridad: desgarran la realidad en tajadas vibrantes y las reacomodan en un nuevo complejo significativo. Toman muestras contingentes. Sacan la generalidad de un caso único. Negocian hasta establecer una versión razonable y, para ello, hacen toda clase de pequeñas y delicadas transacciones. La vida lo baña todo como una cascada radiante. Los sentidos transmiten unidades de información al cerebro como piezas microscópicas de un gran rompecabezas”.

 


 

Escribió Alan Watts: “Todo sucede por sí solo de manera natural. Es por esto que resulta muy interesante realizar el experimento de permitir simplemente que los sonidos lleguen a nuestros oídos. Cierren los ojos y cobren conciencia del conjunto de sonidos que se hayan fuera de ustedes y de los que tienen lugar en su interior. No traten de identificar ni de nombrar los sonidos, permítanles simplemente ser tal y como son. Tampoco crean que ustedes no tienen que emitir sonido alguno, como el ruido de los intestinos, el hipo, la tos, etcétera. Ábranse a la totalidad de los sonidos, permítanles simplemente ser tal y como son. No trate, en el caso que escuche una conversación, de seguir el argumento, sino que sigan considerándola como un sonido más. Convendría realizar este ejercicio por la noche, poco antes de acostarse, para darnos así cuenta de que nos hallamos inmersos en un mágico continuo musical. A poco de haber iniciado el ejercicio descubrirán la tendencia a tratar de modificarlo que estamos escuchando. Centramos nuestra atención en este o aquel punto, nos decimos a nosotros mismos que debemos ignorar aquello o gritamos a nuestros hijos para que se callen porque no nos dejan escuchar lo que estamos escuchando. Si realmente supiéramos escuchar, podríamos concentrarnos en cualquier cosa aunque nos halláramos en el medio del estruendo más infernal.
Y lo mismo podríamos hacer con el resto de los sentidos”.

 

 

Escribió Edgar Wind: “Liberarnos de nuestras habituales ataduras es la tarea principal que asignamos al artista. Si pensamos en Manet, Mallarmé, Joyce o Stravisnsky, da la impresión de que todos los triunfos artísticos de los últimos cien años fueron en primera instancia triunfos de trastorno: la grandeza de un artista se manifiesta en su facultad de trastornar nuestros hábitos de percepción y revelar nuevos espectros de sensibilidad. “Es más fácil pintar la naturaleza que combatirla” era una de las admoniciones que se hacía Kandinsky, y recordaba sus conversaciones con Schoenberg sobre la “emancipación de la disonancia”. En literatura, Remy de Gourmont un divagador ingenuo, sobrevalorado por T. S. Eliot en Sacred Wood como “la conciencia crítica de una generación”, intentó cuestionar la comodidad del hábito buscando una renovación perpetua en el divorcio: “Pasé mi vida entera haciendo disociaciones de ideas, disociaciones de sentimientos, y si mi obra vale algo es porque preservé en este método”. (…) Es indudablemente un hecho psicológico que cuando los colores, las formas, los tonos o las palabras aparecen en audaces disyunciones o colisiones, y por ende liberados de su contexto habitual, experimentamos con renovada intensidad sus cualidades de sensaciones brutas. De allí esa íntima y peligrosa relación entre purismo y barbarie que Paul Valéry observaba en sí mismo: “Nada conduce de manera más expeditiva a la barbarie perfecta que una adhesión exclusiva al espíritu puro. Yo he conocido íntimamente este fanatismo”. (…) Podría argumentarse que este predicamento no es nuevo ni inusual, la energía creativa siempre tuvo el efecto de transformar o agudizar los hábitos de percepción. Pero en el pasado, cuando los artistas todavía estaban en auténtico contacto con el mundo de la acción, sus innovaciones -por muy estimulantes o provocativas que fueran- se producían de una manera casi incidental de las funciones vitales de la que el arte era subsidiario: hoy la inventiva artística es un fin en sí misma. El arte sea vuelto experimental”.

 


Escribió Richard Brautigan:

Esta mañana me preguntaba
cuando vería mi primer pájaro
en Japón

Aposté mi dinero mental
a que sería un gorrión cuando escuché
un gallo
cacareando
desde un patio en el distrito de Shibuya
en Tokio

y así terminó la cuestión

 

14 de mayo de 1974

 

Nota: Dedico estas líneas al alma mater del Brautigan Fest, Nicolás Domínguez Bedini, cuya segunda edición tendrá lugar en junio de 2017. Nicolás también es autor de Médanos de Oro. La dedicación se extiende a quienes llevan adelante las ediciones de Zindo & Garufi, por su tracalada de títulos indispensables.

 

 

VJ for Fake

 

Bajo la apariencia de un documental autobiográfico, “Generación artificial” de Federico Pintos deviene un thriller detectivesco sobre el poder del audiovisual en la era digital.

por Carlota Moseguí

Originalmente en Otros Cines Europa

 

Ante esa tendencia del cine documental que se presenta como una evolución del periodismo gonzo –del sensacionalismo del último Michael Moore al mainstream de Catfish, pasando por la más lograda Tickled–, la aparición de películas como Generación artificial, Lo que hacemos en las sombras, o, en el territorio español, Mi loco Erasmus nos permiten reflexionar sobre el uso y abuso de esta moda. Pese a sus incontables diferencias, los tres ejemplos citados son, en esencia, ficciones que llevan a un cierto extremo autodestructivo las formas del falso documental. Sin necesidad de refugiarse en la comedia –como sí hicieron Carlo Padial y los neozelandeses Taika Waititi y Jemaine Clement– el secreto del éxito del debut del argentino Federico Pintos se halla en el ingenioso juego de espejos que orquesta, y mantiene, el autor para confundir al espectador durante todo el metraje.

 

 

Al público de Generación artificial que ya conozca a Rafael Cippolini le resultará difícil creerse el artificio de Pintos. Pero de no ser así caerá de lleno en su trampa, puesto que el célebre ensayista y curador argentino se hará pasar por Pintos durante toda la película. Cippolini, ahora alter ego de Pintos, se presenta ante la audiencia como el verdadero artífice de Generación artificial: un documental que inició quince años atrás, cuando la única pasión en su vida era el video jocking (manipular y proyectar imágenes que acompañan la música electrónica en las discotecas). Tras unas notas biográficas impostadas sobre el germen de la pasión de Cippolini por ser VJ, narradas en primera persona para que el público nunca llegue a cuestionarse su autoría del film, Generación artificial arranca con un torrente de imágenes de fiestas en los boliches –discotecas– de Buenos Aires en los años noventa, al son de la mítica canción Amor industrial de Aviador Dro.

 

 

Esta apabullante explosión de imagen y sonido es arrojada ante nuestros ojos con un único fin: convencernos de que se trata de una selección audiovisual del footage original que Cippolini recopiló a lo largo de la década de los noventa para componer el “documental” que estamos viendo. Acto seguido, la voz en off de Cippolini suscribe la farsa, añadiendo con tono verosímil y melancólico: “así empezaba la primera versión de mi documental”. Luego, el cronista añade que el propósito inicial de Generación artificial era trazar la evolución del video jocking, desde su nacimiento en los años noventa hasta la era digital. Sin embargo, un suceso trágico, que no será revelado hasta el desenlace del film, no sólo deformó la adoración del documentalista por el video jocking, sino que le hizo perder la fe en la tecnología al servicio del hombre. Así, detrás de la apariencia de un documental autobiográfico sobre un desencanto traumático, se esconde un insospechado thriller detectivesco, que incluye una valiosa reflexión sobre el arte contemporáneo, y otra acerca del poder del audiovisual en la era digital.

 

 

La trama ficcional de Generación artificial se sostiene a través de la interacción entre tres personajes, que a su vez serán interpretados por individuos vinculados con el mundo del arte, sin experiencia previa en la interpretación. Sin dar demasiados detalles sobre el enigma del film, diremos que la vida (y la obra) del cineasta impostor, que encarna Rafael Cippolini, cambiará para siempre cuando conozca a un ex video jockey loco (Julián Urman) que con la llegada del nuevo milenio se obsesiona con la idea de hackear el cerebro humano a través de experimentos neurológicos, y la novia de éste (Lulú Jankilevich).
Paralelamente al desarrollo de la trama de misterio que mantiene unidos a los únicos personajes del film, Pintos no baja la guardia ni un segundo, pues nunca dejará de fingir que Generación artificial es un documental filmado por Cippolini. ¿Qué espectador llegaría a replantearse que está siendo manipulado por el director; es decir, que está viendo una ficción en vez de un documental gonzo, si resulta que más de la mitad de la película se compone de clips de entrevistas sobre arte y tecnología que Cippolini hace a los mismos inventores del video jockingen Argentina, a los sociólogos Marcelo Urresti y Graciela Tarchini, e incluso al neuro-científico Mariano Sigman? Generación artificial es un lúdico y laberíntico trompe l’oeil, que invita a la audiencia a ser cómplice de la ruptura definitiva de las fronteras entre la ficción y el documental en el séptimo arte.

 

 

November Rain: una topografía geocefálica

 

Concéntricos Buenos Aires, ese paisaje de Cuaderno de tapas azules (tándem Marechal-Xul) pero en la superficie. ¿Importa la época? No la cronología, pero sucede “en esa extensión de los cincuentas”, residual en la década en que brotó el rock argentino. Superposición tras superposición: el Padre Macedonio, mudándose para teorizar y teorizando para escribir, después de años en el epicentro del bar La Perla, se exilia con su hijo Adolfo ahí nomás del Jardín Botánico. Pero sus rastros quedan en la zona, como sus papeles. Y su ausencia crea nuevos círculos. En Misiones al 300, muy cerca, se funda a cuatro años de su partida a la Bendita Nada el Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires, hoy Longevo Instituto. En la foto que encabeza, un trío fortíssimo. De izquierda a derecha: Juan Esteban Fassio, Mario Pellegrini y Juan Andralis.

 

 

Es parte del desplazamiento. El Instituto funcionaría en ese vértice, llegando a Avenida Belgrano. Pero más allá de Macedonio, en Mario Bravo al 400, Andralis ubicaría su imprenta y su editorial: El Archibrazo (aquel de Zelarayán traductor, más acá y allá del que nunca fue Literal). Ahí también funcionó el Instituto, y en la Terraza de los Tres Propiciadores el inefable Pierre Cantamessa cultivó su jauría de perros cantores.

 


Antes y después, en perímetro y diagonal -los círculos pueden demorarse un rato- nació y se desintegró el antes citado rock argentino. Quiso La Perla y la tragedia.

 

 

Siguen las Eras, nunca imaginarias porque los hechos podrían ser de público conocimiento. Solamente resta caminar, trazar de a trancos esa geometría que une y convoca, que devuelve los fantasmas a su sitio, acompañados de los restos y guiños.
Ni siquiera las lluvias de noviembre borran estas líneas.

 

Huronosis vacterial

El Hurón Bicéfalo no se paraliza. Sus huellas haciendo click acá.

El Cantar de los Monóculos

 

La primera noticia –el indispensable impacto del encuentro inicial- con el escritor turinés Guido Ceronetti fue a causa de los Ejercicios de admiración de Cioran. Carta dirigida a su editor francés por el filósofo rumano, interferida por una indómita discípula de entonces diecinueve años de identidad apenas velada y un título que fue puro eco durante años: El silencio del cuerpo. Sin embargo, el título con el que me topé entonces fue el de su fábula sumergida, Aquilegia. Aumentada por sus ensayos, por sus volcánicas prosas breves, supe que se trataba de uno de esos autores que ya no nos abandonan.

 

 

“El final de una pesadilla y el surgimiento de una nueva en sus convulsiones finales no brinda alivio al sueño: seguirá siendo terrible hasta sus últimas consecuencias. Se llevó a cabo un reparto general de tranquilizantes: la imagen, aún Enciclopedia y alrededores, de una Razón salvadora que habría prevalecido inevitablemente, siendo inconcebible que toda la tierra (¡ya pacificada! ¡manos a la obra!) pudiera llegar a parecerse a aquella ciudad (las ciudades fueron dos, una sola ha quedado como emblema) escogida por calculadores humanos de primer nivel, científicos y estrategas, en el mapa de Japón, como el lugar más idóneo para el experimento. No había nada particularmente absurdo, contrario a la razón, en la utilización de aquel medio para conseguir lo más rápidamente posible un resultado tan bueno: la paz. Desaconsejaron el experimento objeciones de carácter moral, expuestas por una parte de los investigadores y de algún dirigente político que tuvo conocimiento del proyecto, pequeña nube pasajera bajo la sólida luminosidad racional en la que se estaba preparando el acto definitivamente destructor de cualquier posible eticidad de la guerra. La Razón lo promovió, lo realizó y no lo condenó: los argumentos dialécticos diluyeron las dudas semiafónicas de la conciencia”. Apoteosis. Recuerdo del 6 de agosto de 1945.

 

 

Leerlo y releerlo es parte de mi rutina.
El 24 de agosto cumplió 89 años (el mismo día de Borges y de Héctor Libertella). Lo saludo y festejo hoy, con unas semanas de retraso.

Ingenuidad, candor, locura, genialidad

Escribe Damián Tabarovsky: “La primera vez que escuché hablar de Opium fue en boca de Héctor Libertella. Pronto Rafael Cippolini me instruyó en el tema, con esa mezcla de erudición y pasión que lo caracteriza. Libertella mencionó a Opium en un horizonte en común con Néstor Sánchez, pero Cippolini fue más allá y me recomendó la lista exhaustiva de autores que debía leer. Alejarme del Varela-Varelita y salir a recorrer las librerías de viejo fue todo uno, y rápido me hice de 7 historias bochornosas, de Mariani (Sudamericana, Colección El Espejo, Buenos Aires, 1968, tapa de Rómulo Macció, a quien está dedicado el libro), Soy tu patrón, de Sergio Mulet (Montanari Editores, Buenos Aires, 1966), El búho en el vitral. Textos, de Ruy Rodríguez (Ediciones Sunda, Buenos Aires, 1967, dedicado a Víctoria Rabín y Néstor Sánchez) y Tiro de gracia, también de Sergio Mulet (Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1969). Según me cuentan, estos libros ahora se han vuelto inhallables y se encuentran en Mercado Libre a precios altísimos (amigos: por línea privada les dejo mi e-mail, me escriben y se los vendo por unos pocos pesos, como para poder pagar las futuras cuentas del gas y la luz, que gracias a Dios aumentarían apenas un 300% o 400%). En una extinta librería de Avenida de Mayo había también una pila de la primera edición de La condición efímera, de Néstor Sánchez, que compré íntegra para regalar. Pues, volviendo al presente,”

 

 

Caja Negra presenta en un solo volumen lo más interesante de esos dos grupos literarios –Opium y Sunda, nombres de las sendas revistas que los congregaron– con prólogo del propio Cippolini y edición y selección a cargo de Federico Barea, repleta de textos nunca antes publicados, fotografías desconocidas, reproducción de afiches impecables. No recuerdo un libro tan bien editado desde hacía muchos años. Argentina beat es la mejor introducción existente a una cierta forma de bohemia porteña de los 60, hecha tanto de ingenuidad y candor como de locura y genialidad.”

La nota completa, en Perfil, haciendo click acá.

Se viene el beat!

Si no llegás a leer, clickeá sobre la imagen y fijate qué podés hacer.

El Temerario Plan del Grupo Delta

 

Un año antes de la hecatombe del 2001, como una profecía de las necesidades económicas que vendrían, un grupo de escritores comandados por Héctor Libertella, decidió emprender un viaje al casino del Tigre con el objetivo de hacer saltar la banca e invertir lo ganado en comprar enciclopedias Espasa Calpe. Esta es la historia de esta empresa delirante.

Aquellos sí eran proyectos, por no decir proyectiles. La carcajada era moneda corriente, que sobraba, y la enciclopedia más el casino sólo un par de cheques”, recuerda Elliff.

Para leer la nota completa de Ezequiel Alemián, hacer click acá.
Para verla, acá.

 

Dos Prólogos Dos

 

“La pregunta no se hace esperar ¿qué clases de experiencia –de escritura, de arte, de visión, de vida– quedan excluidas del canon literario y por qué? Es secundario para el caso que nuestros protagonistas nunca parecieron estar muy interesados en ciertos honores coyunturales, entiéndase, todo aquello que constituye un reconocimiento ya sea por la academia, los medios o el mercado. ¿De qué se trata o trataba ese afuera? ¿Por qué lo hacían, qué intentaban? Interrogante que se acentúa teniendo en cuenta que esta compilación presenta dos grupos, tan porosos como intensos: Opium y Sunda, éste y aquel, aritmética de personalidades disímiles y afines, biografías tan secretas como oscilantes. En algunos casos, mitos urbanos. No intentaban demoler el canon, ya que esto hubiera sido considerarlo la Bastilla o el Palacio de Invierno: algo a invadir, convertir, apropiarse. Al revés: sabían que la única Revolución era escaparse, salirse, evadirse, para reencontrarse en el lugar más impensado. Literatura, sólo literatura, nunca literatura nacional. Escritura de los años sesenta, escritura muy de Buenos Aires, aunque se encontraran en cualquier lugar del planeta.”

Del prólogo de Argentina Beat, publicado por Caja Negra Editora.

 

“El ensayo seguirá siendo –es su genética- un género de géneros, a su modo un aliado de la más fina impureza (impureza infantil, deberíamos acotar junto a T. W. Adorno). En ningún otro sentido el ensayo es una prueba, una doble prueba, o mejor todavía, una doble, una triple prueba simultánea: la postulación de un Yo descubriéndose en un tema –ya curiosidad u obsesión, desliz o crónica-, a la vez que un tema –en la medida que sea- atravesado por ese ejercicio de singularidad de proponer una escritura, una textura de voz. Y triple: porque el corazón del ensayo es su hipótesis, donde esta palabra se vuelve sinónimo de apuesta, de riesgo. Cuanto más improbable, más deliciosa para un buen lector.”

Del prólogo en tapa de Filosofía Sub 40. Ensayos sobre La Democracia Contemporánea, publicado por Aurelia Rivera libros.

 

El eterno regreso del Hurón Doble Cerebro

Otra vez aparece por acá. Haga click en la palabra click.

 

Itinerarios del Hurón Bicéfalo

Sigue haciendo click acá.

Un código pútrido

 

Somos lo peor de los nuevos programas de software, a los que sin querer siempre imitamos: desarrollamos una capacidad monstruosa que nos imposibilita leer los viejos datos, los antiguos mensajes, que se convierten en una lengua extinguida. Aunque nos esforcemos, los decodificamos deficientemente. Narrar otro tiempo, atreverse con sus texturas, quizá sea como reformular imágenes tal como se lo propuso el belgradense Vuc Cosic: avanzar en un código inservible, para el que se vuelve imperioso inventar otras posibilidades.

 

 

El auge de la distopía –la distopía no es otra cosa que un índice de la catástrofe- no es en nada ajeno al triunfo de las obsolescencias programadas. Un cielo lo suficientemente chato que genera otro tipo de criaturas, de narraciones, de animales. La mala distribución de los futuros, que la ciencia ficción instauró hace décadas, reclama un consenso demasiado teatral y toneladas de cinismo. El tempo de las narraciones es el de cada provocación y el de cada resguardo.

 

 

Olvidamos rápidamente que no somos parte del entorno: somos el entorno.
La ecología es una rama de la psicología, nunca al revés.
La tercera persona gramatical no es, hoy por hoy, más que una primera persona culposa o especulativa.

Masotta 5.0 x Un Faulduo

La historieta en el (Faulduo) mundo moderno

El Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella invita a la presentación del libro La historieta en el (Faulduo) mundo moderno, realizado por el colectivo multidisciplinario Un Faulduo. La misma consistirá en una acción performática del grupo, con la participación de Rafael Cippolini y Oscar Steimberg.

La historieta en el (Faulduo) mundo moderno, libremente inspirado en el mítico libro La historieta en el mundo moderno de Oscar Masotta (1970), se propone pensar la relación entre el lenguaje de la historieta y la forma del ensayo, tomando los códigos de la historieta como materia prima para su producción y como forma que permite analizarse y pensarse a sí misma.

Un cubo (o rectángulo)
Doce metros (u once)
Un currículum (o lista)
Dos conferencistas (o teóricos)
Tres lámparas (o veladores)
Mil ochocientos segundos (o treinta minutos)
Un texto (o imagen)
Una proyección (o una proyección)
Tres bastidores (o viñetas)
Un acomodador (o iluminador)
Mil novecientos setenta (o mil novecientos sesenta y nueve)
Una voz (o varias)
Una carta (o relato)
Una oscuridad (o dos)
Una historieta (o ensayo)
Un Faulduo (o cuatro)
Oclusión.

Un Faulduo es un colectivo de investigación y experimentación alrededor del campo de la historieta, conformado por Nicolás Daniluk, Ezequiel García, Nicolás Moguilevsky y Nicolás Zukerfeld. En un recorrido interdisciplinario que abarca las artes visuales, el cine, la música, las artes escénicas y la literatura, Un Faulduo ha participado en diversas exposiciones individuales y colectivas, y realizado numerosas intervenciones urbanas y acciones de tipo performáticas en espacios como el Fondo Nacional de las Artes, Centro Cultural San Martín, UBA, Biblioteca Nacional, ArteBA, Club Editorial Río Paraná (Rosario), Centro Cultural Recoleta y Oficina 26 (Rosario), entre otros. El grupo también edita una revista en formato papel que ya lleva publicados 10 números y mantiene, desde su aparición en 2005 hasta la actualidad, un sistema de rotación de directores (S.R.D.): cada número es dirigido por un miembro diferente del equipo, lo que obliga a cambios de formato, contenido y técnica. Gran parte de su producción se da a partir del contagio de las otras artes. Desde el 2014, el grupo se propone pensar la relación entre el lenguaje de la historieta y la forma del ensayo, y es desde allí de donde surge La historieta en el (Faulduo) mundo moderno (Tren en movimiento, 2015). Con respecto al nombre del grupo, lo único que se sabe es que Un Faulduo fue el pseudónimo utilizado por una persona (o grupo de personas) que un día de 1895 adquirió por 0,10 centavos el periódico anarco-feminista La voz de la mujer. La lista de los compradores o suscriptores del periódico era completamente anónima y fue publicada en el número 1 de dicho diario. El grupo desconoce el significado del mismo, aunque ha aventurado algunas explicaciones. Se presume un error tipográfico, un juego de palabras, un anagrama, una mala traducción del alemán, una interesante cacofonía… www.unfaulduo.com