Archive for the 'psicodelia analítica' Category

Lúcuma más lúcuma

 

Este posteo tiene seguramente dos orígenes. Uno: encontrarme con este reportaje a Spinetta (L.A.S) en Perú, hace once años (hacer click acá), y la revelación a partir del minuto cincuenta sobre lo “que yace apenas detrás” de esa canción eterna que abre el primer álbum de Invisible. Imperdible. La segunda, unos tweets de FrGr67, alias Fernando García, escuchando y comentando una canción apenas anterior, y pescadiana, encontrando en el jardinero tempranoamanecido (termino tan macedoniano, seguramente por la cercanía a recienvenido) una alucinación del mismo temple de un cuadro del Bosco. Caí en cuenta: no hay longplay de Spinetta que no sea un fabulario de lujo (ya en el payaso almendriano, enumerando rápidamente, la muchacha corazón de tiza -luego exfoliada-, Fermín y sus manos, la insomne Ana, los Hombres Tristes, la fugada Laura). El doble siguiente dobla la apuesta, desde sus Hermanos perros a los legionarios. Ni que hablar entonces de los zares, las nenas bobas, jardineros, serpientes, monstruos, y tantos etcéteras de la Era Rabiosa.

 

 

Pero, quién lo duda es con Invisible cuando el casting se vuelve temerario. Indígenas con rayo láser, Lorena que pierde los zapatos (ahora sabemos que por culpa de sus abuelos), ese desarticulado Elmo Lesto, la azafata del tren fantasma y sus vasallos, los viejos osos del tiempo, la abuela consciencia, los “elementales-leche” -toda una categoría sociológica que no sabemos exactamente de dónde viene ni hacia dónde va-, toda una fauna que en Durazno Sangrando y el Jardín de los presentes -¿el hogar de aquél jardinero?- se multiplican. Tengo todavía en mis ojos la historieta aquella de Expreso Imaginario, con el Capitán Beto y su nave-colectivo hecha en Haedo. Debería haber nostalgia en todo esto: escuché cuatro o cinco años después de su separación, pero el efecto fue definitivo. Es lo que le sucedió a tantos argentinos de mi generación: descubrimos Invisible -ese rock progresivo tan singular- y el postpunk al mismo tiempo, antes de redescubrir aquel primer amor por la psicodelia.

 

 

No importa tanto la instantaneidad (que tantas veces suele ser una pesadilla) como la arqueología colectiva: eso es internet. Porque así aparecen más pruebas, una tras otra, de esas imágenes que esperábamos pero de las que no teníamos ni idea. Como todos estos posters que fueron el imaginario en tinta del semana a semana de Invisible y que poco a poco fueron brotando, nadie sabe bien cómo, pero acá están. Si hablábamos del fabulario (del Manual de zoología Fantástica) del cerebro flotante de la calle Arribeños, por estos afiches de su puño y letra nos quedamos con un tesoro que no imaginábamos pero sí esperábamos. Internet es -y no sólo por Facebook o Youtube- un efecto de tiempo.

 

 

Es lo fabuloso de las mitologías del rock: no se agotan con tracks perdidos. Los mejores creadores nos inundaron de imágenes, de expresiones, de memoriabilia de todos los colores. Preciso: el límite es la nostalgia, cuando sólo es nostalgia. Con Invisible no me sucede: lo escucho con la misma atávica sorpresa, con el mismo carácter de meteorito que encuentro en una de las galerías de aquella Lomas de Zamora de muy fines de los setentas, siempre con la Expreso en la bolsa -los chicos de mi época no usaban mochilas-. No hay ni una pisca de nostalgia: es el mismo efecto de extrañeza.

 

 

Sin embargo, es una matriz de época. Porque no es difícil seguir la continuidad estilística de estos carteles y sumarlas en paralelo a los dibujos de Renata Schussheim, y por ende al tan citado Expreso Imaginario y otros tantos pósters de época. Todos se aggiornarían, pero hay algo que resiste. Que está más allá y más acá del fabulario.

Toneladas de polvo meteórico. Bowie In memorian

 

Bowie no sólo simulaba, recreaba, actuaba cualquier premisa (“soy lo que ustedes están deseando que sea en este momento”, fue su statement en un documental) sino también provocaba efectos extraños por sorpresivos (el pretérito, mientras tipeo, me resulta todavía más bizarro).
Hace casi cinco años escuché con no poco pasmo esa preciosa canción de Flaming Lips con Neon Indian (Is David Bowie Dying?).
¿Por qué esto? Me pregunté. No sólo sonaba provocador, sino estéticamente doloroso y perturbador.

 

 

Take your mouth and scream
Whistle wasted in your dreams
Take your eyes and leave
One for love and one for me
Take your ears, they must
Tons of meteoric dust

At the mountain, you scream
Now the fountain reveals
As you do want and make you whole

Goodbye, goodbye

 

 

¿Dónde estaba la muerte en ese momento? El fin llama, despierta a la memoria, y enseguida busqué un viejo ejemplar de Pelo, que recuperé en el Parque Rivadavia a fines de la década pasada. En perfecto loop, me veo en casa, a mis siete u ocho, tratando de entender de qué se trataba todo eso: esa premisa alien y épica (no decodificaba entonces lo que significaba decadente o afectado). En la revista lo demolían y tuve que ingeniármelas para encontrar los vinilos.

 

 

Con los años, el trabajo fue que el mito no se tragara la música. ¿Cuántas veces por año habré escuchado Life on Mars? La usé para el primer corto en ocho milímetros y para uno de los últimos videos caseros. Fue la constante de Bowie: irse antes de tiempo, desde el principio. Todo lo que me interesa lo conecta.

 

Dos respuestas a –quizá- el primer reportaje televisivo realizado por un argentino. Uno: “(Sudamérica) Probablemente resguarda las últimas formas de supervivencia de toda América, incluyendo América del Norte. Es una clase de fascinación para mí, un tema de misterio y Siglo XX al mismo tiempo”. Dos. “Pienso que una de las cosas más peligrosas en el rock es querer tener una carrera. (…) Si uno se concentra en la música que le interesa, probablemente luego descubra que tuvo una carrera”.

Es una vida Maravillosa


Mark Linkous, más conocido por su nombre de banda, Sparklehorse, se suicidó hace más de cinco años. Hace semanas que escucho cada uno de sus discos varias veces al día. Mágica monotonía que distraigo un poco con otra discografía que me puede: la de Brian Jonestown Massacre.
Como sea, días que empiezan y terminan en Sparklehorse.

 


“Al final, es más sobre cómo cada día, tienes que elegir algo, no importa lo minúsculo o microscópico que sea, para, al meterte en la cama por la noche, poder decir que estás contento de estar vivo y de haberlo visto. De eso se trata, en realidad”.

Speakerboxxx/The Love Below (Outkast, 2003)

“Fue algo muy raro. Estaba recostado en la cama del aquel tradicional Hotel Savoy, en Rosario (circa fines de 2004, antes de su remodelación), con la tele fija en MTV, pero con el audio en mute. Me acuerdo perfectamente que me dio mucha curiosidad saber quién o quiénes eran los del video (sin los anteojos, no llegaba a leer los créditos). Se trataba de una estudiantina –o una parodia a una estudiantina-, protagonizada por actores-músicos negros, saga que me trajo a la cabeza, inmediatamente, Back to the Future (los uniformes, algo de estética fifty reprocesada en una dinámica ochentosa, mucho gel). El video terminó y comenzó otro con los mismos intérpretes, esta vez todos los papeles representados por uno de ellos, clonado en todos los integrantes de la banda. Quité el mute, necesitaba escuchar de qué se trataba, y fue un shock.”
(Sigue).

Nota completa en Informe Escaleno, haciendo click acá.