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Urbano & friccionado # 1

 

La ficción finalmente es un código, un conjunto de reglas menos maleables de lo que suponíamos. Un concepto que empieza a establecerse con la autonomía artística, sin dudas en defensa de la creación de un nuevo tipo de realidad. Nuevas reglas para la ficción, nuevas reglas para lo real: esa legislación que armoniza y a la vez genera los espacios de fricción necesarios para que se reacomoden.

 

 

Ahora paso revista no ya a esos artefactos (que no géneros) llamados novelas o relatos (incluso ensayos), sino a las anotaciones de bitácora de los recorridos urbanos repensados como posibilidades de escritura. Devaluación insistente de la psicogeografía -demasiado formateada en prácticas políticas de sabor vintage- para dar paso a estos otros ejercicios de ficción, ahí donde los conglomerados urbanos desmienten de a poco los elementos que sostienen lo real.

 

 

Los orígenes son literarios, sin dudas. No es difícil partir de las notas de J. K. Huysmans (no hay más que recordar a ese “Ulises de las tabernas” -Maupassant dixit- que personificó Jean Folantin, protagonista de A vau l’eau, A la deriva en traducción española), ahora fortificadas en las traducción de Claudio Iglesias en La epilepsia del cielo, donde es una de las tantas voces de Huysmans y no de sus personajes la que superpone las ciudades apilándolas en la memoria y en la virtualidad. Tampoco cuesta regresar a Léo Malet y su Calle de la estación 120 o bien Las ratas de Mountsouris y Niebla en el Puente de Tolbiac, donde desde la ficción irrumpe la modulación citadina como una respiración diferenciada.

 

 

Por supuesto resulta indispensable pasar por la prosa de Iain Sinclair. No sólo por La ciudad de las desapariciones o American Smoke, sino -y por sobre todo- por la red de anárquicos libreros de Whitechapel-Trapos Rojos, traducida muy oportunamente por Matías Serra Bradford, sobre quién pasaré a escribir (casi) de inmediato.

 

 

Otras extensas caminatas.

 

 

Continuará.

Fantasía, autorepresión y memoria perversa

Finalmente la memoria habla otra lengua, y en esa Babel del inconsciente no se entiende con los registros de lo real -del Real- y menos con el baile de máscaras y deformaciones daimónicas de esos atajos peligrosos llamados fantasías. No las del deseo, sino las pervertidoras del deseo. Acaba de publicarse em un único e indispensable tomo la saga completa de Alack Sinner, que sus autores, José Muñoz y Carlos Sampayo, estuvieron promocionando en Buenos Aires por estos días. Pero sigue sin circular ese tremendo Juego de luces, inhallable al menos para los que no retuvieron aquellos números de la revista Fierro de la primera época.

 

 

José Muñoz me comentó alguna vez que no terminaba de estar satisfecho con el resultado de aquellas viñetas, de esa historia. Sin embargo, el flashback que articula esa fábula de amor frustrado es un Tratado de la Virtualidad Imperante en un mundo cada vez más esquizofrénico en sus repartos de ficción: una reescritura involuntaria en la que el mundo y sus fantasmas cansinos reescriben sus fronteras.

Masotta Trip de Force:Operación Faulduo

# Transforman el libro, ejecutándolo, como quien interpreta una partitura: los Faulduos (un Faulduo) hacen de la presentación de Masotta un pattern. Las alturas, los tempos y las intensidades coinciden con la materia gráfica: parten de un retrato informal y expresionista del autor, prosiguen el trayecto disipando citas, encuentros y menciones: las efigies de Aquaman y Superman, Periquita siempre en apuros, Mandrake y su exhibición de trucos, Hogar Dulce Hogar, Masotta como superhéroe: lo ilegible, transcurre. Como en Coltrane, una frase es un intercambio, la reprogramación de un alarido, un sonido en varias manchas.

# Acatan: el interés de Masotta no era la historieta, sino lo que se podía hacer con ella. Los dibujos y los textos sólo en sus efectos. Un Faulduo reinterpreta enrocando los signos por notas, más BOP que POP. No gana la semiología, tampoco la industria, si se exhibe una plusvalía, es la del gesto. ¿La historieta es anterior al Pop, es el paradigma del Pop, es la continuación del Pop, una amante temporal del Pop? La historieta estaba antes y después de estas tres letras, antes y después de que Greimas se apropiara del Rey Petiso, mucho antes de que varias generaciones pensaran en comics y dijeran manga. Un Faulduo tacha, reescribe, vuelve a manchar, convoca un staff diferente, no hay nada más político y vanguardista que una historieta. Sebreli y Correas vuelven desde un pasado remoto, fuera de control, como espectros. El mundo es el mismo incluso en sus simulacros.

# La partitura faulduica es historieta porque es enciclopedia: como otra Divina Comedia, no hay página que no esté poblada, que no sea el reflejo de más de un siglo. La historieta nació como industria pero más que nunca es un género para entendidos. Remix de Oscar Steinberg y el Viejo Breccia, Chester Gould, Oesterheld, Lino Palacios, Charlie Brown, el fantasma de los caligramas de Apollinaire, el Gato Félix y el solitario pato de Dante Quinterno en un fabuloso boulevard de Los Ángeles. Si Disney se adueñó de Pixar, Marvel y Star Wars, pronto querrá comprar Un Faulduo y reofrecer las franquicias de Masotta. La comiquería hace rato que es el Nuevo Aleph, en el cual Borges sigue oficiando de inspector de gallinas.

# El dandi Masotta es Isidoro Cañones con libros en francés bajo el brazo, pero el siempre el mismo whisky. Lo confunden con Belmondo, está tan fuerte, tan lindo como Patoruzú. Sabe lucir corbatas –siempre flojas- y libros de Merleau-Ponty y Lacan, sabe cómo seducir a Nico de Velvet Underground y hacer del Happening una cuestión nacional: somos un país de happenistas e historietistas. Un Faulduo certifica que la literatura es literatura dibujada, que la Comedia Humana no nació con Balzac, que Yellow Kid, que su amarillo no ilumina, pinta: cumplía su jornal con los Hermanos Lumière. El Arte Pop, ante todo, es Editorial Columba. Don Ramón es Industria Argentina. Editorial Novaro alimentó a la Chilindrina que de más niña quiso ser Marvila por lo cual soñó a Steve Trevor con la cara de Cantinflas, quien, según dice la leyenda que todos creemos, visitó de incógnita la Bienal de Historieta en el Di Tella en 1968. Pop al cubo y Pop más acá. Volveré y seré catálogo republicado: allá Paidós, acá Tren en Movimiento.

# De la masa al ghetto, de los diarios a las cuevas: Masotta, como Gilgamesh, mucho antes que Herzog, descubrió que las historietas preceden en mucho a Little Nemo. Su origen, como el oficialismo, nace en Santa Cruz, en la Cueva de las Manos. UR-Faulduo: los muchachos de ahora dibujan brontosaurios. Borges reescribió una historieta en los primeros años treinta: Peloponeso y Jazmín, en el Suplemento Multicolor del Diario Crítica. Un Faulduo, cavernícolas de ley, lo reescriben todo, hasta al nieto de Botana: existencialistas del culto de Saint-Copi. El Siglo XXII será masottiano o no será.

# Milton Caniff como un solo de trompeta. Alack Sinner se regenera desde la Mancha Voraz. De Caligari a Perón: hasta Osvaldo Lamborghini fue guionista de historietas. Krazy Kat, la loca enamorada, su ladrillo jaculatoria y ese Tarzán tan chongo como los obreros de Carpani. No hay quien no haga de su historia una historieta. Llega la Edad de Oro de la historieta (1930-1940) y en el capítulo de Mundo Faulduo luce la distorsión: distorsiona Buck Rogers como en un solo de Sonic Youth, distorsiona ese Burroughs que hizo rico y célebre a Johnny Weissmüller, acopla la espinaca de Popeye, hace ruido Terry y también sus piratas. Es entonces cuando la semiología se convierte en psicodelia y al revés: bienvenidos al Planeta Mongo. Rebienvenidos al Planeta Sono, con Oswal y su poder músico mental. Miren ahí a Mister Natural, y también cerca a los Freak Brothers. ¿Será verdad que el joven Masotta se parecía a Calculín? Tanto como Rodolfo Walsh al Profesor Neurus.

El 13 de octubre de 2015 se llevó a cabo en la Universidad Torcuato Di Tella la presentación/performance del colectivo Un Faulduo de su libro La historieta en el (Faulduo)mundo moderno. Suerte de revisitación del clásico de Oscar Masotta publicado en 1970, la función estuvo escoltada por dos referentes que se turnaron leyendo dos textos escritos para la ocasión: Oscar Steimberg (compañero de Masotta, cuyas intervenciones siguen siendo claves para el campo de los estudios y la crítica del cómic) y Rafael Cippolini, escritor y curador de arte, lector y conocedor apasionado de la historieta.

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Huronopodosis

 

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