Archive for the 'reescrituras + patogramáticas' Category

¿Explicaciones?

¿Por qué debería dar explicaciones? Simplemente es escritura. Cambia. Nietzsche cambiaba de escritura continuamente (de ahí el gran acierto de Mónica Cragnolini al referirse a escrituras nietzscheanas). Mi ejercicio de admiración a Nietzsche es continuo, pero es claro que nada de estas escrituras remite al filósofo. La primera de las entradas arbitrariamente sucesivas es Dronescape. La última hasta el momento, la que estás leyendo en este mismo momento. Acá y allá, los enlaces-hurones aparecen como pausas.
Cada una de estas entradas (Dronescape, Temperaturas extremas, 1881, Imago, etc) no están acabadas. Habrá más. Cambiarán párrafos. Se engrosarán. Se mezclarán, tal vez (no sé). Lo digital lo permite: médanos de letras.
Llegará muy pronto el momento en que todas y cada una de las entradas tengan su contenido maleable. Mientras tanto, como en cualquier nave, será fácil detectar entre las puertas abiertas y las cerradas.

 

 

Una genealogía reversible y deforme. Propongo una escena. No recuerdo el año pero es fácil de averiguar: acababa de estrenarse, unos meses antes, el buscador cartográfico Kartoo.
Amaba esos mapas de información (de esa época data mi preferencia por los metabuscadores). Nada de vértigo de las listas. Simultaneidad, discontinuidad. En esa época también pegaba fichas en la pared y las movía continuamente. ¿Se acuerdan del fichero de Arno Schmidt? Pero vertical. Y entremezclado, una y otra vez.
¿Cómo se interconectan, cómo crecen estas escrituras? ¿De qué manera se expanden y revierten? Puede que los comentarios, las supuestas notas al pie aparezcan en el mismo espacio. O no.
¿Cuándo cambia, en qué momento sigue? Imposible determinarlo.
Como Gregor Samsa, el primer transformer (biológico-metafórico): muta. Aparece mutado.
Prosigue mutado.

La Tabla Mágica

Aquí

Presente Absoluto

En tan breve

Prog Lines

Por aquí

Martires galácticos

Desde acá

Inestimable Hurón

El Hurón Bicefalo ensaya velocidades. Haciendo click acá.

Bicéfalos y ubicuos, siempre hurones

Los Hurones, si son bicéfalos, incluso peor. Haga click acá y listo.

 

 

Hurón permeable

No hace falta más que un click acá. Eso es todo.

Huronopodosis

 

El Hurón nunca sueña de más ni de menos. Rastros acá.

Detournalia, un libro

 

(…) El libro (de tres tapas “a elección”, que son a la vez obras, o mejor dicho parte de “Ediciones Fairy Fellers”, esa suerte de proyecto editorial para el que Kacero diseña tapas de libros y autores que también inventa) sigue el derrotero (y tiene el mismo nombre) de la muestra “Detournalia”, llevada a cabo en ese mismo museo en el invierno de 2014 y curada por Rafael Cippolini, pero de alguna forma la desborda, la da vuelta, la pone en acto. Dentro de la trayectoria de un artista-escritor que todo el tiempo está llevando a cierto límite (el del absurdo) los más pequeños intersticios (esos que sólo algunos, Macedonio, Magritte, Borges, con diversión advierten) el libro permite otro abordaje de las mismas obras, y funciona entonces como una especie de contrapartida de la muestra.

 

 

Quien piense al libro como una estructura previsible tendrá rápidamente su desengaño cuando encuentre en la primera página, y en la segunda, y en la tercera y también en las diez próximas, una serie de índices que no son índices de nada sino obra en sí misma. Kacero enumera, hace listas, pone de relieve las pequeñas burocracias de los paratextos, con las que cotidianamente lidiamos: indexa libros que no existen, con ¿relatos?, ¿ensayos? de nombres sugestivos, que queremos correr a leer: “Entrópico de capricornio”, “Temporada de pathos”, “Religión catódica”, “Mente en blanco de titanio”. Sus juegos de palabras oscilan entre la ingenuidad y la ironía, pero en la acumulación proyectan un sentido más profundo.

 

 

Los más disímiles proyectos (“Kacero –definía Cippolini– actúa como una familia de artistas que se evitan bastante entre sí y sin embargo entre ellos es indisimulable el extraño parentesco”) se suceden en “Detournalia”, la mayoría acompañados por un texto breve que funciona como introducción (y que se encuentra al final). De Beatriz Vignoli a César Aira, de Lux Lindner a Lucía Puenzo, de Inés Katzenstein a Carlos Gamerro, la polifonía textual del libro se corresponde a esa misma libertad con que Kacero salta de soporte en soporte: de la pintura a las palabras, de los objetos al video, de los viajes a la filosofía de Kant y Hegel, de las dedicatorias arrancadas de libros viejos al simulacro de la propia muerte.

La nota completa, de Julia Villaró, publicada por la revista Ñ, haciendo click acá.

Fotos del montaje de Detournalia, de Josefina Tomassi.

Pericias del Hurón Mágico & Cía

En breve marcha, en el mismo sitio de siempre. Más sencillo haciendo click acá.

Hurón eyectable

El Hurón Bicéfalo vuelve a la carga. Y no hay más que hacer click acá.

Flashurón!!!

 

El Hurón prosigue bicefaleando. Pruebas haciendo click acá.

Ensalvajar la vida: una lógica del conocimiento sensible

 

Escribió Michel Maffesoli: “No se trata aquí de hacer una crítica moral del moralismo, ni una polémica en contra -lo que sería un combate de reta-guardia- sino de participar en una constatación, en el reconocimiento empírico de una energía naturalista. Los trabajos de S. Moscovici y de E. Morin han contribuido ampliamente al respecto, pues han mostrado claramente la necesidad de “ensalvajar la vida” para vivir mejor lo doméstico, o incluso de pensar el paradigma de la naturaleza para apreciar mejor la cultura. Cabe sumarlos a los de G. Durand que, incansablemente, en nombre de una racionalidad abierta, llama nuestra atención sobre los peligros del “régimen esquizofrénico”, característico del racionalismo tal como se ha impuesto progresivamente. Podemos resumir esta constante de una manera bastante sencilla: al encarnar el pensamiento, al privilegiar la iconoclastia, se olvida que puede existir una “lógica del conocimiento sensible”, que según Baumgarten está en la base de la Aesthetica, es decir, del placer de los sentidos experimentados en común”.

 

 

Escribió Diane Ackerman: “Los sentidos no se limitan a darle sentido a la vida mediante actos sutiles o violentos de claridad: desgarran la realidad en tajadas vibrantes y las reacomodan en un nuevo complejo significativo. Toman muestras contingentes. Sacan la generalidad de un caso único. Negocian hasta establecer una versión razonable y, para ello, hacen toda clase de pequeñas y delicadas transacciones. La vida lo baña todo como una cascada radiante. Los sentidos transmiten unidades de información al cerebro como piezas microscópicas de un gran rompecabezas”.

 


 

Escribió Alan Watts: “Todo sucede por sí solo de manera natural. Es por esto que resulta muy interesante realizar el experimento de permitir simplemente que los sonidos lleguen a nuestros oídos. Cierren los ojos y cobren conciencia del conjunto de sonidos que se hayan fuera de ustedes y de los que tienen lugar en su interior. No traten de identificar ni de nombrar los sonidos, permítanles simplemente ser tal y como son. Tampoco crean que ustedes no tienen que emitir sonido alguno, como el ruido de los intestinos, el hipo, la tos, etcétera. Ábranse a la totalidad de los sonidos, permítanles simplemente ser tal y como son. No trate, en el caso que escuche una conversación, de seguir el argumento, sino que sigan considerándola como un sonido más. Convendría realizar este ejercicio por la noche, poco antes de acostarse, para darnos así cuenta de que nos hallamos inmersos en un mágico continuo musical. A poco de haber iniciado el ejercicio descubrirán la tendencia a tratar de modificarlo que estamos escuchando. Centramos nuestra atención en este o aquel punto, nos decimos a nosotros mismos que debemos ignorar aquello o gritamos a nuestros hijos para que se callen porque no nos dejan escuchar lo que estamos escuchando. Si realmente supiéramos escuchar, podríamos concentrarnos en cualquier cosa aunque nos halláramos en el medio del estruendo más infernal.
Y lo mismo podríamos hacer con el resto de los sentidos”.

 

 

Escribió Edgar Wind: “Liberarnos de nuestras habituales ataduras es la tarea principal que asignamos al artista. Si pensamos en Manet, Mallarmé, Joyce o Stravisnsky, da la impresión de que todos los triunfos artísticos de los últimos cien años fueron en primera instancia triunfos de trastorno: la grandeza de un artista se manifiesta en su facultad de trastornar nuestros hábitos de percepción y revelar nuevos espectros de sensibilidad. “Es más fácil pintar la naturaleza que combatirla” era una de las admoniciones que se hacía Kandinsky, y recordaba sus conversaciones con Schoenberg sobre la “emancipación de la disonancia”. En literatura, Remy de Gourmont un divagador ingenuo, sobrevalorado por T. S. Eliot en Sacred Wood como “la conciencia crítica de una generación”, intentó cuestionar la comodidad del hábito buscando una renovación perpetua en el divorcio: “Pasé mi vida entera haciendo disociaciones de ideas, disociaciones de sentimientos, y si mi obra vale algo es porque preservé en este método”. (…) Es indudablemente un hecho psicológico que cuando los colores, las formas, los tonos o las palabras aparecen en audaces disyunciones o colisiones, y por ende liberados de su contexto habitual, experimentamos con renovada intensidad sus cualidades de sensaciones brutas. De allí esa íntima y peligrosa relación entre purismo y barbarie que Paul Valéry observaba en sí mismo: “Nada conduce de manera más expeditiva a la barbarie perfecta que una adhesión exclusiva al espíritu puro. Yo he conocido íntimamente este fanatismo”. (…) Podría argumentarse que este predicamento no es nuevo ni inusual, la energía creativa siempre tuvo el efecto de transformar o agudizar los hábitos de percepción. Pero en el pasado, cuando los artistas todavía estaban en auténtico contacto con el mundo de la acción, sus innovaciones -por muy estimulantes o provocativas que fueran- se producían de una manera casi incidental de las funciones vitales de la que el arte era subsidiario: hoy la inventiva artística es un fin en sí misma. El arte sea vuelto experimental”.

 


Escribió Richard Brautigan:

Esta mañana me preguntaba
cuando vería mi primer pájaro
en Japón

Aposté mi dinero mental
a que sería un gorrión cuando escuché
un gallo
cacareando
desde un patio en el distrito de Shibuya
en Tokio

y así terminó la cuestión

 

14 de mayo de 1974

 

Nota: Dedico estas líneas al alma mater del Brautigan Fest, Nicolás Domínguez Bedini, cuya segunda edición tendrá lugar en junio de 2017. Nicolás también es autor de Médanos de Oro. La dedicación se extiende a quienes llevan adelante las ediciones de Zindo & Garufi, por su tracalada de títulos indispensables.