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Bicéfalos y ubicuos, siempre hurones

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Hurón permeable

No hace falta más que un click acá. Eso es todo.

Huronopodosis

 

El Hurón nunca sueña de más ni de menos. Rastros acá.

Detournalia, un libro

 

(…) El libro (de tres tapas “a elección”, que son a la vez obras, o mejor dicho parte de “Ediciones Fairy Fellers”, esa suerte de proyecto editorial para el que Kacero diseña tapas de libros y autores que también inventa) sigue el derrotero (y tiene el mismo nombre) de la muestra “Detournalia”, llevada a cabo en ese mismo museo en el invierno de 2014 y curada por Rafael Cippolini, pero de alguna forma la desborda, la da vuelta, la pone en acto. Dentro de la trayectoria de un artista-escritor que todo el tiempo está llevando a cierto límite (el del absurdo) los más pequeños intersticios (esos que sólo algunos, Macedonio, Magritte, Borges, con diversión advierten) el libro permite otro abordaje de las mismas obras, y funciona entonces como una especie de contrapartida de la muestra.

 

 

Quien piense al libro como una estructura previsible tendrá rápidamente su desengaño cuando encuentre en la primera página, y en la segunda, y en la tercera y también en las diez próximas, una serie de índices que no son índices de nada sino obra en sí misma. Kacero enumera, hace listas, pone de relieve las pequeñas burocracias de los paratextos, con las que cotidianamente lidiamos: indexa libros que no existen, con ¿relatos?, ¿ensayos? de nombres sugestivos, que queremos correr a leer: “Entrópico de capricornio”, “Temporada de pathos”, “Religión catódica”, “Mente en blanco de titanio”. Sus juegos de palabras oscilan entre la ingenuidad y la ironía, pero en la acumulación proyectan un sentido más profundo.

 

 

Los más disímiles proyectos (“Kacero –definía Cippolini– actúa como una familia de artistas que se evitan bastante entre sí y sin embargo entre ellos es indisimulable el extraño parentesco”) se suceden en “Detournalia”, la mayoría acompañados por un texto breve que funciona como introducción (y que se encuentra al final). De Beatriz Vignoli a César Aira, de Lux Lindner a Lucía Puenzo, de Inés Katzenstein a Carlos Gamerro, la polifonía textual del libro se corresponde a esa misma libertad con que Kacero salta de soporte en soporte: de la pintura a las palabras, de los objetos al video, de los viajes a la filosofía de Kant y Hegel, de las dedicatorias arrancadas de libros viejos al simulacro de la propia muerte.

La nota completa, de Julia Villaró, publicada por la revista Ñ, haciendo click acá.

Fotos del montaje de Detournalia, de Josefina Tomassi.