Archive for the 'muchas publicaciones + muchas lecturas + muchas relecturas' Category

Martires galácticos

Desde acá

Temperaturas extremas

Comienza acá.

Imaginarios salvajes Prêt-à-porter

Comprar en un kiosco revistas de historietas

Si hay algo que todavía pertenece a nuestra época, aunque todo evidencia que no sólo está en vías de extincion sino que dentro de muy poco será sólo un recuerdo más, es la imperiosa costumbre de comprar en un kiosco revistas de historietas. Que quede claro que no hablo de novelas gráficas en una comiquería: nada más lejos. Me refiero a poder continuar la lectura de una historia o una saga mes a mes -o con la periodicidad que sea-. Ya no existen revistas de rock, puramente de rock, que no sean franquicias de revistas extranjeras o pertenezcan a un ghetto demasiado cerrado. Esta desaparición, para los que crecimos con ellas, fue inevitable y por supuesto triste, porque sabíamos que serían insuplantables. Por suerte, las historietas de autor aún sobreviven y todavía se consiguen en el kiosco de la esquina. Revistas en papel, rusticas, con olor a tinta, hermosas al tacto. Cuando ya no estén disponibles, una parte fundamental de una sensibilidad que formó y expandió los mejores imaginarios de varias generaciones, se empobrecerá todavía mucho más. Los museos me resultan extraordinarios, los adoro, pero también pueden manifestar algo aterrador: ser el triste reserbóreo de infinitas cosas que no supimos aprovechar lo suficiente.

Coleccionables de hoy. ¿Qué objetos reflejan mejor nuestro tiempo? Por Fernando García

En Ideas, de La Nación. Hacer click acá

Waterloo, los Estudios Disney y Saimpata

 

Todo empezó en Arkam Comics (toda una institución, en el Gótico, en Barcelona). Primero, conseguía por fin El botones de verde caqui, de Schwartzman y Yann (Spirou, siempre Spirou), a la vez que me enteraba de la existencia de otro álbum gráfico donde se revisitaba la legendaria gesta de los Tres Mosqueteros Belgas (Franquin, Jijé y Morris) en el Nuevo Continente. Son demasiados años condensados en un solo instante: décadas. Demasiadas páginas (sumo a Yves Chaland, y por supuesto a Hergé). Sumo demasiados años de felicidad.

 

 

Páginas sobre tres héroes de la historieta tocando las puertas del mismísimo Walt Disney (1948), atravesando de punta a punta el país de la Estatua de la Libertad (de hecho, desembarcan en Nueva York y avanzan hacia Los Ángeles) y sus inmediatamente posteriores derroteros por México. Todo estaba por suceder. Absolutamente todo. El título de la pieza: Gringos locos (en castellano en el original). De repente resulta que tengo demasiadas edades juntas. Que viajo en el tiempo, que puedo habitar, sin moverme de mi estudio, épocas distantes. Mundos distantes. Envejezco, rejuvenezco. Me contagio: así como existe el “modo avión”, existe el “modo belga Spirou, el modo belga Lucky Luke, etc.). Faltan muchos años, pero reencarno en Zorglub.

 

 

(Justo arriba, los Tres Mosqueteros Belgas en una versión tempranísima).
Como si fuera poco (también con delay de mi parte) me hago de un ejemplar de (seguramente lo mejor) que escribió Bob Chow, ahora en el vientre de la bestia: Todos contra todos y cada uno contra sí mismo. Lo leí, ahora lo releo. Créanle a Jung: la sincronía existe.

 

 

Continuará.

Fantasía, autorepresión y memoria perversa

Finalmente la memoria habla otra lengua, y en esa Babel del inconsciente no se entiende con los registros de lo real -del Real- y menos con el baile de máscaras y deformaciones daimónicas de esos atajos peligrosos llamados fantasías. No las del deseo, sino las pervertidoras del deseo. Acaba de publicarse em un único e indispensable tomo la saga completa de Alack Sinner, que sus autores, José Muñoz y Carlos Sampayo, estuvieron promocionando en Buenos Aires por estos días. Pero sigue sin circular ese tremendo Juego de luces, inhallable al menos para los que no retuvieron aquellos números de la revista Fierro de la primera época.

 

 

José Muñoz me comentó alguna vez que no terminaba de estar satisfecho con el resultado de aquellas viñetas, de esa historia. Sin embargo, el flashback que articula esa fábula de amor frustrado es un Tratado de la Virtualidad Imperante en un mundo cada vez más esquizofrénico en sus repartos de ficción: una reescritura involuntaria en la que el mundo y sus fantasmas cansinos reescriben sus fronteras.

Masotta Trip de Force:Operación Faulduo

# Transforman el libro, ejecutándolo, como quien interpreta una partitura: los Faulduos (un Faulduo) hacen de la presentación de Masotta un pattern. Las alturas, los tempos y las intensidades coinciden con la materia gráfica: parten de un retrato informal y expresionista del autor, prosiguen el trayecto disipando citas, encuentros y menciones: las efigies de Aquaman y Superman, Periquita siempre en apuros, Mandrake y su exhibición de trucos, Hogar Dulce Hogar, Masotta como superhéroe: lo ilegible, transcurre. Como en Coltrane, una frase es un intercambio, la reprogramación de un alarido, un sonido en varias manchas.

# Acatan: el interés de Masotta no era la historieta, sino lo que se podía hacer con ella. Los dibujos y los textos sólo en sus efectos. Un Faulduo reinterpreta enrocando los signos por notas, más BOP que POP. No gana la semiología, tampoco la industria, si se exhibe una plusvalía, es la del gesto. ¿La historieta es anterior al Pop, es el paradigma del Pop, es la continuación del Pop, una amante temporal del Pop? La historieta estaba antes y después de estas tres letras, antes y después de que Greimas se apropiara del Rey Petiso, mucho antes de que varias generaciones pensaran en comics y dijeran manga. Un Faulduo tacha, reescribe, vuelve a manchar, convoca un staff diferente, no hay nada más político y vanguardista que una historieta. Sebreli y Correas vuelven desde un pasado remoto, fuera de control, como espectros. El mundo es el mismo incluso en sus simulacros.

# La partitura faulduica es historieta porque es enciclopedia: como otra Divina Comedia, no hay página que no esté poblada, que no sea el reflejo de más de un siglo. La historieta nació como industria pero más que nunca es un género para entendidos. Remix de Oscar Steinberg y el Viejo Breccia, Chester Gould, Oesterheld, Lino Palacios, Charlie Brown, el fantasma de los caligramas de Apollinaire, el Gato Félix y el solitario pato de Dante Quinterno en un fabuloso boulevard de Los Ángeles. Si Disney se adueñó de Pixar, Marvel y Star Wars, pronto querrá comprar Un Faulduo y reofrecer las franquicias de Masotta. La comiquería hace rato que es el Nuevo Aleph, en el cual Borges sigue oficiando de inspector de gallinas.

# El dandi Masotta es Isidoro Cañones con libros en francés bajo el brazo, pero el siempre el mismo whisky. Lo confunden con Belmondo, está tan fuerte, tan lindo como Patoruzú. Sabe lucir corbatas –siempre flojas- y libros de Merleau-Ponty y Lacan, sabe cómo seducir a Nico de Velvet Underground y hacer del Happening una cuestión nacional: somos un país de happenistas e historietistas. Un Faulduo certifica que la literatura es literatura dibujada, que la Comedia Humana no nació con Balzac, que Yellow Kid, que su amarillo no ilumina, pinta: cumplía su jornal con los Hermanos Lumière. El Arte Pop, ante todo, es Editorial Columba. Don Ramón es Industria Argentina. Editorial Novaro alimentó a la Chilindrina que de más niña quiso ser Marvila por lo cual soñó a Steve Trevor con la cara de Cantinflas, quien, según dice la leyenda que todos creemos, visitó de incógnita la Bienal de Historieta en el Di Tella en 1968. Pop al cubo y Pop más acá. Volveré y seré catálogo republicado: allá Paidós, acá Tren en Movimiento.

# De la masa al ghetto, de los diarios a las cuevas: Masotta, como Gilgamesh, mucho antes que Herzog, descubrió que las historietas preceden en mucho a Little Nemo. Su origen, como el oficialismo, nace en Santa Cruz, en la Cueva de las Manos. UR-Faulduo: los muchachos de ahora dibujan brontosaurios. Borges reescribió una historieta en los primeros años treinta: Peloponeso y Jazmín, en el Suplemento Multicolor del Diario Crítica. Un Faulduo, cavernícolas de ley, lo reescriben todo, hasta al nieto de Botana: existencialistas del culto de Saint-Copi. El Siglo XXII será masottiano o no será.

# Milton Caniff como un solo de trompeta. Alack Sinner se regenera desde la Mancha Voraz. De Caligari a Perón: hasta Osvaldo Lamborghini fue guionista de historietas. Krazy Kat, la loca enamorada, su ladrillo jaculatoria y ese Tarzán tan chongo como los obreros de Carpani. No hay quien no haga de su historia una historieta. Llega la Edad de Oro de la historieta (1930-1940) y en el capítulo de Mundo Faulduo luce la distorsión: distorsiona Buck Rogers como en un solo de Sonic Youth, distorsiona ese Burroughs que hizo rico y célebre a Johnny Weissmüller, acopla la espinaca de Popeye, hace ruido Terry y también sus piratas. Es entonces cuando la semiología se convierte en psicodelia y al revés: bienvenidos al Planeta Mongo. Rebienvenidos al Planeta Sono, con Oswal y su poder músico mental. Miren ahí a Mister Natural, y también cerca a los Freak Brothers. ¿Será verdad que el joven Masotta se parecía a Calculín? Tanto como Rodolfo Walsh al Profesor Neurus.

El 13 de octubre de 2015 se llevó a cabo en la Universidad Torcuato Di Tella la presentación/performance del colectivo Un Faulduo de su libro La historieta en el (Faulduo)mundo moderno. Suerte de revisitación del clásico de Oscar Masotta publicado en 1970, la función estuvo escoltada por dos referentes que se turnaron leyendo dos textos escritos para la ocasión: Oscar Steimberg (compañero de Masotta, cuyas intervenciones siguen siendo claves para el campo de los estudios y la crítica del cómic) y Rafael Cippolini, escritor y curador de arte, lector y conocedor apasionado de la historieta.

Para más información, hacer click acá.

Max Cachimba y un hito irrefutable en las muestras de autoayuda

 

ROSARIO -. No existe aún la categoría de “muestras de arte de autoayuda”, pero cuando ese género improbable se haga realidad, la exposición de Max Cachimba (1969) en las instalaciones del Centro Cultural Parque de España se convertirá en un hito irrefutable. Nadie que esté triste o melancólico debe dejar pasar la oportunidad de visitar la exposición y dejarse afectar por la terapia visual del artista oriundo de Fisherton. Hay tiempo hasta el 30 de este mes. Al cuidado de Rafael Cippolini y con la colaboración de Pablo Silvestri, Breve antología polimorfa posee atributos patafísicos. Delirio, humor, poesía y sinsentido están presentes en las secuencias de imágenes, organizadas como si fueran historietas publicadas en las paredes de la institución.

“Es una deuda que Rosario tenía con Max”, dicen los funcionarios de la Secretaría de Cultura y Educación de Rosario y del centro cultural, que trabajaron en conjunto para montar la muestra. Es una retrospectiva que cubre un arco temporal de más treinta años: las obras reunidas van de 1986 a 2017. Desde su inauguración, el 16 de marzo pasado, ya fue visitada por cientos de locales y visitantes. “Vienen muchos jóvenes y chicos”, comenta la señorita apostada en la entrada del espacio cultural. No es raro escuchar allí, nítidas entre la música de los videos animados que Cachimba hizo para un canal de televisión de Rosario, risas de los asistentes que siguen con atención los diálogos, las narraciones y las formas insólitas de las historietas y las pinturas.

 

 

Autodidacta pero, como indica al pasar, hijo de dos profesores de arte, Cachimba inició su actividad creativa en la adolescencia. A los quince años, cuando era conocido como Juan Pablo González, ganó un premio de la revista Fierro para jóvenes historietistas. Cippolini le atribuye una santísima trinidad del humorismo gráfico local, compuesta por Oski, Landrú y Copi. “Ellos convirtieron el humor en una ciencia”, escribe. A esa influencia, el propio Cachimba le añade la de los semblantes de Juan Grela, las maquinaciones de Max Ernst y las fábulas misteriosas de Henri Matisse. En sus textos asoma la sombra disparatada de Edward Lear, creador de limericks. “A penas y pesares,/ vino blanco y calamares”, se recomienda en una de las viñetas de Versos selectos, el libro con imágenes y textos publicado por el sello rosarino Iván Rosado.

El carácter polimorfo se vuelve evidente al examinar los destinos de su trabajo: ilustraciones para relatos y poemas de César Aira, Roberta Iannamico, Pablo De Santis y Alejandro Jodorowsky; una versión satírica del Infierno dantesco, tiras cómicas para Perfil, LA NACION y Los Inrockuptibles; minúsculos libros de artista, obras premiadas e incluso bocetos que, confiesa, “costó arrancarle” y que ahora se exhiben en vitrinas.

 

 

Cuando advirtió que su trabajo se permeaba de humor, Juan Pablo González tuvo, según cuenta el artista mientras oficia de guía a orillas del Paraná, “el síndrome de los humoristas gráficos”. Así fue como decidió rebautizarse. “Max Cachimba” se impuso por el sonido y las evocaciones circenses del nombre. No tan curiosamente, el sonido es una cualidad de la obra de Cachimba. Si bien es cierto que las pinturas y los dibujos son mudos, los instrumentos musicales forman parte del repertorio visual. Un concierto de instrumentos con y sin intérpretes protagoniza varios trabajos. “Larga vida a Max Cachimba”, concluye Cippolini en el minicatálogo gratuito. No está solo en su antojo.

Por Daniel Gigena, en La Nación de hoy. Haciendo click acá.

Gran hallazgo: en la edición papel la reseña aparece en la sección de psicología.

Huronopodosis

 

El Hurón nunca sueña de más ni de menos. Rastros acá.

Detournalia, un libro

 

(…) El libro (de tres tapas “a elección”, que son a la vez obras, o mejor dicho parte de “Ediciones Fairy Fellers”, esa suerte de proyecto editorial para el que Kacero diseña tapas de libros y autores que también inventa) sigue el derrotero (y tiene el mismo nombre) de la muestra “Detournalia”, llevada a cabo en ese mismo museo en el invierno de 2014 y curada por Rafael Cippolini, pero de alguna forma la desborda, la da vuelta, la pone en acto. Dentro de la trayectoria de un artista-escritor que todo el tiempo está llevando a cierto límite (el del absurdo) los más pequeños intersticios (esos que sólo algunos, Macedonio, Magritte, Borges, con diversión advierten) el libro permite otro abordaje de las mismas obras, y funciona entonces como una especie de contrapartida de la muestra.

 

 

Quien piense al libro como una estructura previsible tendrá rápidamente su desengaño cuando encuentre en la primera página, y en la segunda, y en la tercera y también en las diez próximas, una serie de índices que no son índices de nada sino obra en sí misma. Kacero enumera, hace listas, pone de relieve las pequeñas burocracias de los paratextos, con las que cotidianamente lidiamos: indexa libros que no existen, con ¿relatos?, ¿ensayos? de nombres sugestivos, que queremos correr a leer: “Entrópico de capricornio”, “Temporada de pathos”, “Religión catódica”, “Mente en blanco de titanio”. Sus juegos de palabras oscilan entre la ingenuidad y la ironía, pero en la acumulación proyectan un sentido más profundo.

 

 

Los más disímiles proyectos (“Kacero –definía Cippolini– actúa como una familia de artistas que se evitan bastante entre sí y sin embargo entre ellos es indisimulable el extraño parentesco”) se suceden en “Detournalia”, la mayoría acompañados por un texto breve que funciona como introducción (y que se encuentra al final). De Beatriz Vignoli a César Aira, de Lux Lindner a Lucía Puenzo, de Inés Katzenstein a Carlos Gamerro, la polifonía textual del libro se corresponde a esa misma libertad con que Kacero salta de soporte en soporte: de la pintura a las palabras, de los objetos al video, de los viajes a la filosofía de Kant y Hegel, de las dedicatorias arrancadas de libros viejos al simulacro de la propia muerte.

La nota completa, de Julia Villaró, publicada por la revista Ñ, haciendo click acá.

Fotos del montaje de Detournalia, de Josefina Tomassi.

La inutilidad de la Ciencia

 

A fines del siglo XIX, mientras paseaba por París en su bicicleta impulsado tanto por el motor de su genialidad indómita como por una petaca de absenta ya casi vacía, el poeta francés Alfred Jarry inventó una ciencia paródica, una filosofía esotérica, un movimiento cultural disparatado. Un todo-en-uno: la ‘Patafísica (así, con apóstrofo por puro capricho de su creador), una pseudodisciplina de lo particular para estudiar las leyes que gobiernan las excepciones.

En su obra Las gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico (1911), publicada cuatro años después de morir de tuberculosis, este precursor de dadaístas y surrealistas delineó en una clara reacción bufonesca contra la doctrina del progreso en la época un método para explorar la inutilidad y así entender lo que una sociedad determina como valioso.

 

 

Como experimento provocador e invitación a la exploración de lo insólito y extraordinario, esta “ciencia de las soluciones imaginarias” contagió a personalidades inquietas como Joan Miró, Marcel Duchamp, Eugéne Ionesco. Y también caló hondo en la Argentina, que hoy cuenta con el Longevo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Ubuenos Aires, el instituto más antiguo en el mundo en estas cuestiones después del Collége de ‘Pataphysique francés.

Nada hay más patafísico que la actualidad“, dijo hace unos años el escritor, curador y activista patafísico Rafael Cippolini. Su sentencia sigue vigente. Porque quizás sin proponérselo, las consignas y consideraciones de la ‘Patafísica sobre aquello que ha de considerarse útil o su reverso -inútil– se desparramaron incluso entre ministros ansiosos por el rendimiento monetario y políticos veloces a la hora de sacar las tijeras cuando se trata de asignar fondos a las investigaciones científicas del país, así como también entre periodistas cazadores de clics y un sospechoso ejército de trolls que en una coordinada estrategia de desprestigio arrojaron todo su odio e ignorancia contra el Conicet, la columna vertebral de la ciencia argentina, atribuyéndose la autoridad moral de evaluar la pertinencia o no de investigaciones en ciencias sociales y humanidades y de proyectos locales de ciencia fundamental o básica.

 

 

En cuestión de meses, desde el inicio del conflicto por los recortes y reformas en el Conicet, se les han sumado a las ya artificiales y violentas dicotomías que históricamente han sido utilizadas para descalificar -ciencia occidental/ciencia periférica, física aria/física judía, ciencias duras/ciencias blandas- un nuevo y estéril juego de opuestos: ciencia útil/ciencia inútil.

La nota completa, de Federico Kukso para Ideas de La Nación, haciendo click acá.

Imágenes de Gorgo, Deccur y el Collége de ‘Pataphysique

 

 

Oulipo re-revisité

 

(…) Por esto, Oulipo. Ejercicios de literatura potencial que Caja Negra Editora editó recientemente, se impone como un tesoro para todos los que venían impacientándose hace décadas por hurgar en la avispada ingeniería de esta prolífica tradición jamás secreta, pero sí discreta.
Así, el primer gran acierto de este volumen, ideado y traducido por Ezequiel Alemián con la asistencia de Malena Rey, es su estructura en siete zonas o áreas, que logra que el libro mute de antología a manual, memoria histórica, compilación de instrumentos bien heterogéneos y declaración plural de intenciones. Manifiestos, definiciones, conclusiones, encuestas, análisis, actas de reuniones, estudios de métodos, bitácoras, fichas, biografías y hasta una “caja de herramientas” o instructivo para mejor uso de los materiales.

 

 

Múltiples ejemplos del accionar oulipiano, detallados hasta la exhaustividad, pueden consultarse en Oulipo. Ejercicios… Cada uno de los capítulos-zonas que estructuran el libro responde a los diferentes aspectos de la labor oulipiana, y en todos los casos el común denominador es la indagación y exploración de las contingencias de alguna clase de formalidad (como supo decir Luc Etienne, oulipiano de primer hora, “escritura y literatura no son más que avatares de la forma y sus matemáticas”). La mención viene al caso, ya que las reglas que vertebran la labor oulipiana poco tienen de jurídicas, pero muchísimo de le deben a la matemática como inspiración y musa rectora.

 

 

Por si hace falta decirlo, este libro recoge materiales escritos y producidos por oulipianos para oulipianos, es decir, elementos de uso interno que en la oportunidad se ofrecen al público, invitando al lector a entrometerse en una rara intimidad, a husmear en los avatares del tráfico personal y las discusiones internas del grupo, en las cuales no es difícil advertir la gravitación de diversas ciencias, así como de ciertas herencias vanguardistas propias de sus fundadores (las distintas fuentes y nutrientes que determinan el perfil de Oulipo). Por eso festejamos que los antólogos no provengan de la cofradía oulipiana, ya que este mirar desde afuera nos permite como lectores acceder a esta intimidad con una beneficiosa distancia donde no existen los clásicos sobreentendidos.

La nota completa, publicada en el n° 697 de la revista Ñ, haciendo click acá

O bien acá.

William Gerhardie: el intersticio narrativo perfecto

 

“A la tía Teresa le gustaba la música de Gounod. Le recordaba a Niza y a Biarritz, a Petersburgo y a París, a Lucerna y a Karlsbad, a Ginebra, a Venecia, a Cannes y a todos los lugares donde había oído aquellas melodías antes. Se las sabía de memoria. Acomodándose en el palco de felpa roja, miró a Berthe y, asintiendo con la cabeza, cruzó con ella miradas llenas de tristeza y reminiscencias íntimas, mientras Berthe, que no podía adivinar los sitios que tenía presentes la tía Teresa, asentía por su parte con el mismo aire de estar recordando experiencias refinadas y memorables, desaparecidas para siempre, que ya nunca volverían. Para ellas, en esta música no había ninguna clase de pasión perturbadora, ni tampoco intensidad. La tía Teresa solo tenía que sentarse cómoda en su butaca, y la orquesta y los cantantes se encargaban del resto: «Faites-luis mes aveux, portez mes voeux!»… A la tía Teresa le gustaba sentarse en los parques públicos, en la Terrasse de Monte Carlo o en la Promenade des Anglais de Niza, a ver pasar la gente con su lorgnon de montura dorada mientras escuchaba precisamente aquel tipo de música, pots-pourris de Verdi y Gounod. ¡Agotador! Exigía muy poco de uno. Era muy atento por parte de los músicos reconocer que no todo estaba en la música. Sin duda habían sido hombres amables. Le hubiera gustado invitar a Gounod a tomar el té si siguiera vivo: si de algo estaba segura es de que no se quedaría más de la cuenta.”

Fragmento de Los Políglotas, en traducción de Martín Schifino.

Cuando un párrafo no puede alterarse ni un poco. Ni aún menos.

Mi mundo digital

 

Escritor (su último libro de crónica-ficción es Amazonia & Co., y tiene en preparación un volumen de relatos) y curador autónomo de arte (su última exposición fue Centro-Formas e historia del Centro Cultural Recoleta e inaugurará en marzo una muestra antológica de Max Cachimba en Parque de España, Rosario). Asegura que Internet es una batalla perdida (“Capitalismo de servicios en estado puro: odio las redes sociales“), aunque también que sus antiguas adicciones digitales dieron y siguen dando frutos. “Un smartphone es un enemigo en el bolsillo, pero aun así no dejo de pensarlo como un oscuro ángel de la guarda“.

 

Sitios Web

http://los-proyectos.tumblr.com 

“Tumblr de la editorial digital de ficción breve argentina y latinoamericana. Ficciones que nos ayudan a entender.”

 

www.webasso-auteurs.net 

Webassociation des Auteurs: La comprobación de que incluso Twitter puede ser algo mejor que una exhibición de supuesto ingenio súbito.”

 

www.wired.com 

“Un clásico de clásicos: nos enseñaron que el futuro puede ser algo muy viejo.”

 

www.drawnandquarterly.com

“Draw &Quartely: un sitio que nos sigue reeducando sobre lo que puede considerarse ‘estilo’.

 

www.scritturacollettiva.org

“Quizá mi sitio favorito. La confirmación de que los humanos seguimos siendo las máquinas más inteligentes.”

 

https://lalulula.tv/

“Lalulula.tv: Diversión pura.”

 

 

Otros recursos

 

http://www.soovle.com /

“Uso muy poco Google. Adoro algunos metabuscadores como Soovle, iBoogie (http://iboogie.com) y Yippy (http://yippy.com). No hay día en que no aprenda algo sobre cómo desconfiar de la generación de información.”

 

https://soundation.com 

“Soundation Studio: componer música online es casi una forma de meditar.”

 

Hoy en La Nación – Ideas. Click acá.

 

Platón Beat Pesadilla #17

 

El año comienza desde resonancia varias (¡otra vez en marcha, bendita y paranoica digitalidad que nos devuelve los ecos!). La felicidad de un trío (maestrísimo Mario Arteca, acompañado de Benito del Pliego y Maurizio Medo) , en el prólogo de País Imaginario (click acá), donde reaparece aquella Pesadilla de Platón, que no conoce de siglos. Lo cierto es que cuando escribí aquello no conocía esta animación compartida por Suvi Ainola (click acá). Ignoro si Suvi es el autor. Ni idea.

 

 

Sigue el Beat (¡Beat Hit!) de la antología Opium+Sunda. Esta vez en la compilación de prólogos de Eterna Cadencia (click acá) más la reseña de Elvio Gandolfo en Ideas, de La Nación.

2017. Salud.