Archive for the 'artes + artes + artes' Category

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Imaginarios salvajes Prêt-à-porter

Comprar en un kiosco revistas de historietas

Si hay algo que todavía pertenece a nuestra época, aunque todo evidencia que no sólo está en vías de extincion sino que dentro de muy poco será sólo un recuerdo más, es la imperiosa costumbre de comprar en un kiosco revistas de historietas. Que quede claro que no hablo de novelas gráficas en una comiquería: nada más lejos. Me refiero a poder continuar la lectura de una historia o una saga mes a mes -o con la periodicidad que sea-. Ya no existen revistas de rock, puramente de rock, que no sean franquicias de revistas extranjeras o pertenezcan a un ghetto demasiado cerrado. Esta desaparición, para los que crecimos con ellas, fue inevitable y por supuesto triste, porque sabíamos que serían insuplantables. Por suerte, las historietas de autor aún sobreviven y todavía se consiguen en el kiosco de la esquina. Revistas en papel, rusticas, con olor a tinta, hermosas al tacto. Cuando ya no estén disponibles, una parte fundamental de una sensibilidad que formó y expandió los mejores imaginarios de varias generaciones, se empobrecerá todavía mucho más. Los museos me resultan extraordinarios, los adoro, pero también pueden manifestar algo aterrador: ser el triste reserbóreo de infinitas cosas que no supimos aprovechar lo suficiente.

Coleccionables de hoy. ¿Qué objetos reflejan mejor nuestro tiempo? Por Fernando García

En Ideas, de La Nación. Hacer click acá

Alter egos, cera, pimienta y enciclopedia personal

 

El protagonismo del Sgt. Pepper no se encuentra en el disco que hoy cumple medio siglo, sino después, en la epopeya del Yellow Submarine (gracias George Dunning), en la cual el susodicho Sargento incluso palidece frente al frenético Lord Admiral u Old Fred. Como no es menos cierto que los villanos suelen ser los más interesantes en estos casos, más teniendo en cuenta que los Blue Meanies, quienes ya acorralados deciden huir a… Argentina. Biografía: durante muchos años los Blue Meanies fueron más importantes para mí que el músico de cargo. Por supuesto, también estaban lass canciones: Only a Northen Song, esa pieza fabulosa, quedó afuera. Pero fue directo a sumergible.

 

 

Era el álbum, el vinilo, el que debía salir de gira, en vez de ese holograma en el que se habían reconvertido los cuatro de Liverpool después de la gira promocional de Revolver (es una verdadera lástima que no se haya titulado Aftergeography). Una banda virtual (¿cuántos años antes que Gorillaz?). El álbum “on the road”, como en fabuloso auto de Elvis. Sin embargo, ese disco era otra cosa: una enciclopedia, un collage (pueden consultarse los nombres, no es difícil). Una enciclopedia de caras. (Gracias Peter Blake), aunque el concepto del álbum haya surgido a la mitad de la grabación. Aunque nadie cite mucho, por estas fechas, la remake de los Bee Gees y Peter Frampton.

 

 

Natalicio: vine al mundo el día en que se terminó de mezclar el Sgt. Pepper y los miembros de la banda fantasma realizaron la famosa sesión de fotos (escenario enciclopedico incluido). La cubierta del disco como parque temático. El mismo día que Clapton cumplía 22 años (ya hacía tiempo que habían dejado de cumplirlos Van Gogh y Goya). Pero se editó casi dos meses después. Un 1° de junio.

 

 

Un primero de junio. Gran fecha. Para saber por qué, basta con hacer click acá.

 

 

Solemos olvidarnos de las efemérides como tablas de indicación, esa suerte de mapa del cielo que sirve para recordarnos que “estamos en este exacto punto”, en este momento del viaje, en el que otros estuvieron antes y vale la pena recordarlo. Así es, la efeméride es otra especie de bitácora, del mismo modo en que un aniversario reúne las marcas del tiempo transcurrido y del espacio transitado. Sin dudas nos definimos por las efemérides que recolectamos, las referencias que tomamos para situar un recuerdo. No hace falta definirnos como melómanos para reutilizar aquella vieja expresión: “están tocando nuestra canción”. Y lo cierto es que el plural amplía su círculo cuando se trata de The Beatles. “Objetos culturales de masas”, se decía con poco gusto hace más de cincuenta años: no debemos buscar en ningún otro sitio las presunciones de universalidad. Como afirma mi amigo Eloy Fernández Porta, los afectos son más que nunca una industria. La psicodelia, como concepto cultural, también.

 

 

Cada cuál tiene sus Beatles. Los míos son los de esta foto, de Linda McCartney. Podría extenderlos a los de toda la sesión (mi preferida de todas las que hicieron). Pero me quedo con esta imagen.
Y larga vida a los Blue Meanies.

 

Coda: En tiempos ya lejanos me preocupaba en atender a los ritmos de los posts. Hace rato que no. Son poco más de las nueve de la noche del jueves 1 de junio en Buenos Aires cuando subo estas líneas.

 

 

 

Waterloo, los Estudios Disney y Saimpata

 

Todo empezó en Arkam Comics (toda una institución, en el Gótico, en Barcelona). Primero, conseguía por fin El botones de verde caqui, de Schwartzman y Yann (Spirou, siempre Spirou), a la vez que me enteraba de la existencia de otro álbum gráfico donde se revisitaba la legendaria gesta de los Tres Mosqueteros Belgas (Franquin, Jijé y Morris) en el Nuevo Continente. Son demasiados años condensados en un solo instante: décadas. Demasiadas páginas (sumo a Yves Chaland, y por supuesto a Hergé). Sumo demasiados años de felicidad.

 

 

Páginas sobre tres héroes de la historieta tocando las puertas del mismísimo Walt Disney (1948), atravesando de punta a punta el país de la Estatua de la Libertad (de hecho, desembarcan en Nueva York y avanzan hacia Los Ángeles) y sus inmediatamente posteriores derroteros por México. Todo estaba por suceder. Absolutamente todo. El título de la pieza: Gringos locos (en castellano en el original). De repente resulta que tengo demasiadas edades juntas. Que viajo en el tiempo, que puedo habitar, sin moverme de mi estudio, épocas distantes. Mundos distantes. Envejezco, rejuvenezco. Me contagio: así como existe el “modo avión”, existe el “modo belga Spirou, el modo belga Lucky Luke, etc.). Faltan muchos años, pero reencarno en Zorglub.

 

 

(Justo arriba, los Tres Mosqueteros Belgas en una versión tempranísima).
Como si fuera poco (también con delay de mi parte) me hago de un ejemplar de (seguramente lo mejor) que escribió Bob Chow, ahora en el vientre de la bestia: Todos contra todos y cada uno contra sí mismo. Lo leí, ahora lo releo. Créanle a Jung: la sincronía existe.

 

 

Continuará.

Fantasía, autorepresión y memoria perversa

Finalmente la memoria habla otra lengua, y en esa Babel del inconsciente no se entiende con los registros de lo real -del Real- y menos con el baile de máscaras y deformaciones daimónicas de esos atajos peligrosos llamados fantasías. No las del deseo, sino las pervertidoras del deseo. Acaba de publicarse em un único e indispensable tomo la saga completa de Alack Sinner, que sus autores, José Muñoz y Carlos Sampayo, estuvieron promocionando en Buenos Aires por estos días. Pero sigue sin circular ese tremendo Juego de luces, inhallable al menos para los que no retuvieron aquellos números de la revista Fierro de la primera época.

 

 

José Muñoz me comentó alguna vez que no terminaba de estar satisfecho con el resultado de aquellas viñetas, de esa historia. Sin embargo, el flashback que articula esa fábula de amor frustrado es un Tratado de la Virtualidad Imperante en un mundo cada vez más esquizofrénico en sus repartos de ficción: una reescritura involuntaria en la que el mundo y sus fantasmas cansinos reescriben sus fronteras.

Masotta Trip de Force:Operación Faulduo

# Transforman el libro, ejecutándolo, como quien interpreta una partitura: los Faulduos (un Faulduo) hacen de la presentación de Masotta un pattern. Las alturas, los tempos y las intensidades coinciden con la materia gráfica: parten de un retrato informal y expresionista del autor, prosiguen el trayecto disipando citas, encuentros y menciones: las efigies de Aquaman y Superman, Periquita siempre en apuros, Mandrake y su exhibición de trucos, Hogar Dulce Hogar, Masotta como superhéroe: lo ilegible, transcurre. Como en Coltrane, una frase es un intercambio, la reprogramación de un alarido, un sonido en varias manchas.

# Acatan: el interés de Masotta no era la historieta, sino lo que se podía hacer con ella. Los dibujos y los textos sólo en sus efectos. Un Faulduo reinterpreta enrocando los signos por notas, más BOP que POP. No gana la semiología, tampoco la industria, si se exhibe una plusvalía, es la del gesto. ¿La historieta es anterior al Pop, es el paradigma del Pop, es la continuación del Pop, una amante temporal del Pop? La historieta estaba antes y después de estas tres letras, antes y después de que Greimas se apropiara del Rey Petiso, mucho antes de que varias generaciones pensaran en comics y dijeran manga. Un Faulduo tacha, reescribe, vuelve a manchar, convoca un staff diferente, no hay nada más político y vanguardista que una historieta. Sebreli y Correas vuelven desde un pasado remoto, fuera de control, como espectros. El mundo es el mismo incluso en sus simulacros.

# La partitura faulduica es historieta porque es enciclopedia: como otra Divina Comedia, no hay página que no esté poblada, que no sea el reflejo de más de un siglo. La historieta nació como industria pero más que nunca es un género para entendidos. Remix de Oscar Steinberg y el Viejo Breccia, Chester Gould, Oesterheld, Lino Palacios, Charlie Brown, el fantasma de los caligramas de Apollinaire, el Gato Félix y el solitario pato de Dante Quinterno en un fabuloso boulevard de Los Ángeles. Si Disney se adueñó de Pixar, Marvel y Star Wars, pronto querrá comprar Un Faulduo y reofrecer las franquicias de Masotta. La comiquería hace rato que es el Nuevo Aleph, en el cual Borges sigue oficiando de inspector de gallinas.

# El dandi Masotta es Isidoro Cañones con libros en francés bajo el brazo, pero el siempre el mismo whisky. Lo confunden con Belmondo, está tan fuerte, tan lindo como Patoruzú. Sabe lucir corbatas –siempre flojas- y libros de Merleau-Ponty y Lacan, sabe cómo seducir a Nico de Velvet Underground y hacer del Happening una cuestión nacional: somos un país de happenistas e historietistas. Un Faulduo certifica que la literatura es literatura dibujada, que la Comedia Humana no nació con Balzac, que Yellow Kid, que su amarillo no ilumina, pinta: cumplía su jornal con los Hermanos Lumière. El Arte Pop, ante todo, es Editorial Columba. Don Ramón es Industria Argentina. Editorial Novaro alimentó a la Chilindrina que de más niña quiso ser Marvila por lo cual soñó a Steve Trevor con la cara de Cantinflas, quien, según dice la leyenda que todos creemos, visitó de incógnita la Bienal de Historieta en el Di Tella en 1968. Pop al cubo y Pop más acá. Volveré y seré catálogo republicado: allá Paidós, acá Tren en Movimiento.

# De la masa al ghetto, de los diarios a las cuevas: Masotta, como Gilgamesh, mucho antes que Herzog, descubrió que las historietas preceden en mucho a Little Nemo. Su origen, como el oficialismo, nace en Santa Cruz, en la Cueva de las Manos. UR-Faulduo: los muchachos de ahora dibujan brontosaurios. Borges reescribió una historieta en los primeros años treinta: Peloponeso y Jazmín, en el Suplemento Multicolor del Diario Crítica. Un Faulduo, cavernícolas de ley, lo reescriben todo, hasta al nieto de Botana: existencialistas del culto de Saint-Copi. El Siglo XXII será masottiano o no será.

# Milton Caniff como un solo de trompeta. Alack Sinner se regenera desde la Mancha Voraz. De Caligari a Perón: hasta Osvaldo Lamborghini fue guionista de historietas. Krazy Kat, la loca enamorada, su ladrillo jaculatoria y ese Tarzán tan chongo como los obreros de Carpani. No hay quien no haga de su historia una historieta. Llega la Edad de Oro de la historieta (1930-1940) y en el capítulo de Mundo Faulduo luce la distorsión: distorsiona Buck Rogers como en un solo de Sonic Youth, distorsiona ese Burroughs que hizo rico y célebre a Johnny Weissmüller, acopla la espinaca de Popeye, hace ruido Terry y también sus piratas. Es entonces cuando la semiología se convierte en psicodelia y al revés: bienvenidos al Planeta Mongo. Rebienvenidos al Planeta Sono, con Oswal y su poder músico mental. Miren ahí a Mister Natural, y también cerca a los Freak Brothers. ¿Será verdad que el joven Masotta se parecía a Calculín? Tanto como Rodolfo Walsh al Profesor Neurus.

El 13 de octubre de 2015 se llevó a cabo en la Universidad Torcuato Di Tella la presentación/performance del colectivo Un Faulduo de su libro La historieta en el (Faulduo)mundo moderno. Suerte de revisitación del clásico de Oscar Masotta publicado en 1970, la función estuvo escoltada por dos referentes que se turnaron leyendo dos textos escritos para la ocasión: Oscar Steimberg (compañero de Masotta, cuyas intervenciones siguen siendo claves para el campo de los estudios y la crítica del cómic) y Rafael Cippolini, escritor y curador de arte, lector y conocedor apasionado de la historieta.

Para más información, hacer click acá.

Max Cachimba y un hito irrefutable en las muestras de autoayuda

 

ROSARIO -. No existe aún la categoría de “muestras de arte de autoayuda”, pero cuando ese género improbable se haga realidad, la exposición de Max Cachimba (1969) en las instalaciones del Centro Cultural Parque de España se convertirá en un hito irrefutable. Nadie que esté triste o melancólico debe dejar pasar la oportunidad de visitar la exposición y dejarse afectar por la terapia visual del artista oriundo de Fisherton. Hay tiempo hasta el 30 de este mes. Al cuidado de Rafael Cippolini y con la colaboración de Pablo Silvestri, Breve antología polimorfa posee atributos patafísicos. Delirio, humor, poesía y sinsentido están presentes en las secuencias de imágenes, organizadas como si fueran historietas publicadas en las paredes de la institución.

“Es una deuda que Rosario tenía con Max”, dicen los funcionarios de la Secretaría de Cultura y Educación de Rosario y del centro cultural, que trabajaron en conjunto para montar la muestra. Es una retrospectiva que cubre un arco temporal de más treinta años: las obras reunidas van de 1986 a 2017. Desde su inauguración, el 16 de marzo pasado, ya fue visitada por cientos de locales y visitantes. “Vienen muchos jóvenes y chicos”, comenta la señorita apostada en la entrada del espacio cultural. No es raro escuchar allí, nítidas entre la música de los videos animados que Cachimba hizo para un canal de televisión de Rosario, risas de los asistentes que siguen con atención los diálogos, las narraciones y las formas insólitas de las historietas y las pinturas.

 

 

Autodidacta pero, como indica al pasar, hijo de dos profesores de arte, Cachimba inició su actividad creativa en la adolescencia. A los quince años, cuando era conocido como Juan Pablo González, ganó un premio de la revista Fierro para jóvenes historietistas. Cippolini le atribuye una santísima trinidad del humorismo gráfico local, compuesta por Oski, Landrú y Copi. “Ellos convirtieron el humor en una ciencia”, escribe. A esa influencia, el propio Cachimba le añade la de los semblantes de Juan Grela, las maquinaciones de Max Ernst y las fábulas misteriosas de Henri Matisse. En sus textos asoma la sombra disparatada de Edward Lear, creador de limericks. “A penas y pesares,/ vino blanco y calamares”, se recomienda en una de las viñetas de Versos selectos, el libro con imágenes y textos publicado por el sello rosarino Iván Rosado.

El carácter polimorfo se vuelve evidente al examinar los destinos de su trabajo: ilustraciones para relatos y poemas de César Aira, Roberta Iannamico, Pablo De Santis y Alejandro Jodorowsky; una versión satírica del Infierno dantesco, tiras cómicas para Perfil, LA NACION y Los Inrockuptibles; minúsculos libros de artista, obras premiadas e incluso bocetos que, confiesa, “costó arrancarle” y que ahora se exhiben en vitrinas.

 

 

Cuando advirtió que su trabajo se permeaba de humor, Juan Pablo González tuvo, según cuenta el artista mientras oficia de guía a orillas del Paraná, “el síndrome de los humoristas gráficos”. Así fue como decidió rebautizarse. “Max Cachimba” se impuso por el sonido y las evocaciones circenses del nombre. No tan curiosamente, el sonido es una cualidad de la obra de Cachimba. Si bien es cierto que las pinturas y los dibujos son mudos, los instrumentos musicales forman parte del repertorio visual. Un concierto de instrumentos con y sin intérpretes protagoniza varios trabajos. “Larga vida a Max Cachimba”, concluye Cippolini en el minicatálogo gratuito. No está solo en su antojo.

Por Daniel Gigena, en La Nación de hoy. Haciendo click acá.

Gran hallazgo: en la edición papel la reseña aparece en la sección de psicología.

Polimorfìas & Humorismos

 

(…) De Max Cachimba, nacido en 1968, se exponen incluso dibujos fechados en 1972 y 1974, guardados por su madre artista, y que prefiguran su obra actual. También se hacen presentes (en pedestales y en rincones de las galerías del CCPE) los objetos encontrados que él retrata en sus pinturas y dibujos, como la gallina de cemento para jardín que dio origen al personaje de Olga Gina para el programa televisivo local de animaciones Cabeza de Ratón.
En una Argentina paralela, la revista Fierro no se fundió, Juan Pablo González sigue firmando con sus iniciales las historietas que desde mediados de los ’80 y hasta comienzos de los ’90 dibujó para su suplemento Oxido con guión de Pablo de Santis, y nada de esto existe. Pero por suerte sí, pese al costo y al riesgo de incursionar en muy diversas ramas del arte (animación, pintura al óleo, collage y hasta varieté) para un artista que desde los 15 tenía su futuro bocetado.

 

 

(…) Literalmente, “polimorfo” significa “de múltiple s formas”. “Lo que en esta exposición se verá son historietas, ilustraciones, pinturas, animaciones, poesía, objetos”, anuncia el curador. Munífico Institutor del Longevo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires y compilador de un Manual de Patafísica ilustrado por Max Cachimba, Cippolini era la persona indicada para reunir y ordenar estas piezas tan diversas en formato como cohesivas en su incoherencia calculada.
Esta muestra antológica es una oportunidad única de disfrutar sus historietas artísticas publicadas en medios extranjeros, como la revista Qué suerte; o extintos, como la Fierro o el diario Perfil (donde publicó su tira Humor idiota) o la franquicia de la revista Inrockuptibles. Todo eso, en contrapunto con su arte historietístico, como el de sus ilustraciones para libros de Roberta Iannamico o de César Aira o un álbum de la banda Una Cimarrona (cuyo arreglador y trompetista Eduardo Vignoli también compuso la pegadiza fanfarria de uno de los videos de la muestra, La Tourneé du Monde, con dibujos de Cachimba animados por Pablo Rodríguez Jáuregui). Hasta hubo en la inauguración un número vivo de La dimensión descocada, su proyecto performático con el actor Rodolfo Marusich, donde se invocó a un tal “Ernesto” que algún conocedor no dejó de asociar con la bizarra banda Ernesto y su conjunto, formada alrededor del 2000 por Cachimba, Marusich, David Nahón y una cambiante serie de músicos invitados.

 

 

Si bien el curador lo vincula a dibujantes como Landrú, las influencias de Max Cachimba conjugan los tópicos del humor gráfico (cierto humor gráfico, entre lo tierno y lo siniestro, como el de la saga The Far Side, de Gary Larson) con el alto arte medieval del poeta Dante Alighieri y del pintor Hieronymus Bosch. Ellos en su época difícilmente se hubieran encontrado, pero se dan cita en esta obra.
Lo infernal medieval es un tópico que Max Cachimba aborda sin solemnidad, mientras se apropia de la síntesis formal de ciertos modernismos periféricos, citando los retratos de Augusto Schiavoni (hay un homenaje a su Muchacho del porrón), un personaje de Lewis Carroll, o los bucólicos cipreses de Martínez Ramseyer. Hay un lado B del canon, y junto a ellos existe un tesoro de palabras y objetos caídos en desuso: los chistes de Jaimito, las jarras en forma de pingüino o términos como intríngulis o piscolabis, con cuyos efectos de comicidad Max Cachimba construye su propio “limbo acrónico”.
Antes que de absurdo, habría que calificar su disparatado y tragicómico humor como nonsense: ese género victoriano que crea un mundo autónomo, regido por la lógica de lo gratuito y el sinsentido.

El humor polimorfo de Max Cachimba, por Beatriz Vignoli para Rosario 12, haciendo click acà.