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La Constelación de Géminis

Tres partidas muy cercanas, bajo un mismo signo. ¿Cómo medir esa proximidad? ¿por la complicidad? ¿en la suma de momentos? No se conocieron entre sí –al menos, no me enteré-. Los frecuente mucho, en distintas épocas, y esto fue durante décadas. Aprendí de cada uno, colaboramos uno con otro, y hoy sus presencias se sienten distinto. Estoy intentando entender cómo.

 

 

Hablamos por teléfono, hará dos meses. Quizá un poco más, pero no mucho. Fue la última vez. Como sucede casi siempre, es una vez más, no tiene nada de especial. Hablamos del último video de Los Brujos, de los ensayos. Pocos amigos siempre tan iguales a sí mismos. Entre aquel Ricky Rúa que conocí a mediados de los años ochenta –una tarde que Gabo Mannelli lo trajo a casa- y el que vi dormido, en su última siesta, el mismo día que se fue, el jueves 16 de junio, no existe diferencia. Hasta en los momentos más complicados, nadie sostuvo el look y la actitud como Ricky.
Constante fuente de inspiración y energía.
Go! Alien Go!

 

 

Estuve en la casa de Gyula Kosice, en la que fue nuestra última conversación, hace más de un año. Quizá también un poco más. ¿Fines del verano? ¿principios de otoño? Hace mucho que no hablábamos. Otro fenómeno –en todos los sentidos de la palabra-. Me superó su Ciudad Espacial ya a mis catorce años: si eso era el arte ya moderno, o ya contemporáneo, eso me interesaba. Mucho. Conocerlo, a mis treinta y pocos, no me desilusionó –los héroes a veces lo hacen-. Por el contrario: adoré su temeridad desde el minuto cero. No resulta fácil, en todos los casos, entenderse con los amigos. Pero mi gratitud hacia el Barón Hidrocinético- como le decía en broma- hacia su humor, perspicacia y agudo delirio, no sólo sigue intacta. Como todo él, vive en el futuro. Aunque nos digan que se fue a su Civitas Kosiceana un 25 de mayo.

 

 

No supe más de Luis Thonis después de aquella tarde a principios de diciembre o a fines de noviembre, cuando nos encontramos en un bar cercano al Parque Rivadavia. Mi hija Nina, de entonces 7 años, que me acompañó entonces, apenas si nos dejó charlar. Hizo callar a Luis más de una vez, lo cual, ahora que lo pienso, es una hazaña doble: una tarea titánica para ambos. Un amigo me mandó lo que escribió Mariano Dupont cuando se enteró de su partida, el 19 de junio. Yo no lo podría haber dicho mejor. Thonis es, fue y será el último baluarte de la bendita intransigencia.
Siempre hay que continuar las líneas de transmisión” solía decirme.
Vos sos las líneas de transmisión, Luis.
Y hay Thonis para rato.

 

En Zhuangzi

Nunca se fue, pero volvió por Philippe Sollers. Es más: por una relectura de Sollers. “¿A quién pertenecen los años 2000, 3000, 7000, 9000? A Chuang-Tsé, a Bach. ¿Les gustan los cambios interesantes, la novedad? Sus modelos son Chuang-Tsé y Bach. ¿Quieren lo contrario, mantener las tradiciones más antiguas, las que repiten lo mismo desde hace milenios como si no fueran a ninguna parte y hubieran nacido ayer mismo? También Chuang-Tsé, también Bach. Eviten las opiniones, las discusiones varias, salten al vacío, apúntense a la Variación”.

Tengo una memoria considerable para repetirme que Chuang-Tsé estuvo en todo momento, incluso antes de la Antología de la literatura fantástica de Bioy, Borges y Ocampo. Es más, la mariposa nunca estuvo entre mis favoritas. Sí el pez, ese pez que jamás se olvida y ataca como virus milenario que es a las mayores preferencias que ya no tienen vuelta atrás. ¿Quién quiero ser? Chuang-Tzu. ¿De quién soy fan absoluto? De Chuang-Tzu. ¿Quién es el autor que en toda ocasión está a mano? Chuang-Tzu.

Ni siquiera Tao. Ni siquiera el Zen. Sólo Zhuangzi.
“La Penumbra le dijo a la Sombra: “A ratos te mueves, otros te quedas quieta. Una vez te acuestas, otra te levantas. ¿Por qué crees que eres tan cambiante?”.
“Dependo”, dijo la Sombra, “de algo que me lleva de aquí para allá. Y ese algo a su vez depende de otro algo que lo olvida a moverse o a quedarse inmóvil. Como los anillos de la serpiente, o las alas del pájaro, que no se arrastran ni vuelan por voluntad propia, así yo. ¿Cómo quieres que responda a tu pregunta?”.

Vico en Piranesi, y también al revés

Suelo soñar con varios lugares en los que nunca estuve, nunca despierto. Espacios que recuerdo con extremada precisión. Escenarios que son los mismos, y que recorro de otra manera. Fui descubriendo de dónde venían –algunas de su fuente de vigilia-. Giovanni Battista Piranesi fue el que me dio alguno de los más preciosos detalles, partes mapa. Eso lo supe más y más durante un buen tiempo. Ahora también sé que mi caro Giambattista Vico también fue deslizando otras tantas claves.

En mi cronología, primero vino Piranesi, pero sólo como curiosidad –hace demasiado, en mi primaria-. Regresó bastante después, ya en libros leídos y observados con toda la minuciosidad del caso. Pero entre tanto llegó en filósofo de la Scienza Nuova, quien se instaló en mis intereses definitivos con total holgura. Aunque contemporáneos, aunque de algún modo vecinos (del Veneto a Roma uno, en Nápoles el otro), no encontré cruce entre ellos hasta que llegaron los sueños.

No hace tanto me desperté en la certeza del cruce. Encontré algunas pistas, estoy en la búsqueda de otras. ¿Rearmaré el mosaico? Como sea, en mi inconsciente está ese otro nexo que los aproxima.

Es parte del juego de las afinidades. Detrás de una historia pública, hay tantas otras historias igual o más interesantes que finalmente destilan.

Samsara

Fue simultáneo: leer y encontrarme con Raúl Rossetti. Fue la misma sensación de placidez –aunque tendría que buscar una palabra más adecuada, prometo que la encontraré- leerlo que conversar con él. Sucede: conocés de toda la vida a alguien a quien, hasta una semana antes, no conocías ni de nombre ni sabías nada de su vida. Hay muchos tipos de afabilidad, y la de Raúl era de las mejores. De algún modo todos vivimos como escribimos y viceversa, pero algunos más, y él era de estos últimos: era fácil determinar la continuidad entre sus libros y quien te hablaba. Me acuerdo perfectamente de nuestra primera charla: hablamos de su homónimo, Dante Gabriel. De las formas de vida y los modos de pensar. No sé qué determina que a ciertas personas las veas muy seguido durante un corto tiempo, después no vuelvas a encontrártelas durante muchos años. Y de vuelta el ciclo.

Me enteré hace apenas unos días –la web es una novedad eterna, así como un pasado perpetuo- que Raúl murió en 2010. Hablamos bastante de su enfermedad en una época en que esta se hizo pública, no recuerdo hace cuánto. Volví a encontrármelo –porque siempre fue así, siempre nos unió el azar, una, dos o tres ciudades- varias veces más. Y siempre fue conocernos desde siempre.
También ahora. El ciclo siempre recomienza, querido Raúl.

Tan museo de sí

La expresión la ajustó Gabriel Bernal Granados, poeta y traductor exquisito con quien tuve correspondencia en mis tiempos de co-editor de tsé=tsé. Gabriel fue traductor y editor de ese genio –sí, no me asusta en absoluto el apelativo- que se llamó Guy Davenport. Venero a Davenport. Sigo plagiándolo, sin ningún empacho. Sigo fijándolo como meta. Es una de mis aspiraciones: llegar a escribir ensayos tan buenos como los suyos. Volví a comprar, en la última Feria del Libro de Buenos Aires –y esto porque había cometido el crimen de perder mi ejemplar anterior, editado nada menos que por Aldus- El museo de sí. A tantos años de mi primera lectura, los efectos se concentran y potencian.

¿Qué más decir?
Quiero conocer a Guy Davenport en otra vida. No tengo idea en cuál, pero quiero conocerlo.

Turismo atómico

En 2012 publiqué Sabios y Atómicos, como parte de volumen Historias del Fin del Mundo, de Interzona –resultado de la Residencia creativa en el Llao-Llao, ese mismo año-. Fue la primera versión de la construcción de la hipótesis de relación del polémico físico Ronald Richter con el no menos controvertido novelista Arno Schmidt. O de cómo Perón pudo haber sido materia distópica de Ulm, aunque por cierto no lo fue (aunque por poco).

Acompañado por Ignacio Nicolao, este mes recorrí de otra manera las impactantes –sí, impactantes- ruinas de la Isla Huemul. Llegamos en kayak a las costas atómicas y nos internamos en los laboratorios abandonados. Tomé nota, nuevamente. La hipótesis crece, junto con los hechos. 

Las novedades están en transcurso.