Addio, Charlie Espartaco

Para muchos de los de mi generación –los nacidos en la segunda mitad de los ’60- Carlos Espartaco (aka Charlie) fue un taciturno personaje de la órbita de Federico Klemm (especialmente del Banquete Telemático). El histriónico blondo avanzaba sobre la pantalla en pleno éxtasis de su show mientras Charlie, parsimonioso, acotaba a veces con un dato curioso, con una aclaración, con su sola y desconcertante presencia. Para mí, aunque nunca nos frecuentamos tanto como me hubiera gustado, fue uno de los últimos críticos de una especie casi extinta, sino del todo. Me gustaba su charla tanto como sus libros, jamás obvios en una época en la que obviedad, prudencia y falsa sabiduría parecen ser –una vez más- la norma. Espartaco era ante todo un escritor arduo y un finísimo lector, polémico y nunca altisonante, conocedor como pocos del Gruppo 63 (cada vez que nos cruzábamos solíamos comenzar nuestra conversación bajo el mismo tópico) y también uno de los secretos mejor guardados de aquella Manzana Loca que brilló en El Bajo porteño hace más de cuarenta años.
Estés donde estés, querido Charlie, mis reverencias.

La imagen es un detalle de una obra de Marcello Mortarotti.

Se siente como un canguro alienígena impactando contra tus agradecidos tímpanos


El cerebro de Collodi según los Wachowski Brothers. Me mata el nexo: una grabación en vivo de 1998 reformulada al 2014 (Un hit 1998-2014 que se cita a sí desde su letra: “siento ese beat / que me sigue adónde voy / y cuando todos mis amigos se conectan a mí”). ¡Y que esa sea la causa del regreso! (hagan click acá y acá). Hace más de veinte años –se cumplirán 22 dentro de poco- Paoletti publicó una sentencia terminante: “en el sur no existen historias sino coincidencias”. El músico ahora rebautizado Etna Rocker fue uno de los pocos que dijo entenderlo.
Hoy diríamos, a riesgo de ser tildados de jungianos: “no existen sólo historias, sino más bien sincronías”.

Un Déjà Vu, pero exactamente al revés.
Brindo por BIT HIT. Y sus artífices.

Un no sé qué de dadaísmo inmemorial

“Cuando me puse a estudiar el italiano y tuve una primera noción de su fonética y de su prosodia, de golpe comprendí que el centro de gravedad de la articulación se desplazaba hacia los labios, hacia la entrada de la boca. La punta de la lengua se encontraba de pronto en el sitio de honor. El sonido se precipitaba sobre la barrera de los dientes. Me impresionó también el infantilismo de la fonética italiana, su puerilidad sublime, su afinidad con el balbuceo de las criaturas, un no sé que de dadaísmo inmemorial.”

Osip Mandelstam, Conversaciones sobre Dante

Retorno beatcore

Spoto (haciendo click acá). Una ecuación que todo lo dice: desde su mismo comienzo como banda, fueron el más allá de todas las estéticas cultivadas en sus experiencias musicales anteriores. Doblaban, triplicaban las apuestas: ese fue su sello. En realidad, eran algo así como el proyecto “fuera por definición”, lo suficientemente diferente a sus demás grupos de pertenencia. Muy diversos a Los Macarras, a Sierva Sultana, a Los Pastrellos. A fuerza de extremar sus estéticas en un más allá de los usos y costumbres de los ’80 (nos estamos refiriendo a 1987), saltaron de década, incluso a pesar de ellos mismos. Sintetizando: eran una deformación de todas sus experiencias anteriores. Hasta su nombre era una deformación, pero de una referencia ajena.
Y ahora están de regreso.
¡Y con el Niño Demonio!