Alfredo Prior y la gesta de Bernardito

 

El de la imagen se llama Bernardito. Y, como reza el epígrafe de la foto que hoy publicó La Nación, es un regalo que le hice hace muchos años.
La imagen encabeza, junto con el retrato del artista que aparece más abajo, una imperdible charla con Fernando García, que puede leerse haciendo click acá.

Las fotos son de Hernán Zenteno.

 

 

“(…) Prior leva con él una libreta con frases ya listas, ready made, para la entrevista, que irá soltando como un mago a sus palomas. “A veces cuento con la amabilidad del espectador para completar mis pinturas”, por ejemplo. Pero lo más fascinante acaso sea la lista de seudónimos y heterónimos que enumera para sus posibles (re)encarnaciones estilísticas, basado en la costumbre chino-japonesa de los “nombres de pincel”. A saber: “El esclavo mudo”, “La cabra de Picasso”, “El cuñado de Flaubert”, “La sonrisa de una perla”. Dice Prior que las obras que se ven en la galería Vasari hasta el 2 de junio podría adjudicárselas a “La monja buceadora”. La muestra de obras oníricas de gran formato y una instalación de discos de vinilo pintados que siguen el diseño de Mondrian lleva el enigmático nombre de Lluvia de arroz sobre el gran río amarillo, tomado a su vez de una vieja obra suya perdida.”

Generación Artificial: extensivo

 

“Estoy buscando un algoritmo, una secuencia que tenga un efecto preciso en la realidad de la mente”. Lascano, Vj.

 

“Hay alguna forma de recuerdos, que son los recuerdos visuales, o los icónicos, las imágenes que uno tiene de las cosas, que se impregnan en el cerebro de la misma manera que cuando uno está viendo algo”. Mariano Sigman, neurocientífico.

 

 

“Cualquier institución, cualquier espacio de la vida social, puede ser leído a partir de cómo circula la mirada. Y una de las maneras de interpretar, por ejemplo, el poder, es como una forma de mirar”. Marcelo Urresti, sociólogo.

 

 

Nuevas funciones
Viernes 8 de abril
Viernes 29 de abril

Más info: click acá.

Otro ejercicio poliédrico

Una cuestión de soporte y de cruce, como en los Tape Poems de Eduardo Costa. Guardan, resguardan la fecha –son cintas de audio, bien de los ’60-, que vuelven a la oralidad pero conservan la escritura –la entonación, el ruido ambiente, la prosodia cotidiana. Para Amazonia & Co. busqué muchas escrituras en una: la ficción dentro del ensayo dentro de la crónica dentro de la confesión dentro de la iluminación más vulgar.
Conversación interna donde la forma muta, donde viejos textos se renuevan en otras reescrituras y la momentánea ocurrencia reaparece como textura y síncopa. Los malos modales ni siquiera se camuflan, se dispersan en las hipótesis, en el ritmo de los pasajes de escritura continua, en todo momento y sitio –la página, el teclado de la laptop, el libro borroneado-. Parafraseando a Bárbara Belloc: “un ejercicio poliédrico”.

Que parezca un libro, pero más acá de Mallarmé, incluso de Blanchot. Mucho más acá de la noble tradición libro, en el ridículo impulso de que sea la escritura el soporte y el resto algo que simplemente acontece. Otra escritura distinta a la que cunde en el “internet de servicios” y en lo recetarios editoriales. Un lugar de encuentro con la velocidad de la asociación anecdótica. Ahí aparecen la literatura, las artes visuales, la teoría, la psicodelia, la ‘Patafísica, la cultura rock, las distopías, las ciudades, los desvíos. Lo inmediato y algo de lo improbable: los conductos secretos entre Brasil y Argentina en el magma de mi inconsciente.
Un inconsciente llamado de momento Amazonia & Co.

Actualidad de Burma

Burma es el mejor salvoconducto de Leo Malet, ese autor que frecuento desde la adolescencia. No sé cómo llegó, pero sí por qué se quedó: ya me divertía lo suficiente para que las imágenes de Jacques Tardi –esa narración tan efectiva de Tardi- lo multiplicaran y ajustaran. Es el vicio: leer las novelas, leer las historietas, ir y venir, otra vez, de pipa en pipa, de París a París, y deleitarme con las superposiciones y potencias multiplicantes.

Las tramas naufragan, son pura excusa, son “la línea de bajo”, como dirían Coltrane o Henri Salvador. Es el tiempo irrecuperable, la sintonía perfecta, los detalles revoloteando como apestosas luciérnagas. No es un secreto, sino un distintivo. Es el mismo bar, el mismo café, cualquiera de los inviernos, pasados o futuros. Monsieur Nestor, dejando que la vida pase.

De esas lecturas que me quitan edad. O me agregan, escandalosamente.

Itinerarios del Hurón Bicéfalo

Sigue haciendo click acá.