Think Thank Nerdcore II


Decirlo de este modo es un despropósito, lo cual nos indica que vamos por el tan ansiado mal camino: O Un Show Más son los Beatles y Hora de Aventura los Rolling Stones o al revés. Pero me hace bien suponer que uno funciona perfectamente en relación al otro. Ya sea el dueto de Mordecai y Rigby (Regular Show) o Finn y Jake (Adventure Time). Lo que más valoro es la impronta fantasiosamente desbocada de la narración.


Creo que los niños –de la edad que fueran- que se eduquen con estas series entenderán a Copi de un modo distinto a las generaciones anteriores. A Copi y a sus herederos. Los relatos de Copi y los de estas animaciones proponen, cada una en su modo tan diferente, una aceleración fantasiosa donde todo puede pasar. Y generalmente pasa. O no. Tampoco importa si pasa o no, pero se trata de un trayecto de aceleración que puede tomar cualquier atajo. Esa es su diferencia con la aceleración de Tom & Jerry o Charles Chaplin: más allá de los subtextos y contenidos, en uno y otro el vértigo se propone en coordinadas cerradas, sin dispararse a otras lógicas, a nuevas metamorfosis.


En este sentido, Hora de Aventura y Un Show más parecen conectar con la mejor tradición de la animación estadounidense: los primeros capítulos de Tom y Jerry de la Van Beuren Studios (cuando aún no eran gato y ratón)…


… y la primera versión animada de El Gato Félix, de los años ’30 y fines de los ’20 simultáneamente (actualmente disponibles en Youtube). ¿Por qué el desborde fantasioso debería estar justificado por la inteligencia o la moraleja? ¿Por qué no seguir cultivándolo como un músculo independiente, autosuficiente?


La irrupción desencajada de la velocidad fantasiosa es, en toda su neurosis, sin necesidad de ningún otro condimento, una declaración de principios. Como suele decirse: un contundente gesto político.


Como supieron decir nuestros ancestros: Afflictis lentae celeres gaudentibus horae
(Lentas son las horas tristes, rápidas las felices).

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Tremendos nudo y desenlace


Guillermo Cabrera Infante insistía (sin practicar) en aquella fórmula que propone que literatura es todo lo que puede leerse como tal. ¿Esto quiere decir, más allá de los géneros? Pues nada más lejos que una narrativa de “textos”, si llamamos textos al intento de zafar de cualquier clasificación. Al revés: Una introducción, de Ezequiel Alemián, es a su modo una antología de convivencia de géneros encontrados. Una gran clasificación apenas encubierta.


Una definición muy dudosamente atribuida a Roger Caillois supo decir: “un sistema es finalmente una colección de singularidades puestas en funcionamiento”. Rescato, ante todo, esa sugerencia de señalar a todo sistema como una colección, un conjunto y disposición de elementos. Si de algo no se trata Una introducción, es de una mera compilación.

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Nota versión 1, Nota versión 2

Reportaje Mercedes Halfon, + Alemián 1, + Alemián 2

Maxine Tarnow y el Bleeding Edge


El regreso de Big Tommy con un maravilloso ensayo. ¿Qué otra cosa puede ser Bleeding Edge, traducido como Al límite? Volviendo sobre lo que escribí antes ¿por qué no leerlo como un minuciosísimo ensayo arropado de novela? Es la paradoja de lectura: Al límite es una gran novela que perfectamente puede leerse, y más que nunca, como un gran ensayo. Thomas Pynchon sigue afilando sus tesis en la más destilada narrativa.


Una hipótesis en la ficción no necesariamente busca confirmación por fuera de la ficción. Puede que simplemente esté señalando el estado ficcional de ciertos relatos que no son literatura. Puede que lo que haya que corroborar no pueda ajustarse a estos otros hechos, los novelados. Si discute, no es para vencer, no es para que nadie le adjudique ninguna razón. En este sentido, la novela goza de superioridad: los argumentos y las hipótesis pertenecen a otro plano. ¿Cuál? ¿Cuál es hoy ese plano? ¿Seguimos invocando la magia de la autonomía del arte?


Contraluz, Vicio Propio, Al límite. Pynchon se transforma de un libro a otro. Los materiales les proporcionan texturas diferentes. Cada una de estas novelas nos enseñan a escribir diferentes tipos de ensayos. De crónicas. De autobiografías.


Fue la noticia, no hace mucho. Paul Thomas Anderson dirigirá la primera versión cinematográfica de una novela del escritor nacido en Nueva York. La elegida es Inherent Vice. ¿Qué quedará de ella?


Quiero definir a Pynchon como un método de investigación. Veré si sirve para algo definirlo así.

Ensayo, luego ficcionalizo ¿o al revés?


En el libro Impresiones, sobre el que escribí más abajo, Ezequiel Alemián se pregunta, como al pasar: “¿Y si lo más interesante de la literatura actual está pasando por el ensayo?”. Considerándome ensayista, retomo el interrogante y vuelvo a interrogar(me) ¿pero qué se supone que es un ensayo hoy? ¿Cuáles son sus límites? ¿Cómo se redefine el ensayo con respecto a las formas narrativas ficcionales?
Me hago cargo, es un intríngulis que transito hace rato. Por cierto, di dos cursos para bucear en las zonas en cuestión (dos versiones bastante diferentes de El ensayo como ficción / La ficción como ensayo), en el desaparecido Centro Cultural Moca en el 2009 y en el Malba dos años después.
No dejo de escuchar a quienes dicen que una buena parte de la mejor narrativa actual proviene del ensayo. ¿De qué modo? ¿Qué estamos realmente haciendo con el Chip Montaigne?


Digamos: creo que el ensayo tiene su némesis, que es el paper. Y también su sitio de expansión, que es la narrativa. Narración, sí. De alguna manera, y para muchos, la Tierra Prometida del ensayo. Para mí lo es. Ahora bien ¿no estamos hablando, antes que nada, de costumbres de lectura? Estoy muy interesado en un libro de Hito Steyerl, Los condenados a la pantalla, editado por Caja Negra en su nueva colección, Futuros Próximos. El ensayo de la alemana de rasgos orientales presenta una escritura que podríamos llamar, aunque sea provisoriamente, performática. Cada una de sus hipótesis es un show certero, una puesta en escena. Es el tipo de propuesta que irritaría, desde la primera línea, a los festejantes del Affaire Sokal. Entonces nos volvemos a preguntar ¿qué es hoy un lector de ensayos?


Tenemos tradiciones insuperables en nuestra literatura ensayística. ¿Qué son los textos de Papeles de Recienvenido? ¿Cuánta distancia de imaginarios existe entre los ensayos y los cuentos de Borges? ¿Un libro como No toda es vigilia la de los ojos abiertos es un libro de literatura? ¿Y El Árbol de Saussure, de Héctor Libertella?


Las guerras del alcoba entre el ensayo y la narrativa están lejos de acabarse. Seguramente al revés: creo que recién están comenzando. El hijo o la hija de ambas ¿cuánto tendrá de ficción, cuánto de hipótesis? ¿Más ficción teórica? ¿Qué sería ficción teórica hoy?