Sethimonium y el regreso Fauldúico

La primera sensación, cuando termino de releer la novela gráfica George Sprott (1894-1975) de Seth (dibujante y escritor nacido con el nombre de Gregory Gallant, en Canadá, en 1962) es que este último se disolvió en los recuerdos del primero. Que Sprott lo devoró y que la cantidad de recursos narrativos que Seth despliega durante el libro no son otra cosa que la lenta digestión del primero. ¿Quién escribe la biografía de quién?

Siempre la diversión. ¿De cuántos modos se cuenta, se dibuja una vida? ¿En cuántos detalles fundantes se sostiene? ¿Cuántos perfiles, cuántos cambios? ¿Cuántas imágenes hacen falta para capturarla? Rediseñando a Sprott, Seth nos enseña cómo puede volver a definirse el arte de la biografía en esta obra, que ya cumplió 5 años, pero no tiene edad. Seth no tiene edad. No hay más que verlo. ¿En qué época vive? ¿Cómo podemos avanzar en una vida escrita y dibujada por alguien que no sabemos en qué época vive?

Leo, releo otra vez a Seth. Y sé que es una lectura más en una cadena de lecturas que no tienen fecha de caducidad.
Por un minuto tengo la sensación de no saber en qué época vivo.
¿Qué tan bueno puede ser eso?
Ni idea, pero me gusta.

Siguiendo con historietas, también releo la nueva entrega de Un Faulduo (desambiguación: grupo y edición caben en las mismas letras). No dudo que esta décima, es la mejor de todas sus ediciones. De portero instalan a Mao Tsé-Tung, que nos advierte antes de que entremos: “Nuestros camaradas no deber creer que algo que no entienden es absolutamente incomprensible también para las masas”.

Esta vez, el grupo comando de artistas de las viñetas compuesto por los tres Nicolases (Zukerfeld, Moguilevsky, Daniluk) y Ezequiel García (¿vienen de la literatura, de la música, de las artes visuales, del cine, de la historieta, de todo eso junto?) nos sumergen en un mundo en cuatro partes, en cuatro títulos: Los rostros, Los monstruos, Los paisajes y Los mitos.

“Hay una forma, ahí donde el rostro se opone. Evidentemente, entre Patricia o Martín hay dos, pero formarán un solo esquema, una sola señal de alarma, para el resto de los que participamos en este juego”.
Cada vez que termino de leer un número, me pregunto cómo harán la próxima vez para seguir sosteniendo ese límite.
Camaradas, no se impacienten.
Las masas también exhiben sus neuronas en alerta.
Uno de los futuros de la historieta cumple diez números.

Cerebro con espejo retrovisor

-Sthendal decía que el novelista es alguien que pasea un espejo por un camino. ¿O decía otra cosa?
- El camino puede ser tu cerebro.
-Hay una entrevista muy buena en que Perec cuenta cómo hacía para llegar a ese punto en que lograba no pensar en nada para que así, en ese momento, los recuerdos irrumpieran en su conciencia vírgenes de asociaciones. Podía pasarse tres horas concentrándose en el vacío para después salir de ahí y escribir, no sé, por ejemplo: “Me acuerdo de las vainillas Jorgito”

Es un fragmento del diálogo entre Pablo Katchadjian y Ezequiel Alemián, en el que resultó ser el último número en papel de la revista Otra Parte. ¿Quién habla? ¿Quién dice qué? Estoy convencido que es un diálogo consigo mismo proveniente de un ente equidistante de ambos, fruto del brutal choque de partículas de sus cerebros de paseo. Átomos resbaladizos.

Voy al libro. Leo.

Mientras trabaja ¿desarrolla algún tipo de teoría o pensamiento general?

Me encanta atravesar la ciudad a pie, observando el deterioro de las plazas, el abandono en el que caen algunos terrenos, los espacios públicos, el envejecimiento de los edificios. Puedo demorarme horas haciendo eso. Mientras, memorizo los lugares por los que paso, las visuales en las que me detengo especialmente. Cuando después recuerdo o intento identificar esa información con un barrio, con una calle, con una época e incluso con un estado climático, me doy cuenta de que se trata de espacios urbanos que no existen en la realidad.

Es un fragmento de ¿Qué quiere decir con eso?, que forma parte de Una introducción, el volumen que Ezequiel Alemián acaba de publicar por Mansalva.
¿Cuántos grados de separación existen entre una pregunta y su correspondiente respuesta? ¿Cómo nos llevamos con esos grados de separación?
Nuestra buena salud depende de esos grados de separación.

Estoy encantado con cada uno de sus capítulos. Sigo tratando de averiguar las líneas en las que se continúa una voz, relato tras relato, anécdota tras anécdota. Envidio su staff (Echenoz, Ornette Coleman, la selección argentina, Robbe-Grillet, Camille Corot, etc), pero sobre todo el rol que le dedica a cada cual.

Where is Jessica Hyde?

Una historieta que no es una historieta ¿o sí lo es? Una quizás historieta que guarda un secreto que involucra un sueño sobre el futuro de la humanidad. Así de grande, así de absurdo. ¿Qué tan absurdo? ¿Qué tan absurdas son las teorías conspirativas? ¿Qué tan ficcionales? ¿Qué tan desproporcionadas?
¿Cuánto tiempo más seguirán siendo atractivas las conspiraciones?
En este caso, el talón de Aquiles de la conspiración es su ADN. Y no estoy acometiendo ningún spoiler.

Utopía es una serie inglesa, que va por su segunda temporada (la primera fue el año pasado). Las fuerzas oscuras del Estado contra algunos pocos. La teoría conspirativa suele centrarse habitualmente en el mismo drama: el costo de una conspiración. Vuelvo a ensayar una definición: una utopía es una distopía bien maquillada. Todo depende de los poderes que le atribuyamos al maquillaje.

Complicidad y secreto: ¿Por cuánto tiempo pueden convivir estos dos términos sin intentar destruirse el uno al otro? Todo secreto exige sacrificios, y si el secreto enamora estos sacrificios difieren. El complot es siempre de una minoría, pero depende de dónde esté ubicada esta. En qué coordenadas.

Un tema aparte es la música, obra de compositor chileno-canadiense Cristóbal Tapia de Veer, alias Cristo. Y la dirección de fotografía, con esos colores plenos que se sostienen victoriosos en nuestras vapuleadas memorias.

Witckacy expandido

De los tres mosqueteros polacos de las entreguerras (Witkiewicz, Schulz y Gombrowicz) Witkiewicz –o Witckacy, como prefería que lo llamaran los demás- sigue siendo el más intenso, el más desproporcionado –lo cual no es poco decir-, el más alucinado. Es el más ruso, el más expansivo –más que Witoldo, sí-, el menos conocido entre nosotros. El más vanguardista, se lo mire por donde se lo mire. En Gombrowicz y Shultz las herencias del pasado son más reconocibles.

¿Por qué ese trío? ¿Por qué un trío? Sospecho que es un invento de Gombrowicz. Witckacy y Schulz no eran estrictamente de su generación. Witkiewicz podría haber sido su padre. Schulz, por edad, estaba más cerca de Witckacy. Nuestra cercanía de Gombrowicz sólo aporta confusión. No creo ser muy original si propongo alejar un poco estas lecturas. Generarles aire alrededor.

Para empezar ¿por qué no invertir la carga y leer las narraciones de Witckacy y de Shultz como una extensión de sus obras como artistas visuales? La escritura como un segundo acto. Esto siempre fue así, pero redescubriendo los dibujos y pinturas de Witkiewicz ingreso mejor en sus textos.
Una aventura que tenía relegada.