70 veces Libertella

Héctor Libertella: “Qué curioso. En los dorados 60 algunos amigos solían distinguirse aristocráticamente entre ellos por la sustancia que consumían. Unos eran el haschís, otros la mescalina, otros la heroína. Así como ocurre con la homeopatía, donde el nombre del medicamento identifica al paciente y el paciente se reconoce y se convierte en ese nombre (por ejemplo unos son pulsatila, otros son nitric acid, etcétera), se me ocurre ahora que en el amplio conjunto de las prácticas escritas o habladas unos son la comunicación y otros son la literatura, desde siempre, y que es inútil cambiar de remedios. O, en términos generales: que una cosa es la comunicación y otra diferenciada, la literatura. Un estimulante específico. (¿Tal vez estoy exagerando esta hipótesis?).”

Hace exactamente veinte años, visitaba de sorpresa a Libertella en su oficina de entonces, en una forma de festejo flash de su cumpleaños número 50. Obsesos, agasajamos su medio siglo, escribiendo toda la tarde a cuatro manos. Hoy Héctor cumple 70, y como los hubiéramos festejado del mismo modo, insisto en no cambiar de costumbre. Jamás.

Congratulaciones totales, adorado amigo.

Al imperio de las musas


Cada pintor se mide con sus colores, la materia de su desnuda biografía. Isobaras, isotermas, temperaturas del ánimo y el pensamiento. “El arte de la pintura consiste en aclarar y oscurecer los tonos sin decorarlos”, sentenció Pierre Bonnard. Alfredo Prior desconoce la síntesis y explora la medida mutable. Una enciclopedia de climas y de citas (cada clima una cita, y viceversa).
Recordemos la fórmula de Prior: “Yo soy el mago y usted es el conejo”. La pintura es teatrillo, es truco, es prestidigitación, es el intersticio entre la literatura, la mitología y el compendio universal de las imágenes. El regreso de los Argonautas, Dionisio en Naxos, Tentación de San Antonio (Flaubert inspirándose en una puesta de títeres). Como dijo Rembrandt: “sin una atmósfera, la pintura no es nada”. Sin una pintura ¿qué es la atmósfera?
(…)Una pintura, como una sinfonía, es un tiempo doble: el tiempo en que se pinta, el tiempo en que alguien la ve. Una antología personal es eso, distintas capturas de una autobiografía, retratos del ánimo, la Historia sólo bajo las leyes del capricho. Las musas son personajes conceptuales: como las sirenas, acechan y devoran, mastican y degluten. Prior parece saberlo, y las transforma, como Ovidio, en animales, pura fauna, puro imperio.

Alfredo Prior
Al imperio de las musas
Hasta el 30 de agosto
De martes a viernes de 13.30 a 20.30
Sábados, domingos y feriados de 11.30 a 20.30
Centro Cultural Recoleta, Junín 1930.

Pi-Pio: Pollito en fuga

Hace ya tiempo, en un reportaje, Manuel García Ferré confesó que Pi-Pío era sin dudas su personaje más brutal. Y esto para nada debido a las características de este pollito inquieto y justiciero, sino a la libertad que experimentó durante casi una década al dibujarlo y guionarlo. Un singularísimo desparpajo que vino a coincidir con sus años de aprendizaje, una época de constantes tanteos, hallazgos y errores y apuestas.

Desde su aparición, Pi-Pío, un pollito que se presenta como linyera y muy pronto se convierte en sheriff, fue el secreto a voces mejor guardado de la que luego se transformaría en la Factoría García Ferré: un manjar para iniciados.

Pi-Pío es un personaje que permaneció a la vez activo y encapsulado, protegido, apartado. García Ferré nunca lo olvidó, pero por motivos jamás aclarados lo resguardó en un limbo particularísimo, transformándolo en lo que es: una saga de culto, además de una obra maestra.


Leer Pi-Pío en su formato libro, tan cercano a lo que hoy se suele llamar novela gráfica, es una experiencia potente. Hijitus tuvo su propia revista, Larguirucho más de una, hubo publicaciones y recopilaciones de todo tipo con los muchos personajes de García Ferré. Mientras, Pi-Pío tuvo su continuidad fiel a su dieta tenaz de una página por ejemplar de la revista Anteojito. Durante décadas, la estrategia de tantísimos fans fue recortar las páginas en cuestión y coleccionarlas. El más obsesivo de ellos fue y es, sin lugar a dudas, el citado Pablo Sapia. No sólo compiló la mayor cantidad de páginas del pequeño Sheriff, tanto de Billiken como de Anteojito, sino que estudió maniáticamente la suma de claves eruditas de la dislocada epopeya, esto es: transformaciones de los personajes, cambios de apelativos y parentescos sorprendentes.

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Speakerboxxx/The Love Below (Outkast, 2003)

“Fue algo muy raro. Estaba recostado en la cama del aquel tradicional Hotel Savoy, en Rosario (circa fines de 2004, antes de su remodelación), con la tele fija en MTV, pero con el audio en mute. Me acuerdo perfectamente que me dio mucha curiosidad saber quién o quiénes eran los del video (sin los anteojos, no llegaba a leer los créditos). Se trataba de una estudiantina –o una parodia a una estudiantina-, protagonizada por actores-músicos negros, saga que me trajo a la cabeza, inmediatamente, Back to the Future (los uniformes, algo de estética fifty reprocesada en una dinámica ochentosa, mucho gel). El video terminó y comenzó otro con los mismos intérpretes, esta vez todos los papeles representados por uno de ellos, clonado en todos los integrantes de la banda. Quité el mute, necesitaba escuchar de qué se trataba, y fue un shock.”
(Sigue).

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